San Marcos exonerará del pago a 1.000 postulantes

Estudiantes de bajos recursos económicos que hayan tenido como promedio 15 en sus notas serán los beneficiados.

Piden presupuesto para continuar investigaciones

Walter Alva recordó que en el 2016 no se ejecutaron trabajos de investigación arqueológica en Lambayeque.

Se realizarán tours nocturnos en Chavín de Huántar

Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

Polémica de los Pitufos comunistas ya es mundial

La prestigiosa BBC hace eco de la polémica desatada en Uruguay por comparar a los Pitufos con una sociedad comunista.

¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

¿Incurre El Comercio en un conflicto de intereses?

"Los únicos leones que quedan en Roma están en el circo", se lamenta Claudio mientras cuida y cobra la entrada a un burdel por órdenes de su sobrino Calígula, en un pasaje de la famosa novela de Robert Graves. De manera inevitable, esta imagen viene a mi cabeza una y otra vez mientras leo este vergonzoso e increíble editorial de El Comercio.

El diario que ayer enarbolaba las banderas de los intereses nacionales, que presumía de escudero de los que no tenían quien los defienda, el mismo diario que hizo suyas las causas a las que nadie quería plegarse por temor a enemistarse con los poderosos de turno, ese mismo diario hoy editorializa, en cómodo y feliz aconchabamiento con el poder político o económico al que sirve con artes de cortesana experta, en contra de una ley que busca poner orden en nuestra educación superior y acabar con el incesante afán de lucro que ha hecho que proliferen las universidades privadas como hongos después de la lluvia.

Su caballito de batalla es, como no podía ser de otro modo, la defensa de la inversión privada y el sacrosanto derecho de los ciudadanos a elegir qué estudiar y dónde hacerlo. Para El Comercio no está en discusión si el médico que tal vez mañana atienda a uno de nuestros hijos aprendió a realizar una cirugía de acuerdo a un manual que imprime y vende la propia universidad, o si aprendiste los rudimentos del proceso penal en el segundo piso de una pollería, menos aún que nuestros jóvenes obtengan sus títulos de Ingenieros civiles luego de aprobar satisfactoriamente sus cursos por Internet. No señor, eso es lo de menos.

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Contra lo que atenta la nueva Ley Universitaria es, según el Diario de La Rifa, contra el derecho que tiene los ciudadanos a elegir dónde estudiar. Así, la nueva ley es para el Decano y los políticos que lo secundan (esos mismos que ayer ingresaban a las universidades con tanques y camiones como ladrones en la noche a arrestar a cientos de estudiantes sin ninguna acusación formal o que mandaban fusilar a cientos de presos rendidos sin que se les mueva una ceja y que hoy se rasgan las vestiduras por el artero ataque que supuestamente ha recibido la educación pública superior), para estos políticos, les decía, y el diario cuya palabra ya no vale ni el papel en el que es impreso la nueva ley es poco menos que un engendro chavista, el hijo negado del velasquista negado que supuestamente es Humala. Y esa sería la única y auténtica razón por la que debe ser rechazada la ley. ¿Es que acaso existe otra razón?

Aunque disparatada, semejante conclusión no es nada censurable si tomamos en cuenta que todos tienen derecho a tener una opinión sobre cualquier asunto y defender su posición. Pero lo que sí resulta flagrantemente cínico es que El Comercio editorialice sobre este tema teniendo tantos intereses de por medio en el asunto y que quiera hacernos creer que lo que le preocupa es la autonomía universitaria y no los pingües negocios que van a dejar de hacer.

Y es que, como ya es un secreto a voces desde hace mucho, y confirmó hace un par de semanas el semanario Hildebrandt en sus Trece, el Grupo El Comercio viene preparando su incursión en el negocio de la educación privada. Una incursión que El Comercio olvida mencionar en su editorial con la misma facilidad con que olvidó la ética periodística. En este contexto, la nueva ley universitaria no solo es un escollo con el que no contaban, sino que es además uno con el que hay que acabar a tiempo y sin remordimientos, apuntando sus baterías hacia ella como lo hicieron en su momento contra la ‘tramitología’ que protege el medio ambiente y nuestros recursos y cuya acta de defunción suscribieron con el mismo entusiasmo con el que ahora piden la de la nueva ley.

