La reforma del transporte vs el modelo neoliberal

De cómo las tres economías en las que viven los limeños torpedean al corredor azul

Por Bruno Rivas Frías

Después de un par de semanas en las que había estado usando los buses azules de la reforma del transporte, ayer, domingo, me aventuré a subir a los micros de Orión para realizar el trayecto de mi casa en Lince a la de mis padres en Breña. Hacerlo fue retornar a un tipo de viaje que había estado intentando evitar. Fue trasladarme en un vehículo sucio y destartalado que era conducido por un chofer que no tenía problemas en hablar por celular o discutir con el cobrador. Como es evidente la seguridad no fue la tónica de mi traslado.

Sin embargo, no puedo negar que ese tipo de viaje tuvo sus ventajas. Para empezar no tuve que hacer ningún tipo de cola ni esperar mucho tiempo para tomar el transporte. Además, fue un viaje directo -no tuve que bajarme al final de la Petit Thouars para tomar otro micro- que me permitió llegar rápido a mi destino. Finalmente, pude movilizarme sentado y no tuve que realizar grandes esfuerzos para llegar a la puerta para salir del micro. Velocidad y comodidad –aunque esto es debatible si nos ponemos quisquillosos con los asientos del destartalado vehículo- fue lo que me ofreció el Orión.

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El realizar ese viaje también me hizo pensar un poco más sobre todas las reticencias que ha generado la reforma del transporte en nuestra ciudad. Recuerdo que cuando me enteré que la Municipalidad de Lima iba a poner en funcionamiento la reforma antes de las elecciones, pensé que iba a ser un gol que le generaría muchos votos a Susana Villarán. Sin embargo, las encuestas indican que ha ocurrido todo lo contrario. La mayoría de limeños parece estar en contra de la implementación del corredor azul y anhela volver al sistema de las combis y cousters de la avenida Arequipa. Para los habitantes de la capital la aparición de los buses azules ha sido negativa porque ahora tienen que hacer largas colas, esperar mucho tiempo para abordarlos y viajar incómodos. Asimismo, varios líderes de opinión también han condenado al corredor azul señalando que es un sistema más lento que afecta al grueso de la población. Finalmente, como era lógico, los gremios de transportistas están en pie de lucha y han lanzado todo tipo de amenazas contra la gestión pese a que la reforma les podría dar a cobradores y chóferes la oportunidad de trabajar en condiciones más dignas.

Esta reacción ha provocado que los defensores del corredor reaccionen furibundamente culpando a los usuarios de no tener la disposición para cambiar a un modelo más civilizado. El fracaso de la reforma del transporte tiene como principales responsables a individuos que no quieren hacer pequeños sacrificios como cola, caminar tres cuadras o viajar parados. ¿Pero es tan cierto esto? ¿Vivimos en una ciudad de gente tan insensata que prefiere el caos al orden? Considero que sería un grave error fijarnos solo en los individuos y no seguir el consejo del intelectual esloveno Slavoj Zizek que propone no poner el foco en las actitudes individuales corruptas sino el sistema que las anima. Por lo tanto lo que propondré es que esta reforma avanza hacia el fracaso porque tiene al frente aun sistema con el que no puede conciliar. Aquel que ha sido implantado por el modelo neoliberal.

Ya he señalado que las críticas contra la reforma provienen de diferentes frentes: usuarios, líderes de opinión y transportistas. Lo que indicaré ahora es que justamente esas voces críticas provienen de los tres tipos de economías que, de acuerdo a Francisco Durand, conviven en nuestro país desde la implementación del modelo neoliberal ocurrida en la década del noventa. Ellas son la formal, informal y delictiva. A continuación veremos que es lógico que los representantes de esas economías se sientan incómodos o en peligro por la reforma del transporte.

Empezaré hablando de los usuarios. Las quejas que provienen de ellos generalmente se refieren al tiempo que pierden (haciendo colas) y al esfuerzo “extra” (caminar varias cuadras y viajar parados) que conllevan los viajes en los azules. Podemos pensar que el grueso de este grupo forma parte de las economías formal e informal. Al referirme a la formal me refiero a aquella formada por empresas que pagan impuestos y que cuenta con empleados que están en planilla. Por lo tanto, los limeños que forman parte de esa primera economía tienen que llegar a tiempo a sus empleos y trabajar un número estimado de horas para poder recibir su sueldo a fin de mes. Sabemos que en este país son pocos los afortunados que trabajan ocho horas y que más bien, debido a las reducciones a las empresas motivadas por la búsqueda de la eficiencia, las jornadas laborales pueden durar diez o doce horas. Es lógico que las personas que trabajan en esas condiciones no quieran perder tiempo ni hacer esfuerzos que ellos consideran que no les traen ningún beneficio económico. Yo mismo pasé por esa experiencia el domingo. Al final encontré algunos beneficios en la línea Orión pese a que la seguridad nunca estuvo garantizada. En un país en el que trabajamos tanto no queremos que nos agobien más. Sin embargo, no todos los usuarios tienen un empleo formal. Muchos son parte de la economía informal, de pequeñas empresas nacidas de los fenómenos como el autoempleo y el subempleo que no pagan impuestos ni tienen a sus trabajadores en planilla. Este grupo poblacional se encuentra aún en peores condiciones que los de la formal ya que trabajan igual o más horas que las anteriores y ni siquiera tiene un sueldo fijo ni beneficios.

