El republicano y sus propagandistas

En una ocasión escribí una nota sobre la demanda boliviana contra Chile por su ansiada salida al mar, y entrevisté para la misma al historiador Daniel Parodi. Debo decir que la impresión que me dejó aquella vez aún la conservo. Es la de un hombre inteligente y bien preparado que sabe muy bien de lo que habla y lo hace con un apasionamiento que dice mucho de la sinceridad y honestidad de sus ideas y convicciones. Pero es ese mismo apasionamiento el que, en ocasiones, lo traiciona y nubla su visión cuando ejerce de analista de nuestra política criolla. Ahí están, para confirmarlo, los post que publica regularmente en su blog, y que, alguna vez, han dado pie a sonadas polémicas, dejando un reguero de heridos y contusos en el camino (si mal no recuerdo, también con amagos de denuncias por difamación de uno u otro lado). Lo prueba el último que le dedica al más criollo de nuestros políticos, Alan García, elevado ahora a los altares del Olimpo republicano como todo un tribuno y demócrata por arte y magia de su pluma. Pero, ¿es realmente Alan García el ideal de republicano que nos presenta Parodi? ¿Queremos más tribunos como García?

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Lo que a mí me extraña del post de Daniel Parodi, que suelen ser tan bien informados y documentados, es que en la reseña del ‘republicanismo’ de García las omisiones sean tantas y tan clamorosas. No dice nada, por ejemplo, del Baguazo y las decenas de muertes que provocó el capricho del ex presidente en su afán de imponer un TLC para congraciarse con sus socios, aunque ello significara pisotear los derechos de peruanos con tanto derecho como cualquiera de nosotros y del propio García a exigir un mínimo de respeto. Más vergonzoso todavía resulto la forma en que pretendió zanjar el asunto al calificar a esos compatriotas de “ciudadanos de segunda categoría”. Bueno, esto no debería extrañarnos ya que se trata del mismo individuo que, ante una montaña de cadáveres, prometió “o se van ellos o me voy yo”, en alusión a los responsables de la ejecución de 300 presos rendidos en los motines de 1986. Por supuesto, ni se fueron los primeros a su casa y mucho menos García. Con promesas de este tipo, el republicanismo que supuestamente encarna el expresidente queda muy, pero muy devaluado.

Parodi afirma que en América Latina “no es la dictadura militar el cáncer de la democracia, como lo fue durante el siglo XX: el cáncer es el caudillismo populista”. Opinión discutible, con todo lo negativo que pueda tener el caudillismo (que por cierto, el propio García encarna como nadie). El verdadero cáncer es el de la corrupción, que carcome todas nuestras instituciones y vuelve papel mojado nuestro ordenamiento jurídico y constitucional. La muestra más vergonzosa de esta en el “buen segundo gobierno” de García es el de los ‘narcoindultos’, que abrió las cárceles a miles de condenados por narcotráfico que pagaron, en contante y sonante, por la ‘gracia presidencial’, muchos de los cuales volvieron a reincidir no bien pusieron un pie en la calle. Esto también devalúa nuestro republicanismo. Peor aún, acelera su estado de descomposición.

Parodi olvida que uno de los mayores problemas (baldones, en realidad) que tiene el aprismo, al igual que el fujimorismo, es el hecho de que la corrupción fue campante y extendida en los respectivos gobiernos de ambos presidentes y a la que no fueron ajenos estos. Uno de ellos purga prisión, el otro se salvó de responder ante la Justicia gracias a esa bien aceitada maquinaria de amigos, militantes y socios que tiene en el Poder Judicial. Porque si algo aprendió este ‘republicano’ de los problemas judiciales de su primer gobierno fue que el cuento de la prescripción tiene fecha de caducidad y que es mejor no presentarse nunca ante una comisión investigadora del Congreso (con lo cual vuelve letra muerta su famoso “el que no la debe no la teme”, ¿no?). Mucho menos llegar a los tribunales.

Parodi pide a los detractores de García, que “nos rasgamos las vestiduras clamando por el fortalecimiento de los partidos políticos y de la institucionalidad democrática”, que tengamos en cuenta que fue él quien frenó el proyecto reeleccionista de la pareja presidencial y aseguró la alternancia gubernamental. En otras palabras, fue García quien salvó nuestra maltrecha democracia. Bueno, lamento decirlo, pero Parodi pasó con este párrafo final de analista a propagandista. Porque si algo frenó y frena cualquier pretensión reeleccionista no son las disfuerzos del expresidente cada vez que ve como se aleja su sueño de ser el primero en sentar sus reales tres veces en Palacio, sino un movimiento ciudadano cada vez más atento y vigilante de sus políticos. Esos mismos que hoy son ensalzados y elevados a alturas inmaculadas del mismo modo con el que algunos defienden con ahínco y tesón que los ángeles no tienen sexo. Así de simple.

¿Usted qué cree?


1 comentario:

  1. Alan ¿El republicano? eso es decir mucho, sobretodo cuando el mismo Alan dijo que no podía nombrar presidentes (el subconsciente lo traiciona: quisiera tener el poder de los antiguos presidentes mexicanos del PRI que de demócratas solo tenían la el nombre: la dictadura perfecta) y dijo que haría algo mejor: se esforzaría para que no salga el candidato que ni él ni el empresauriado quisiera. ¿Eso es ser demócrata? Por otro lado, me acordé de Vargas Llosa, ¿Alan no le prestó su servicio de inteligencia a Fujimori para tumbarse al Nobel cuando era 1990? Hay historiadores que les gusta la antimemoria, hacer la antihistoria y construir mitologías.

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