Entonces, a la pregunta de si El Comercio incurre o no en un conflicto de intereses, si falta a la ética periodística editorializando sobre un tema en el cual tiene mucho que ganar o perder según como acabe la cosa, la respuesta es sí. Rotundamente sí. Porque los leones de ayer hoy son animales de circo domesticados que bailan la música que les toca el mercado y los defensores de la empresa privada.



La opinión que el diario El Comercio pidió a un especialista sobre la nueva Ley Universitaria y luego decidió no publicar

"El DL 828 firmado por Alberto Fujimori es una norma extremadamente permisiva cuya consecuencia principal fue la devaluación de la educación superior. Es incorrecto llamar a este proceso una “revolución educativa ignorada”, como sostuvo Carlos Adrianzén. Una revolución educativa significaría un avance sustantivo en las capacidades del capital humano (no un mero aumento de matrículas) pero esto no ha ocurrido ni puede ocurrir si seguimos el camino del DL 828. Al contrario, experimentamos un déficit de capital humano que estaremos pagando hoy y mañana. Las malas universidades surgidas de él capitalizan las ganancias y socializan las pérdidas, al generar una renta a cambio de crear una masa de graduados incapacitados para el trabajo.

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La nueva ley pretende ser la corrección a un problema urgente. Entre los rasgos más destacados están la democratizaciٕón de la elección de autoridades y la exigencia de un 25% de profesores a tiempo completo.

La pregunta es si tendrá la SUNEDU la capacidad de realizar un buen trabajo de acreditación. En el Perú no tenemos experiencia en ese asunto. Además, son muy variadas las metodologías y muchas no podrán adaptarse a la realidad peruana. Los personajes elegidos para integrarlo van a tener que ser personalidades sumamente abiertas a escuchar a los expertos y dispuestas a aprender. La SUNEDU no funcionará si es dirigido por personas que creen que ya saben todo sobre el tema.

La otra pregunta es qué significa esta ley para las universidades públicas. La mirada pública está muy concentrada en las “universidades garaje” que han llevado al extremo la devaluación de la universidad. Cerrar a estas instituciones, que son decenas, puede que no tenga mucho costo político. Pero el caso sería distinto para las universidades estatales, especialmente donde hay alta necesidad de educación gratuita, y en el que sí puede esperarse una reacción de la población afectada.

El espíritu de la ley solo se podría cumplir cuando el Estado y los gobiernos regionales decidan invertir de manera fuerte en educación terciaria. Debido a la enorme inversión y mística que esto implica, esta es una tarea que debe ser liderada por el Estado".

Daniel Salas Díaz
Profesor Investigador CENTRUM Católica


Tomado del muro de Facebook de Daniel Salas


Manuel Burga: "Se inicia nueva etapa de la universidad en el Perú con Ley Universitaria"

Lima, jun. 28. El exrector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), Manuel Burga, aseguró hoy que con la aprobación de la Nueva Ley Universitaria, se inicia "una nueva etapa" de la universidad pública en nuestro país.

En declaraciones a la Agencia Andina, manifestó que habrá una reforma profunda en las casas de estudios públicas y las privadas, porque se pasará de una ausencia de regulación a la presencia del Estado, a través de la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu).

"Creo que se inicia, con esta Nueva Ley Universitaria, una nueva etapa de la universidad pública en el Perú y la universidad privada también se comenzará a sujetar a otras normas, otros requerimientos. Probablemente la movilización de todo el sistema universitario va a ser la consecuencia mayor de esta nueva norma", indicó.

