¿Es posible aún una reforma universitaria?

Por Manuel Burga | Historiador y Docente universitario

La reforma Universitaria de Córdoba, iniciada en 1918 en América Latina, que se presentó como un eco de las grandes revoluciones del siglo XX, la mexicana de 1911 y la bolchevique de 1917, trajo consigo importantes cambios en la universidad peruana. Entre ellos el cogobierno de estudiantes y docentes es, sin duda, el más importante, que permitió terminar con la presencia de inamovibles catedráticos civilistas en San Marcos, por ejemplo.

La moderna universidad liberal, en el escenario conservador de la República Aristocrática, se había convertido en una institución oligárquica, elitista y casi reservada a la clase alta limeña.

La San Marcos reformada contribuyó, con las generaciones del Novecientos (oligárquica) y de los años 50 (de clase media), al redescubrimiento de nuestro país. Así aparecen la arqueología científica y la historia moderna. Igualmente otras disciplinas científicas, humanísticas y artísticas.

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Muy pronto este modelo muestra sus límites cuando, por ejemplo, San Marcos es controlada por el APRA y cuando los radicalismos estudiantiles se vuelven hegemónicos en los 70, 80 y 90. Durante la segunda mitad del siglo XX, con la presencia de los sectores populares en la universidad, la lucha por el poder fue la prioridad y la calidad fue dejada de lado.

Paralelamente a este proceso, en los años 60, como alternativa a este desorden institucional, aparecen las universidades privadas de clase media, como la Cayetano Heredia, del Pacífico y de Lima. A partir de 1996, con el DL Nº 882, todo comienza a cambiar: aparecen las universidades negocio, de absorción de la demanda, las que comienzan a disputarse los estudiantes, captándolos desde los primeros años de secundaria.

Ambos procesos, pérdida de calidad y clientelismo en la universidad pública y mercantilización de la privada, son dos caras de una misma moneda: la enorme demanda por una educación superior universitaria que el Estado no pudo satisfacer.

La autonomía universitaria comienza a ser utilizada escandalosamente en beneficio de grupos mediocres en la pública, y de empresarios mercantilistas que se apropian de algunas universidades. Esta es la situación actual que incluso el ministro Jaime Saavedra, en una interesante entrevista en Caretas del 12 de junio, resume muy bien al fundamentar la creación de una superintendencia, coincidiendo ampliamente con la informada exposición de motivos que acompaña al texto de la nueva Ley Universitaria aprobada ayer en el Congreso.

Entonces, ¿es aún posible una reforma universitaria? Considero que sí. Hay que hacer dos cambios fundamentales: en las públicas crear un nuevo sistema de elección de autoridades, y la mercantilización se debe enfrentar derogando el DL Nº 882, sin poner en riesgo la seguridad jurídica de las buenas universidades privadas.

El Ejecutivo y el Legislativo tienen la oportunidad de ponerse al servicio y el bien común en nuestro país.


Publicado en el Diario El Peruano, el 27/06/2014.


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