Tulio Halperín Donghi (1926-2014)

La noticia de la muerte de Tulio Halperín Donghi ha sido recibida por la comunidad académica argentina, de aquí y de toda América como un golpe durísimo. Porque si había un nombre que fuera conocido por todos los que estudiamos y leemos historia en este continente, un autor que escribió un libro que nadie dejó de leer al menos una vez en su vida ("Historia contemporánea de América Latina"), o que hizo del trabajo histórico una demostración de inteligencia, variedad y honestidad, ese fue Tulio Halperín Donghi. Se podrá estar o no de acuerdo con muchas de sus ideas, disentir con algunas de sus libros o refutar algunas de sus opiniones políticas, pero habría que ser mezquino o corto de razón para no reconocerle a este genial historiador una grandeza que hoy nadie discute. Y nadie discute no por el clásico homenaje que se la hace a los difuntos, sino porque ahí está para demostrar lo dicho una ingente bibliografía que deja pasmado a cualquiera. Así que no resulta exagerado ni un panegírico más decir que se ha ido un grande, un gigante de la historiografía americana. De él guardo un recuerdo agridulce de su última visita que realizó al Perú, en junio de 2012, invitado por los estudiantes de Historia de San Marcos, quienes lo tuvieron como ponente en una de las charlas magistrales de su Congreso Internacional de ese año. Gracias a ellos tuve la oportunidad de entrevistarlo para el diario donde trabajaba y hacer un breve vídeo para el blog, los cuales nunca publiqué. La tarde en que lo visité en su hotel, todo salió perfecto salvo el final. Tal vez por lo extenso de la entrevista (más de 40 minutos de conversación) y luego de ella someterlo, a su edad, a otras más para el vídeo, le causé un estrés que al concluir la entrevista me pidió que le enviara el texto de la misma antes de publicarla para revisarla y hacerle las correcciones que él creyera necesario. Más aún, agregó que no autorizaba su publicación si antes no le daba el visto bueno y corregía lo que tenía que corregir. Por supuesto, no acepté y la entrevista quedó inédita. Hoy, para recordar esa lucidez que muchos han ponderado este día, rescato tres breves momentos de la misma en que se refiere a la universidad de estos tiempos, a la cultura y los libros y a una sabrosa anécdota sobre Carlos Sempat Assadourian (a veces creo que contar esa anécdota o lo que dijo sobre Maradona lo llevo a arrepentirse de lo que dijo y a prohibir su publicación), pero respetando su deseo de que la entrevista no se publique si él no la revisa, por lo que seguirá inédita. Descanse en paz, Maestro.




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