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El también presidente del Instituto de Estudios sobre la Universidad (Inesu), refirió que ahora el desafío pasa por cómo regular la educación superior universitaria en el Perú "sin mellar la autonomía de las instituciones universitarias".

"La regulación significa niveles de exigencia y el organismo regulador verá que se cumplan. Lo inteligente será situarte bien y dejar en libertad para que las universidades importantes y sólidas puedan tener desarrollos en relación al mercado, sociedad y en relación a los problemas del país", explicó.

Dijo que si el Sunedu empieza a ocuparse de cambios pequeños, como modificaciones de cursos y maestrías, podría podría convertirse en otro Consejo Nacional para la Autorización de Funcionamiento de Universidades (Conafu).

"Lo que el Ministerio de Educación debe hacer es regularse ellos mismos para que el Sinedu no se convierta en obstáculo para el desarrollo de la universidad", señaló.

Burga Díaz, quien fuera rector de la UNMSM, recibirá el próximo sábado las Palmas Magisteriales en el Grado de Gran Amauta, máxima distinción otorgada por el Ministerio de Educación.

El Congreso de la República aprobó el jueves la Nueva Ley Universitaria, norma que plantea exigencias de calidad para las universidades a nivel académico y de infraestructura, desaparece la Asamblea Nacional de Rectores, establece el voto universal para la elección de sus autoridades, exige el grado de maestría para ejercer la docencia universitaria, entre otros cambios.


No será inmediato el cierre de universidades que incumplen con estándares de calidad

Lima, jun. 28. El cierre de universidades que incumplan los estándares de calidad establecidos en la Nueva Ley Universitaria no será inmediato, sino resultado de un proceso de adecuación que durará seis años, aclaró hoy el titular de la Comisión de Educación del Congreso, Daniel Mora.

Según explicó, en ese tiempo las casas de estudio superiores tendrán la oportunidad de superar todas sus deficiencias que presentan y ser evaluadas por la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu) que determinará su continuidad.

"Los estudios hechos por la Comisión concluyen que cerca de 40 universidades tienen problemas, y si en este momento se aplica la evaluación, no pasarían, pero habrá plazos para puedan adecuarse ", insistió en declaraciones a la Agencia Andina.

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El legislador recordó que en otros países como Ecuador, el proceso de adecuación tomó alrededor de tres años, tras ello cerraron 17 centros de estudio.

"Acá en el Perú hay universidades que no tienen ni locales ni profesores y eso requiere inversión. Incluso, varias podrían cerrar por propia determinación del dueños pues deberán invertir más si quieren continuar", añadió Mora.

Consideró, en ese sentido, que a los casas superiores con deficiencias no les queda otro camino que "ponerse las pilas" para cumplir los requisitos.

La Nueva Ley Universitaria, aprobada el jueves en el pleno del Congreso, busca elevar sustancialmente la calidad de la educación, elimina el bachillerato automático, establece el voto universal para la elección de sus autoridades y desaparece a la Asamblea Nacional de Rectores (ANR).


Diez especiales periodísticos sobre la Primera Guerra Mundial

La prensa mundial ha estado especialmente prodiga el día de hoy, en que se recuerda el crimen de Sarajevo que sirvió de detonante para el estallido de la Primera Guerra Mundial. El especial del The Wall Street Journal es, sin lugar a dudas, el mejor de todos: analiza los cien 'legados' que, a cien años de la guerra, aun perduran. El de The Guardian no es propiamente un especial, pero sí el sitio que reúne todo lo que publica sobre la Gran Guerra y que es, simplemente, enciclopédico. Igual ocurre con el de The New York Times, aunque este trae un mapa interactivo de las fronteras antes, durante y después de la guerra que resulta muy instructivo, así como del de Le Monde. En nuestro idioma, el especial de El Mundo se lleva las palmas. Bien diseñando, inteligentemente construido y suficientemente informado, es lo mejor que se ha publicado en español para conmemorar la fecha. Solo el de Emol, no es actual (tiene ya varios años de antigüedad), pero sigue funcionando bastante bien. Disfrútenlos.