Trabajan prácticamente para sobrevivir. En este caso también es lógico que no se quiera hacer ningún esfuerzo “extra”.

Luego tenemos a los transportistas. Recordemos que con Fujimori en el noventa se dio la liberalización del transporte que provocó que surgiera el modelo actual. Hoy en día existen aproximadamente quinientas rutas manejadas por unas pocas empresas operadoras. Esto quiere decir que los chóferes de las combis y cousters tienen que pagarles una alta suma a las operadoras para movilizarse. Tienen que vivir de lo que sacan de sus vueltas y no pueden formalizarse. Esto ha llevado a que se expanda un sistema informal en las calles de la ciudad ya que tanto chóferes y cobradores no se encuentran en planilla ni tienen ningún tipo de beneficio. Por lo tanto, son parte de la economía informal que labora diariamente para sobrevivir. Obviamente esta reforma los golpea porque los estaría dejando sin la posibilidad de seguir trabajando. Si bien la municipalidad señala que la idea es que ellos puedan ingresar a un régimen formal en el futuro, lo cierto es que estas personas no ven esta alternativa como realista y por eso es lógico que estén contra una reforma que golpea al sistema en el que siempre han vivido. Sin embargo, Duránd señala que no todos los integrantes de la economía informal está bajo el régimen de la subsistencia. También existe una burguesía, los grupos que se enriquecen a costa de un sistema alejado de la formalidad. Aquí podríamos colocar a las operadoras de las rutas. Los que son dueños de las rutas no están de acuerdo con la reforma porque les quitan la posibilidad de seguir ganando una buena cantidad de dinero. Por lo tanto, harán todo lo posible para que la reforma fracase.

Finalmente, tenemos a los líderes de opinión que se han manifestado en contra de la reforma. Siguiendo a Durand,la economía formal también cuenta con una burguesía similar a la que existe en el informal. Ese es el sector de esa economía que se beneficia con el modelo implantado en el país. Durand propone que estos grupos defienden al sistema neoliberal porque asegura un Estado débil que no puede hacerle frente a los empresarios. Cualquier sugerencia de cambio en el modelo será visto desde estos sectores como una afrenta que puede poner en peligro su hegemonía. Es claro que la gestión de Villarán en ningún momento ha puesto en discusión el modelo; sin embargo, su sola procedencia de izquierda ha provocado que sea visto como una posible amenaza. Por esa razón incluso las reformas que propongan orden serán mal vistos por esta burguesía ya que podrían provocar un empoderamiento de la izquierda que no desean. Los líderes de opinión que se han manifestado en contra de la reforma están claramente vinculados con esa burguesía o forman parte de ella. Tras lo expuesto, la lógica de sus acciones se entiende perfectamente.

Hasta el momento no he vinculado a ninguno de los grupos con la tercera economía mencionada: la delictiva. Según Durand, esa economía es la que, aprovechándose de la debilidad del Estado causada por el modelo neoliberal, genera sus recursos a partir de las actividades fuera de la ley. En este caso cualquiera de los grupos podría tener algún vínculo con esa economía. Tanto los transportistas como los líderes de opinión o los mismos usuarios pueden estar implicados en actividades ilegales; sin embargo, no acusaré directamente a ninguno de ellos. Es una posibilidad que formen parte de mafias pero no hay pruebas que los sindiquen. Sin embargo, si hay una economía a la que le conviene que la reforma del transporte no se dé, esa es la delictiva ya que se fortalece con el caos y con instituciones tambaleantes.

En conclusión, podemos ver cómo todos los integrantes de las economías instauradas en nuestro país tienen razones para estar en contra de la reforma del transporte que se ha manifestado en las últimas semanas a través del corredor azul. Es bastante probable que el esfuerzo por darle un orden al transporte en nuestra ciudad fracase, pero no porque sus pobladores sean corruptos sino porque son corrompidos diariamente por el sistema en el que viven. Es cierto que el ciudadano siempre tiene la opción de la insurgencia que lo lleve a generar su propio destino; no obstante por estos días parece estar muy lejos de poder asumir esa posición. Mientras tanto, preferiremos movilizarnos en vehículos que nos llevan a la velocidad de los tiempos neoliberales aunque a costa de hacernos vivir en constante peligro.


1 comentario:

  1. Brillante análisis que desnuda las fuerzas en contra de una oportunidad para la mejora de la calidad de vida urbana, la cual al mismo tiempo es nublada aún por las condiciones arraigadas buen tiempo en que ninguna autoridad intentó algo. Por la repugnante mezquindad, la codicia y e poder de quienes siempre se beneficiaron de la informalidad neoliberal, esta histórica reforma puede fracasar con la complicidad de los "limeños", así entrecomillados, porque no se puede amar una ciudad si la condenas a que retroceda tan irresponsablemente.

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