Por qué no debemos votar por Urresti el 2016

Según informa Utero.pe, todo parece indicar que ya hay quien piensa (y trabaja) en Urresti como candidato para el 2016. Aunque el propio informe no es definitivo al respecto (como tampoco lo es el propio ministro del Interior desmintiendo su candidatura), a muchos la noticia nos deja un mal sabor en la boca. ¿Se acuerdan del viejo dilema planteado por Vargas Llosa en el 2006, el de tener que elegir entre el sida y el cáncer? Pues, Urresti es más de lo mismo. ¿Por qué no votaría por Urresti ante una eventual candidatura suya, por el partido que fuera, el 2016? Se me ocurren varias razones. Aquí les alcanzo algunas.

No votaría por Urresti porque:

- Urresti es el último de una larga lista de improvisados que de la noche a la mañana los medios han convertido en presidenciable y este, para nuestro pesar, se lo cree.

- Urresti ha construido su imagen pública a punta de golpes o escándalos mediáticos antes que con hechos o éxitos concretos, lo que demuestran que lo suyo es más la tribuna populachera que la investidura presidencial (quien afirme que en su barrio ha disminuido la delincuencia o que en la esquina ya no asaltan, confunde el gobierno de una ciudad con el de un país, que es lo mismo que decir que no es igual arbitrar una final del mundo que una distrital). Las extrapolaciones electorales ya nos han hecho suficiente daño. Aprendamos de una vez.

- Urresti juramentó como ministro del Interior teniendo una investigación abierta en su contra por el asesinato de un periodista, lo que (de no mediar algún favor en el Poder Judicial antes del 2016) lo convertiría a su vez en el primer candidato presidencial en la historia de este país con una investigación abierta por asesinato. (Bueno, en realidad el JNE nos tiene acostumbrados a este tipo de candidatos, así que sería, como dije, más de lo mismo).

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- Urresti tiene las maneras autoritarias típicas de todo exmilitar retirado metido a político, lo que calza muy bien para un país que aplaude la mano dura y celebra el mandar a callar a todo el mundo, incluso a la ley misma. O al periodismo, cuando le incomoda o no le permite que lo trate como a hijo.

- Urresti, como Humala, no tiene ningún pasado, trayectoria o experiencia política real que lo avale para la presidencia (a no ser, claro, las encuestas que tanto machacan algunos medios), lo que significa que, al igual que el actual inquilino de Palacio, se entregará plácidamente al poder fáctico del sector empresarial que gobernará por él como actualmente gobierna por su mentor.

- Urresti, y lo digo sin la más mínima animadversión, es un cachaco que está convencido que gobernar es lo mismo que mandar y que una buena gestión se mide por la cantidad de portadas de un diario.

- Urresti es impulsivo, locuaz, autoritario (ya lo dije), imprudente y un completo alelado de los problemas de este país: las marchas y contramarchas que da sobre sus propias disposiciones en su cartera son una prueba de ello (no quiero pensar en lo que haría con otras diecisiete).

- Urresti, hasta donde sé, no ha dado nunca ninguna muestra de cuánto sabe o está enterado en materia económica. Así que lo más probable es que, como Humala, delegue todo el manejo del país en un grupo de tecnócratas que muy solícitamente le ofrecerá la Confiep (si es que no hereda -lo más seguro- al actual).

- Urresti es la enésima versión (también esto ya lo dije) del outsider que, como Ferrando, todos quieren descubrir, apoyar o prohijar pensando más en sus propios intereses que en los del país.

Y, finalmente, no votaría por Urresti porque:

- Urresti encarna la más vieja y rancia tradición autoritaria en el Perú. Esa que heredamos de un militarismo decimonónico y trasnochado que ha envilecido al país a lo largo de toda su vida republicana y que ha sido un permanente lastre para su desarrollo (aunque, para ser honestos, algunos gobiernos civiles han sido igual de malos o peores).

¡Por favor, amigos! ¡Nos merecemos algo mejor que este señor!


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