Mapa Interactivo sobre Los 100 Años/Legados de la Primera Guerra Mundial


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First World War (The Guardian)




The Great War. A 100-Year Legacy of World War I (The New York Times)




Centenaire 14-18 (Le Monde)




La Tormenta Europea (El Mundo)




Europa VI (El País)




Un siglo de la Gran Guerra (20minutos.es)




Primera Guerra Mundial (El Tiempo)




Centenario de la primera guerra mundial (Semana)




Primera Guerra Mundial 1914-1918 (Emol)



Especial de La Razón: La verdadera historia de la Primera Guerra Mundial

El Diario La Razón, con el que uno difícilmente podría estar de acuerdo en algo, tiene el buen tino de incluir especiales de corte histórico en la página central de su edición o, como hacen otros diarios, con láminas escolares a las que impregna del mismo espíritu que anima sus páginas. Lo consigno aquí por el mérito que implica este tipo de contribuciones.

Cap. I: Alemania y Reino Austrohúngaro fermentan I Guerra Mundial para afirmar supremacía mundial
Cap. II: I y II crisis marroquíes repican cercanía de la primera hecatombe bélica mundial
Cap. III: Triple Entente atiza la Guerra de los Balcanes contra Imperio Otomano
Cap. IV: Asesinato del Archiduque de Austria desata la Primera Guerra Mundial
Cap. V: Imperio Austrohúngaro declara la guerra a Serbia y se inicia la primera conflagración mundial
>>> Seguir Leyendo... >>> Cap. VI: Alemania castiga duramente a rusos e ingleses en primeras batallas de I Guerra Mundial
Cap. VII: Franceses salvan a París y a Europa de ocupación alemana en Batalla de Marne
Cap. VIII: Tropas alemanas del II Reich expulsan al ejército ruso de la Prusia Oriental
Cap. IX: Rusos expulsan a austrohúngaros de Galitzia (Polonia) y les causan más de 300 mil bajas
Cap. X: Lemberg, la más grande batalla del Frente Oriental que lapidó a Austrohúngría
Cap. XI: Fortaleza austrohúngara de Przemysl soportó asedio militar de 133 días
Cap. XII: Submarino alemán torpedea y hunde a vapor inglés y causa muerte de 1,198
Cap. XIII: Submarino alemán hundió con torpedos a 3 cruceros ingleses
Cap. XIV: Turcos derrotan a los aliados en la batalla de Galípoli
Cap. XV: Batalla de Jutlandia, el más grande combate naval de la I Guerra Mundial
Cap. XVI: Batalla de Somme, una de las más grandes carnicerías de la I Guerra Mundial
Cap. XVII: Batalla de Verdún, la más larga y sangrienta de la I Guerra Mundial
Cap. XVIII: Bolcheviques derrumban el Imperio Ruso y lo sacan de I Guerra Mundial
Cap. XIX: Revolucionarios hunden al káiser y Alemania se rinde en I Guerra Mundial
Cap. XX: Tratado de Versalles impuso la paz y humillantes sanciones a Alemania


Las causas profundas de la Gran Guerra: la visión de dos historiadores

Por Alejandra Jara | AFP

¿Quién es responsable del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial? Los historiadores Gerd Krumeich, de la Universidad de Dusseldorf, y John Horne, del Trinity College (Dublín), dieron a conocer sus opiniones respecto a este tema.

Gerd Krumeich:

“Me parece innegable que los que aprietan el botón de ‘guerra’ son los alemanes, al rechazar, desde que empieza hasta que se termina la crisis provocada por el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, cualquier negociación que permita a Serbia sobrevivir ante la presión guerrera de Austria-Hungría.

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“El gobierno austríaco decide aprovechar el atentado para someter a Serbia, que se ha convertido en un vecino alarmante que defiende ideas ‘panserbias’ que pueden llegar a desintegrar el imperio multinacional austrohúngaro.

