¿Incurre El Comercio en un conflicto de intereses?

"Los únicos leones que quedan en Roma están en el circo", se lamenta Claudio mientras cuida y cobra la entrada a un burdel por órdenes de su sobrino Calígula, en un pasaje de la famosa novela de Robert Graves. De manera inevitable, esta imagen viene a mi cabeza una y otra vez mientras leo este vergonzoso e increíble editorial de El Comercio.

El diario que ayer enarbolaba las banderas de los intereses nacionales, que presumía de escudero de los que no tenían quien los defienda, el mismo diario que hizo suyas las causas a las que nadie quería plegarse por temor a enemistarse con los poderosos de turno, ese mismo diario hoy editorializa, en cómodo y feliz aconchabamiento con el poder político o económico al que sirve con artes de cortesana experta, en contra de una ley que busca poner orden en nuestra educación superior y acabar con el incesante afán de lucro que ha hecho que proliferen las universidades privadas como hongos después de la lluvia.

Su caballito de batalla es, como no podía ser de otro modo, la defensa de la inversión privada y el sacrosanto derecho de los ciudadanos a elegir qué estudiar y dónde hacerlo. Para El Comercio no está en discusión si el médico que tal vez mañana atienda a uno de nuestros hijos aprendió a realizar una cirugía de acuerdo a un manual que imprime y vende la propia universidad, o si aprendiste los rudimentos del proceso penal en el segundo piso de una pollería, menos aún que nuestros jóvenes obtengan sus títulos de Ingenieros civiles luego de aprobar satisfactoriamente sus cursos por Internet. No señor, eso es lo de menos.

>>> Seguir Leyendo... >>>

Contra lo que atenta la nueva Ley Universitaria es, según el Diario de La Rifa, contra el derecho que tiene los ciudadanos a elegir dónde estudiar. Así, la nueva ley es para el Decano y los políticos que lo secundan (esos mismos que ayer ingresaban a las universidades con tanques y camiones como ladrones en la noche a arrestar a cientos de estudiantes sin ninguna acusación formal o que mandaban fusilar a cientos de presos rendidos sin que se les mueva una ceja y que hoy se rasgan las vestiduras por el artero ataque que supuestamente ha recibido la educación pública superior), para estos políticos, les decía, y el diario cuya palabra ya no vale ni el papel en el que es impreso la nueva ley es poco menos que un engendro chavista, el hijo negado del velasquista negado que supuestamente es Humala. Y esa sería la única y auténtica razón por la que debe ser rechazada la ley. ¿Es que acaso existe otra razón?

Aunque disparatada, semejante conclusión no es nada censurable si tomamos en cuenta que todos tienen derecho a tener una opinión sobre cualquier asunto y defender su posición. Pero lo que sí resulta flagrantemente cínico es que El Comercio editorialice sobre este tema teniendo tantos intereses de por medio en el asunto y que quiera hacernos creer que lo que le preocupa es la autonomía universitaria y no los pingües negocios que van a dejar de hacer.

Y es que, como ya es un secreto a voces desde hace mucho, y confirmó hace un par de semanas el semanario Hildebrandt en sus Trece, el Grupo El Comercio viene preparando su incursión en el negocio de la educación privada. Una incursión que El Comercio olvida mencionar en su editorial con la misma facilidad con que olvidó la ética periodística. En este contexto, la nueva ley universitaria no solo es un escollo con el que no contaban, sino que es además uno con el que hay que acabar a tiempo y sin remordimientos, apuntando sus baterías hacia ella como lo hicieron en su momento contra la ‘tramitología’ que protege el medio ambiente y nuestros recursos y cuya acta de defunción suscribieron con el mismo entusiasmo con el que ahora piden la de la nueva ley.

Entonces, a la pregunta de si El Comercio incurre o no en un conflicto de intereses, si falta a la ética periodística editorializando sobre un tema en el cual tiene mucho que ganar o perder según como acabe la cosa, la respuesta es sí. Rotundamente sí. Porque los leones de ayer hoy son animales de circo domesticados que bailan la música que les toca el mercado y los defensores de la empresa privada.



0 comentarios:

Publicar un comentario