Humala y la carabina de Ambrosio

Toda la barahúnda que se ha desatado contra el nuevo régimen laboral para jóvenes que aprobó recientemente el Congreso, y sobre el cual existía la esperanza de que Ollanta Humala no lo refrendara con su firma, se hizo humo y concreto.

Humo porque el presidente acaba de salir a defenderla con su habitual elocuencia de cachaco metido en camisa de once varas y que habla de lo que no tiene la menor idea, con lo cual queda claro que no se dará marcha atrás en este asunto. Y concreto porque la pesada losa jurídica que sobre ese sector de la población ha echado el régimen no sólo será muy difícil de eliminar, sino que además sirve para confirmar que debemos estar alertas y preparados ante el próximo golpe que intenten asestarnos en nombre del crecimiento y el modelo económico una clase política que no tiene clase ni es política. (Cada vez me convenzo más que la historiadora Cecilia Méndez la atinó con el término de república empresarial para definir a este régimen). Así, pues, las esperanzas de que esta ley sea observada por el Ejecutivo y se archive no sólo son nulas, sino además reveladoras.

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La sobria defensa que el presidente ha hecho del nuevo régimen laboral ha dejado en claro que todos los que votamos por él, deberíamos sentir ahora poco menos que vergüenza. No tanto por la traición sufrida y una elección errada (todos cometemos errores, más aún en época electoral), sino porque Humala, que nos representa a todos los peruanos, ha demostrado con su declaración que le tiemblan las rodillas cuando se trata de los empresarios, que estos hacen su santa voluntad en el país por encima de cualquier ley y que él es poco menos que un monigote que no logra ponerlos en vereda, a no ser que sea dando leyes que los beneficie y lo dejen tranquilo. Sin exageración alguna.

No me queda duda que el alegato presidencial en favor del nuevo régimen laboral va a ocupar un lugar de honor en la enciclopedia de disparates peruanos, si alguna vez esta se escribe, claro. Lean: “hay muchos jóvenes que no consiguen trabajo y a los que se les llena de teorías sobre los derechos laborales, que nadie los respeta […] Entonces, tenemos que ser realistas, hay jóvenes que no tienen trabajo y quieren trabajar”. Sí, tal como lo leen. Lo que Humala acaba de reconocer es que nadie respeta los derechos laborales (que son ley) y que un modo de ser realista (o sea, de hacer cumplir la ley) es dando leyes donde este no respeto a la ley sea dentro de la misma. Es decir, reconoce explícitamente que el nuevo régimen laboral es para que un empresariado que no respeta los derechos laborales de sus trabajadores, pueda seguir haciendo de las suyas dentro de la ley. Si cree que es una forma antojadiza o malintencionada de interpretar sus palabras, lea lo siguiente:

“Prefiero a un joven que haga sus prácticas así [sin derecho a beneficios como CTS, a gratificaciones, seguro de vida y sólo 15 días de vacaciones al año], a un joven que no consiga trabajo, porque nadie les quiere pagar una serie de cosas que la norma establece". Por segunda vez, y de manera indubitable, Humala reconoce que los empresarios, quienes realmente le imponen la agenda de trabajo, no acatan las leyes del Estado peruano y que él, tan inútil como ingenuo, lo único que puede hacer es sancionar un régimen laboral que, aunque malo y explotador, por lo menos es legal.

Por si fuera poco, el hombre es falto de luces. Decir que “[si son aceptados], tienen que pagar lo que se llama derecho de piso y son sobreexplotados y eso no es posible”, es poco menos que abogar por la pena de muerte afirmando que la inyección letal es más humana que la silla eléctrica. ¡Burro!

Tan burro y torpe como el dueño de la carabina de Ambrosio. Solo que con esta se ha disparado dos veces a los pies.


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