Alemania, aliada de Viena, considera que lo que está ocurriendo brinda una excelente oportunidad de poner a prueba las intenciones rusas: si Rusia protege a Serbia contra Austria-Hungría, habrá guerra (una guerra que Berlín cree en ese momento poder ganar). Si, por el contrario, Rusia no interviene y deja a las fuerzas austro-húngaras aplastar a Serbia, San Petersburgo saldrá debilitada de la crisis y será mejor aún.

“Los militares alemanes son los inspiradores de ese cálculo, al afirmar sin cesar que una guerra europea es ineluctable y que sería preferible para Alemania intervenir lo antes posible. Las otras potencias deducen que Berlín, que hace caso omiso de todos los intentos de conciliación, quiere la guerra.

“Rusia, reforzada por el apoyo de Francia durante la crisis, se arriesga a optar por un respuesta dura, con la esperanza de intimidar a Viena, y se convierte en el primer país que decreta una movilización general, aunque sigue proponiendo negociar.

“En realidad, esta movilización pone en marcha el plan de guerra alemán, el ‘Plan Schlieffen’, que prevé que Alemania, ante una amenaza rusa, ataque primero y venza rápidamente a Francia, para luego concentrar todas sus fuerzas contra Rusia, evitando así la pesadilla de una guerra en dos frentes”.

John Horne:

“Todos aquellos que aceptaban que Europa estuviera dividida en dos bloques armados, así como la idea de que la guerra era un instrumento político aceptable -o incluso una necesidad darwiniana- son parcialmente responsables.

“Pero el papel de los austríacos y, por sobre todo, de los alemanes (una acción austríaca sin su aprobación era impensable) es fundamental.

“No obstante, hay que poner el tema de las responsabilidades en el contexto de los conflictos y equilibrios europeos de aquella época. Este tema adquiere una importancia crucial sobre todo después de la guerra, ante la desproporción entre las causas del conflicto y sus consecuencias, que conmocionaron al mundo”.


Fuente: La Nación de Colombia.


Julio de 1914, el mes en que todo se precipitó

La ceguera y los errores de las potencias europeas tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo, desencadenaron una guerra que barrió con el viejo orden mundial.

Los dirigentes europeos pensaron hasta último momento que podrían evitar un conflicto generalizado, como ya lo habían hecho en los Balcanes o en Marruecos.

Pero, más o menos conscientemente, en ese verano de 1914 cada país temía una agresión y desconfiaba más que nunca de los demás. Tampoco ayudó la existencia de un rígido sistema de alianzas de bloques.

Sólo faltaba una chispa para provocar el gran incendio.

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Esa chispa la encendió el 28 de junio el estudiante nacionalista serbobosnio Gavrilo Princip, autor de los disparos que acabaron con la vida del heredero del imperio austrohúngaro.

La prensa europea se hizo eco ampliamente del atentado, pero este nuevo sobresalto balcánico no preocupó demasiado a la opinión pública, sobre todo si se tiene en cuenta que la primera reacción de Viena parecía más bien moderada.

Austria, que acusaba desde hacía tiempo a Serbia de apoyar a los nacionalistas eslavos del Imperio, tras varios días de reflexión decidirá invocar el incidente para restablecer su autoridad en la región y dar una lección a su díscolo vecino.

El 5 de julio, cuando los aliados ruso y francés de Serbia, conscientes de una posible escalada, pedían prudencia a Belgrado, Alemania dio en secreto su apoyo incondicional a un memorando que le había presentado su aliado austriaco sobre la necesidad de eliminar el poderío serbio en los Balcanes.

Este "cheque en blanco" de Berlín convenció a Viena de que lo mejor era la vía militar contra Belgrado, pese al riesgo de que Rusia saliera en defensa de su protegido eslavo. Es "un salto a lo desconocido", declaró entonces el canciller alemán Bethmann-Hollweg a su entorno.

