Luis Eduardo García: El placer traidor

Conocí a Luis Eduardo García hace muchísimos años, cuando con un grupo entrañable de amigos estudiábamos una maestría de periodismo con la ilusión de hacer mejor lo que hacíamos y menos mal lo que dejábamos de hacer por temor a lo primero. No nos costó mucho trabajo ni tiempo entender, en aquella época remota, que el único que hacía todo bien era él, a quien, desde un principio y de manera unánime, le supimos reconocer el talento sin límites que tenía para todo lo que estuviera relacionado con la palabra. Con la palabra bien escrita, bien escogida y, de manera especial, bien puesta una detrás de otra. Esto, que puede parecer una verdad de Perogrullo, no lo es tanto. Azorín solía decir que "la sencillez, la dificilísima sencillez, es una cuestión de método". Y nadie más metódico que Luis Eduardo, que ha labrado una prosa tan personal, tan maravillosamente sencilla y personal, que no puedo evitar sentir punzadas de envidia mientras lo leo. La suerte ha querido que, a pesar del tiempo que no lo veo (la última vez fue cuando tuvo la gentileza de invitarme hace un par de años a un taller de periodismo digital en la universidad donde enseña en Trujillo, ocasión que sirvió para comprobar que el cariño que sentimos por él los que lo conocemos es el mismo que le prodigan sus alumnos), la suerte ha querido, les decía, que caiga en mis manos uno de los libros recopilatorios de sus crónicas que publicó hace dos años, “El placer traidor. Crónicas elegidas” (Trujillo: CEA, 131 págs., 2012), un libro que, por cierto, todo aspirante a cronista o columnista debería tener por libro de cabecera. Y ha sido una suerte porque hace unos días presentó la segunda edición de “Tan frágil manjar. Historias, libros y personajes” (Trujillo: Triskel Editores). Así que tengo con que entretenerme y prepararme mientras consigo esta nueva edición que incluye artículos y crónicas publicados los últimos cinco años. Casi el mismo tiempo que nos vemos, pero sí nos leemos. Por lo menos yo a él sí. Indefectiblemente.

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