¿Y si mejor cambiamos nuestro periodismo?

Ayer en el trabajo, un compañero de labores estaba desesperado por conseguir el número telefónico de El Comercio para llamar y cancelar su suscripción. Yo le di un número que recordaba y cuando llamó su frustración fue mayor porque, lo sentimos, pero para anular suscripciones la atención es solo hasta las dos de la tarde. Así que de la frustración pasó al enojo y del enojo otra vez a la frustración. ¡Caray! Hay que ver que ganas las que tenía de cancelar su suscripción.

Mientras escribía estos apuntes no he podido dejar de pensar en este compañero de trabajo y en los comentarios, diatribas y reacciones, unas a favor y otras en contra (las más) que ha generado la columna que el periodista Pedro Canelo, del diario El Comercio, ha escrito y en la que tuvo la peregrina idea de señalar a nuestro himno nacional como la causa y razón de nuestra mediocridad futbolística. Por lo menos en el fútbol, se entiende, porque la gran interrogante que deja su texto es la de saber cuál es la razón de que el mismo himno que cantan nuestras voleibolistas no les impida obtener los resultados que los futbolistas ni por asomo logran ahí adonde van. (Intuyo que, según su razonamiento, Canelo debe estar convencido que Inés Melchor entona algún tipo de himno Huanca cada vez que sube al podio de ganadores las innumerables veces que lo ha hecho).

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Demás está decir que quien haya leído la columna de marras sabe sobradamente que el periodista en cuestión se equivoca en toda la extensión de su nota, yerra en los fundamentos que esgrime de principio a fin y no acierta ni por casualidad al enhebrar todo lo anterior para construir, siquiera, una idea que se sostenga por sí sola. Y aunque los mayores reclamos y protestas son de aquellos que se han sentido heridos en su amor patrio, lo cierto es que el mayor problema no es que Canelo no sepa absolutamente nada de Historia (por lo cual, le recomiendo esta artículo de Antonio Zapata para que se documente algo sobre lo que va a escribir antes de hacerlo y de pasada aprender algo del arte de escribir en serio y con respeto al público). Su problema, decía, no es el desprecio por la Historia y el conocimiento histórico que parecen ser ahora la marca distintiva del diario donde trabaja. El problema, en realidad, es el de su profesión, el de la grave crisis que aqueja al periodismo y que, como no puede ser de otro modo, las empresas periodísticas agravan publicando textos tan absurdos y superficiales como este y otorgando a periodistas nada dotados con el don del discernimiento el privilegio de una columna semanal para escribir la primera tontería que se les ocurre. Esto crea la falsa ilusión de un periodismo de opinión en el que lo primero que se echa en falta es eso, precisamente, una opinión. No un disparate supuestamente bien escrito.

Esta crisis de nuestro periodismo se ha extendido como el tumor maligno del mal gusto y la obviedad a propietarios, directivos y periodistas que han convertido el diario más representativo del país en la versión impresa de nuestra televisión más bizarra. Es decir, han dado espacio y promoción a lo que vende sin importar a lo que se recurra para lograrlo. En el caso del diario El Comercio, si mal no recuerdan todos, el finado Fritz Du Bois desapareció un suplemento de noticias y comentarios internacionales para dar paso a uno de modas y cuidados de belleza; reemplazó a columnistas con varios libros a cuestas por otros cuyos mayores pergaminos son su número de seguidores en Facebook. Y para coronar la faena, despidió a periodistas altamente calificados e incomodó a otros hasta lograr su renuncia para desaparecer, sin el menor rubor, toda una unidad de investigación. Y ahora publica esta columna de Pedro Canelo que, valgan verdades, debería avergonzar a cualquier editor que se precie de serlo por permitir su publicación. Y nada tiene que ver aquí el tema de la libertad de expresión. Me explico.

Cuando Canelo escribe: “Hay himnos que son apasionados cánticos de batalla para oír con los ojos cerrados. Eso me pasó con el “Deutschlandlied”, solo al escucharlo me sentí con las fuerzas y el corazón para liderar un ejército con un millón de guerreros. Me enamoré del himno alemán en Belo Horizonte, con esa feroz melodía cualquiera sale a la cancha convencido de meterle siete goles a Brasil en su casa”, lo que hace, simplemente, es escribir por escribir, poner una palabra detrás de otra para construir, en apariencia, una frase novedosa pero lo que termina escribiendo es una oda a la fatuidad. Y es que Canelo ignora que esa “feroz melodía” fue compuesta por Joseph Haydn en 1747, en pleno periodo clásico de la música, y como regalo de cumpleaños para un emperador. Así que eso de que con ella puede liderar “un millón de guerreros” es solo producto de su ignara imaginación.