En un intento de contener el conflicto, Alemania instó a su aliado austriaco a actuar rápidamente, en la estela de oleada de reprobación procedente de todas las capitales tras el atentado.

Pero Viena tardaría diez días en pergeñar una estrategia, y después esperaría aún la conclusión de la visita del presidente francés Raymond Poincaré a Rusia, los días 21 y 22 de julio, con la idea de complicar una eventual concertación francorrusa antes de dar el siguiente paso.

Por ello hubo que esperar al 23 de junio, casi un mes después del atentado, para que Viena diera a Serbia un ultimátum.

"Aunque no se había olvidado el atentado de Serajevo, muchos lo habían archivado", dice el historiador Jean-Jacques Becker.

El presidente Poincaré viajaba tranquilamente a Francia a bordo de un barco de la Marina nacional, y escribió en su diario: "Travesía agradable".

Viena dio un ultimátum difícil de aceptar, con el fin de tener un pretexto para llevar a cabo una acción militar contra Belgrado. Consciente de lo que estaba en juego e impelida a la moderación por París y Moscú, Serbia aceptaría nueve de los 10 puntos el 25 de julio.

El propio Guillermo II, partidario de dar una lección, consideró que Austria había obtenido lo que quería y no ya no había razones para la guerra.

Pero por razones poco claras, la opinión del káiser llegaría tarde a Viena, y mientras tanto, el jefe del Estado Mayor alemán Helmuth von Moltke empujó a su homólogo austriaco Franz Conrad von Hötzendorf a actuar, reiterándole el apoyo de Berlín.

Muchos historiadores consideran que el papel de Moltke, partidario declarado de una guerra preventiva contra Francia y Rusia, fue crucial en el inicio de la contienda.

Las cancillerías europeas se despertaron: Londres propuso el 26 de julio una conferencia internacional con Francia, Italia y Alemania. El mismo día, Berlín pidió a Francia -que mostró una pasividad sorprendente durante toda la crisis de julio- que presionase a Rusia para que no interviniera. París aceptó a condición de que Berlín hiciera otro tanto con Austria, lo que Alemania rechazó.

El canciller Bethmann-Hollweg parecía resignado a una guerra total: "Una fatalidad más fuerte que el poder del hombre planea sobre Europa y sobre el pueblo alemán", escribió el 27 de julio.

El 28, Austria declaró la guerra a Serbia y bombardeó Belgrado. Todo se aceleró.

Al día siguiente, Guillermo II inició un diálogo directo con Nicolás II. Ambos se pedían que renunciaran a movilizar sus fuerzas para frenar la escalada. Pero su intercambio de mensajes, a veces un surrealistas, no dio ningún resultado.

El 30, pese a la advertencia de los alemanes, Rusia, que quería disuadir a Viena de proseguir su ataque contra Serbia, decretó la movilización general sin tomarse la molestia de consultar con Francia, su aliada militar.

En cambio, París, en un gesto destinado a tranquilizar a Alemania, hizo retroceder sus tropas 10 km de las fronteras.

Pero al día siguiente, Austria-Hungría respondió a la movilización general rusa con una movilización similar.

Alemania hizo lo propio el 1 de agosto y le siguió Francia.

Poincaré proclamó entonces: la "movilización no es la guerra". Pero el Estado Mayor alemán, obsesionado por el peligro de que la alianza francorrusa rodease Alemania, que consideró la movilización rusa como un motivo de guerra, obtuvo la luz verde del káiser para provocar un conflicto general, según un viejo plan: lanzar de entrada todas las fuerzas alemanas contra Francia para aplastarla en unas semanas, antes de dirigirlas a Rusia.

A las 19H00 del 1º de agosto, Alemania declaró la guerra a Rusia. El 3, entró en guerra contra Francia y las tropas alemanas invadieron Bélgica. Al día siguiente, Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania por violación de la neutralidad belga.

