Café y libros con... Lewis Mejía

Conozco a Lewis Mejía desde nuestras épocas de trabajo en El Comercio, y desde entonces siempre me ha parecido lo que realmente es: una excelente persona y un periodista de polendas (la combinación perfecta que uno puede tener por amigo). Si a eso le sumamos el hecho de que Lewis tiene más años de bombero voluntario que de ejercicio periodístico, caeremos en la cuenta que es alguien que tiene mucho que contarnos. Parte de esa envidiable experiencia vital y profesional la ha reunido en "Crónicas" (Lima: Munay Editores, 99 págs., 2014), el libro que compila sus crónicas y artículos publicados entre los años 1990 y 1998. Este, que puede ser un dato tan solo útil para la nota de prensa, dice mucho de lo que vamos a encontrar en sus páginas. Porque si de algo habla este libro es de un mundo desaparecido, de un país que ya no existe y que cambio a fuerza de golpes, malas artes y mucho, pero mucho empeño de su gente contra estos, y de cuyos aciagos problemas aún arrastramos dolorosos, cuando no vergonzosos, rezagos. Leer estas "Crónicas" me ha devuelto el recuerdo de la apremiante necesidad de un rin para llamar a casa, a los apagones que nos dejaban obligados a luz de una vela demasiadas noches para recordar, lecturas prohíbidas a tiro de piedra de la Casona de San Marcos que ya casi habíamos olvidado o a amigos que solo habitan ahora en nuestra memoria. Publicar estos trabajos periodísticos escritos con la rapidez que te impone la hora de cierre ha sido un gran acierto de Lewis Mejía. Porque si bien es cierto que todavía falta la gran novela que retrate este tiempo todavía caliente en la memoria de todos nosotros, sus textos son un recordatorio acucioso de esos días que no debemos olvidar.



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