Josep Barnadas (1941-2014)

Desde que me mudé, al casarme, de la casa de mis padres a mi departamento, tengo encajonados poco más de dos tercios de mi biblioteca en la primera. Por eso muchas veces dejo pasar escribir notas, obituarios o breves comentarios ante noticias como esta, imposibilitado de no poder consultar en esos instantes los libros que uno leyó en la juventud, los autores que se descubren en los años universitarios o, simplemente, traer a recuerdo esa dedicatoria que uno atesora como recordación de tiempos mejores. Es el caso de mi ejemplar de "Introducción a los estudios bolivianos contemporáneos, 1960-1984", que publicó el Bartolomé de las Casas del Cusco en 1987 y que hoy está perdido en una de las decenas de cajas en la casa de mis padres, acumulando ese polvo de sabios que hoy quisiera oler y tocar para rememorar lo que su lectura significó para mí en aquella época. Aunque no me dediqué a la historia colonial, el libro de Barnadas siempre me fascinó por el esmerado intento de construir una bibliografía nacional, especializada, culta, erudita, en más de 500 páginas y que en algún momento me hizo pensar que podía dedicarme a estas tareas con la pasión que siento por los libros y las bibliotecas. Pero fue conocer más y mejor la obra descomunal de Barnadas lo que me hizo poner pies en tierra y caer en la cuenta de que solo un historiador de la altura de él podía escribir un libro como ese. Por eso, la noticia de su muerte nos afecta porque es la clase de noticias que nos recuerda lo que somos o hemos dejado de ser y lo que hacemos y pudimos hacer sin excusa alguna. Hay libros que te cambian la vida, otros que te impelen a hacer algo o a imponerte grandes objetivos, y otros que simplemente te hacen pasar inolvidables horas de lectura. El libro de Barnadas fue todo eso. Descanse en paz, Maestro. Y salúdeme de paso a su amigo que lo estimaba mucho, Don Miguel Maticorena, quien fue, precisamente, el que me regaló su libro.



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