Había empezado la Primera Guerra Mundial. En cuatro años, dejaría diez millones de muertos y 20 millones de combatientes heridos, así como decenas de millones de víctimas civiles muertos, heridos o desplazados.


Fuente: Terra Perú/ AFP.


Los principales protagonistas de la crisis del verano de 1914

Algunos de los principales protagonistas de la crisis que llevó a Europa a la guerra tras el atentado del 28 de junio de 1914 en Sarajevo y la invasión alemana de Bélgica el 3 de agosto:

- Gavrilo Princip (1894-1918): Estudiante nacionalista serbio de Bosnia-Herzegovina, entonces bajo dominio austrohúngaro, mató a tiros el 28 de junio de 1914 en Sarajevo al heredero del trono del Imperio Austrohúngaro, el archiduque Francisco Fernando, y a su esposa Sofía.

Este atentado desencadenó el engranaje diplomático-militar que desembocó en la Primera Guerra Mundial. Muerto de tuberculosis en abril de 1918 en la cárcel, ha sido considerado como un héroe en la Yugoslavia monárquica, la de Tito, y en la Serbia actual.

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- Francisco Fernando de Austria (1863-1914): Heredero del emperador Francisco José, este archiduque de Austria era favorable al federalismo para reemplazar el dualismo austrohúngaro. Fue asesinado con su esposa Sofía en Sarajevo el 28 de junio de 1914 por el estudiante nacionalista serbobosnio Gavrilo Princip.

Su asesinato, debido al juego de rivalidades y alianzas entre las grandes potencias, desencadenó la Primera Guerra Mundial.

- Francisco José (1830-1916): Emperador de Austria y rey de Hungría. Este Habsburgo, viudo de la célebre Sisi, es en 1914 el decano de los soberanos europeos. Tras llegar al trono de Austria luego de la revolución de 1848, reinó como monarca absoluto antes de verse obligado a realizar una política más liberal.

Al declarar la guerra a Serbia el 28 de julio de 1914, un mes después del asesinato de su sobrino y heredero Francisco Fernando en Sarajevo, activó la crisis militar que precipitaría el conflicto mundial. Murió durante la guerra, en noviembre de 1916.

- Guillermo II (1859-1941): Último rey de Prusia y emperador de Alemania. Nieto por parte de madre de la reina Victoria, subió al trono en 1888 y echó a Bismarck. Apoyándose en el campo conservador, el káiser puso en marcha una política expansionista y colonialista.

Aunque era primo de Nicolás II, rompió la alianza tradicional con Rusia para acercarse a Austria y a Italia. Tras fomentar la intransigencia austriaca, y bajo presión de su estado mayor, transformó la crisis austroserbia en conflicto mundial al declarar la guerra a Rusia el primero de agosto, después a Francia el 3 e invadir Bélgica el mismo día. Se vio obligado a abdicar el 9 de noviembre de 1918 y a exiliarse en Holanda.

- Nicolás II (1868-1918): Último zar de Rusia. Sucesor de Alejandro III, subió al trono en 1894 y confirmó la alianza franco-rusa.

En 1904-1905 metió a su país en la desastrosa guerra ruso-japonesa que provocó la primera revolución rusa. Su decisión de decretar una movilización general contra Austria el 30 de julio de 1914 llevó a Alemania a entrar en guerra. Nicolás II se vio obligado a abdicar en la "revolución de febrero" en 1917, y fue asesinado junto a su esposa e hijos por los bolcheviques el 17 de julio de 1918.

- Raymond Poincaré (1860-1934): Presidente del Consejo francés en 1912 y 1913, y de la República hasta 1920. Desde hacía tiempo abogaba por una política de firmeza ante Alemania. Aunque se mantuvo al margen de la crisis del verano de 1914, sus adversarios le colgaron el apodo de "Poincaré la guerra". Defensor del laicismo (valor de izquierda) y el patriotismo (de derecha), este político frío y a menudo presentado como falto de imaginación instó a partir de agosto de 1914 a "la unión sagrada" de todos los franceses. La fórmula tendría un enorme éxito y a partir de 1920 disfrutó de gran prestigio.

