¿Por qué Greenpeace debe ser sancionado?

Hay personas que no logran entender la magnitud de lo sucedido en las Líneas de Nasca. Son tan afines a la política y objetivos de Greenpeace (muy loables, por cierto) u otras similares, que creen que lo cometido por ellos es algo venal, perdonable por los plausibles objetivos que la animaron, y no es así.

Ponen, por ejemplo, la inacción del Estado que deja en el desamparo total a nuestro patrimonio pero no reparan que ese desamparo ocurre porque no se le dota a las instituciones de los recursos necesarios para protegerlo. Recursos que muy bien podrían provenir de un impuesto a los millonarios ingresos de una industria extractiva que a todos espanta y del que abominan con el sanbenito de socialista o chavistoide. A la respuesta de más recursos, responden con que la privatización es la solución, con lo cual eximen al Estado de su responsabilidad de proteger nuestro patrimonio, lo que resulta una incoherencia en boca de algunos en estos instantes.

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Se dice también que no se protesta con el mismo ímpetu contra la minería ilegal que igual o peor afecta a nuestro patrimonio arqueológico o biodiversidad, pero incurren en un error al equiparar a ambas. En el mismo nombre de ‘ilegal’ está la condición de una actividad que opera al margen de la ley, corrompe autoridades y destruye todo lo bueno de este país (incluida su gente). Hasta donde sé, Greenpeace se sienta en la mesa al lado de mandatarios y monarcas, recibe la subvención de países progresistas y organizaciones legales y es bendecida por la prensa de todos lados. Si esto ocurriera con la minería ilegal, esta no sería tal y no se tendría que combatir y editorializar contra ella y denunciar a quienes la protegen cada día del mismo modo como hoy se denuncia a Greenpeace. Se me hace cuesta arriba creer que algunos pidan, con sus críticas a la censura a Greenpeace, que dediquemos los mismos esfuerzos a una organización que opera de manera legal y pública. Por tratarse de una organización como Greenpeace es que lo sucedido es gravísimo. ¿Qué podemos esperar mañana de la minería ilegal si a Greenpeace se le exime de toda responsabilidad hoy? Creo que queda claro que se le estaría dando carta de ciudadanía a todos los que operan depredando nuestros bosques, selvas y ríos. No habría argumento legal ni ético para reclamarles nada si alguien dentro de la ley se comporta igual del que opera fuera de ella y no hacemos nada nosotros y el Poder Judicial los bendice. No hay fin que justifique los medios. (Todos aquellos que abominan del terrorismo de Estado, saben de lo que hablo).

Se ha dicho también que hoy quienes protestan contra la organización ecologista, ayer no dijeron nada cuando empresas constructoras, invasores de terrenos o propietarios inescrupulosos arrasaron o destruyeron huacas, ruinas o todo tipo de vestigio prehispánico o histórico. Pues, yo no puedo hablar por todos pero sí puedo decir de mi parte que buenos problemas me he buscado por hablar o escribir demasiado, por protestar demasiado. (no quiero ser o parecer melodramático, pero buenos empleos me ha costado esto). Recuerdo ahora mismo un reportaje de la revista Siete que denunciaba cómo una empresa inmobiliaria, propiedad de la familia de un alto funcionario de la Biblioteca Nacional, arrasó con unas ruinas prehispánicas. La denuncia apenas se mencionó en los medios y casi nadie la rebotó. Yo la comenté en Twitter y la reboté en Facebook, algo que muy pocos o nadie hizo por tratarse de quien se trataba. O mis críticas al uso de la centenaria Casona del Parque Universitario como salones de clases que el rector de San Marcos pretendió hacer y que motivó que mi nombre sea proscrito en algunas oficinas de mi propia alma máter. Así que, callado no me he quedado cuando he debido. Como ahora.

Nadie está pidiendo que se cuelgue de un mástil a los responsables del grave perjuicio (al parecer, irreparable) producido a las Líneas de Nasca, sino simplemente que se actúe de acuerdo a la ley. Una ley para la cual todos somos o deberíamos ser iguales. Por más banderas ecologistas, feministas o de cualquier otro tipo que enarbolemos. Así de simple.


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