Lo que a mí me sorprende es que no haya un editor que detecte tantas incongruencias como absurdos en un texto donde estos rebosan por todos lados. Eso de que “¿Los himnos también juegan en el fútbol? Siempre lo hacen. No es coincidencia que todas las potencias del fútbol tengan un himno tan caliente como conmovedor”. ¿Me pregunto si algún país, como Inglaterra o Alemania, por ejemplo, o el Perú, que más que a convertirse en potencia del fútbol apenas si aspira a clasificar a un mundial, se detuvieron a pensar en un determinado momento de su historia, al elegir su himno nacional, que debían hacerlo pensando en la probabilidad de que eventualmente este sería vital para convertirse en campeones mundiales de fútbol? No hay duda de que el exceso de fútbol produce estragos en las neuronas de algunos.

Pero lo que verdaderamente subleva (y no hay que ser un fanático del fútbol para hacerlo) es aquello de que el "Perú perdió la clasificación al Mundial Francia 98 desde el momento en que se cantaron los himnos ante Chile en Santiago”.

¡Qué tal raza! Ahora resulta que los magros resultados de nuestra selección de fútbol son culpa de nuestro himno patrio y no de dirigentes corruptos y ladrones, de jugadores sin un ápice de amor y respeto por la camiseta o por su propia profesión, y mucho menos porque el deporte en este país es lo que menos le importa a nuestros políticos. No señor, la culpa es del himno nacional, así de simple: "Es importante tener un cántico contundente y agresivo para salir a dar pelea. ¿Perú tiene ese himno? No”. Casi casi como Vallejo y su Paco Yunque son culpables, según otro ilustrado columnista de El Comercio, del espíritu pesimista y apático del peruano.

Es esta clase de simplismo e inocuidad para ver el verdadero problema de las cosas y poner al derecho lo que está al revés lo que permitió la década perniciosa del fujimorismo, el tipo de laxitud en el que se escudan los grandes corruptos para levantarse en vilo al país y la forma de razonamiento hueco y elemental que se le inculca a la gente para no ver lo que debieran ver y así seguir permitiendo que este país se hunda en la ignorancia y la dejadez del que no protesta porque el problema es otro y no los políticos y periodistas y artistas y todos aquellos que nos quieren convencer que los grandes problemas nacionales están y se discuten en las páginas y programas deportivos y de espectáculos de nuestros medios de comunicación.

En otras palabras, el tipo de periodismo tonto y bobalicón (pero, eso sí, de frases bonitas o supuestamente ocurrentes, como esta: “Así no agitas ni a los espartanos de la película ‘300’”. Pedro, a los espartanos no había que ‘agitarlos’, mucho menos motivarlos –que supongo yo es lo que quisiste decir- porque motivados estaban y la película que mencionas en realidad nada tiene que ver con la Historia), el tipo de periodismo, decía, que ahora aúpa y celebra el decano de la prensa nacional para beneplácito de aquellos, por ejemplo, que lo último que quieren son ciudadanos pensantes que reclamen por la desprotección del medio ambiente, cuestionen a ministros de Estado ejerciendo el cargo mientras son investigados por asesinato o, peor aún, critiquen la abierta defensa de intereses y pingües negocios particulares en los editoriales de esos mismos medios.

Ahora entiendo porque mi compañero de trabajo estaba tan desesperado por liquidar su suscripción de El Comercio. Afortunadamente yo lo hice hace ya mucho tiempo.


4 comentarios:

  1. Estimado Jorge. Suscribo la mayor parte de tu columna y me apena lo que ocurre con el periodismo. Sin embargo, me gustaría que en términos de prensa nacional, generalices a todos los medios y no solo te la tomes contra el Comercio. Algún tonto podría decir algo que yo sé no es cierto; que escribes contra ese diario por resentimiento. Me desagradaría que tus buenas columnas se echen a perder con tal falaz argumento que, lamentablemente, puede surgir de mentes retorcidas. Muchos saludos

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  2. Lástima el tonto comentario de Pedro Canelo, y coincido con que el editor que vé las notas de él, debe haber estado dormido o muy cansado para dejar pasar semejante despropósito. Lamentablemente, El Comercio y sus satélites, quiero decir los demás medios de la familia Miró Quesada, hace tiempi+o que han dejado de ser un modelo de amor la peruanidad y solo lo son de los negocios de la familia. Y ni qué decir de la buena redacción.

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  3. En todo caso te invito a leer a Canelo más seguido. Discrepo totalmente con esta columna, pero es un periodista que dentro del medio deportivo se equivoca poco. Cuando leí la columna me escandalicé, pero el resto de veces coincido gratamente con el. No crucifiquemos a la gente por un error.

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  4. Estoy de acuerdo con esta columna, es una pena que ahora los periodistas no investiguen, ni lean sobre historia ni otras ciencia. Asi como queremos que nuestra sociedad se culturice, si solo va pensar en escándalos y cosas tan eeroenas y superficiales, cuando la leí quería pensar que era una broma. Estimado Jorge, saludo tu columna me agradaría conversar contigo soy un joven próximo a estudiar la carrera de historia. Gracias, espero me,brindes tu correo.

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