- Herbert Asquith (1852-1928): Primer ministro británico de 1908 a 1916, este liberal de convicciones pacifistas intentó mediar sin éxito cuando la crisis empeoraba a finales de julio, lo que hizo pensar a Berlín que Londres se quedaría al margen del conflicto. Sin embargo, estaba convencido de que había que impedir que Alemania --que desafiaba la supremacía naval de Gran Bretaña-- dominara la Europa continental.

La invasión de Bélgica, un país neutral, por las tropas alemanas despejó las últimas dudas de Londres, que se puso del lado de los aliados y declaró la guerra a Alemania el 4 de agosto.

- Alberto I (1875-1934): Rey de los belgas. En el trono desde 1909, tomó parte activa, junto a los aliados, en la Primera Guerra Mundial tanto en el plano militar como en el diplomático, lo que le valió el apodo de "rey caballero". Apasionado por el alpinismo, murió en 1934 en un accidente de escalada.

- Pedro I de Serbia (1844-1921): Este serbio francófilo y liberal se alistó en la Legión Extranjera en 1870, con el nombre de Pierre Kara. Fue entronizado en 1903, pero en junio de 1914, debido a su estado de salud, designa a su hijo Alejandro como príncipe regente, dejándole la responsabilidad de las operaciones militares durante la guerra.

- Enver Pacha (1881-1922): Uno de los jefes de la revolución de los Jóvenes Turcos, se convirtió en miembro de la familia imperial y arrastró al Imperio Otomano al campo de las potencias centrales. Ministro de la guerra y jefe de Estado Mayor, en abril de 1915 dio luz verde a la deportación en masa de armenios otomanos, que dejaría un millón de muertos. Poco después de la victoria de los aliados dimitió y huyó a Alemania. Fue condenado a muerte en ausencia.


Fuente: Terra Perú/ AFP.


Las grandes batallas de la Primera Guerra Mundial

Este año se celebra el centenario del primer conflicto bélico a gran escala que hace un siglo desangró a Europa, transformó al mundo y dejó huellas visibles hasta ahora.

La batalla de Verdún quedó como símbolo del horror de la Primera Guerra Mundial (1914-18), pero las naciones beligerantes recuerdan otros teatros bélicos de ese conflicto que movilizó tropas de todos los continentes y dejó millones de muertos en Europa:

- Primera batalla del Marne (este de París), del 5 al 12 de septiembre de 1914. Una contraofensiva relámpago franco-británica frena el avance de los alemanes, a menos de 40 kilómetros de París, y los hace retroceder hacia el norte en un mes. Esta primera victoria aliada cambia el rumbo de la guerra. Cerca de un millón de soldados franceses y británicos se enfrentan con 800.000 alemanes. Mueren o resultan heridas 250.000 personas de cada uno de los lados. Los franceses la consideran como la batalla que salvó a su país.

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- Batalla de los Dardanelos (1915), nombre del estrecho que da acceso a Estambul y al Mar Negro, cerrado por Turquía al iniciarse la guerra. En febrero, los aliados intentan abrirse paso, atacando el centro del Imperio Otomano, pero sufren un sangriento revés. El 25 de abril, tropas inglesas, neozelandesas, australianas y francesas intentan desembarcar en la península de Galípoli, pero las bloquean las tropas turcas. Mueren 180.000 soldados aliados y 70.000 turcos. No obstante, australianos y neozelandeses conmemoran Galípoli como un acontecimiento fundador, dado que allí combatieron por primera vez bajo los colores de sus respectivas banderas nacionales. Las últimas tropas aliadas son evacuadas el 9 de enero de 1916.

- Batalla de Verdún (1916), considerada por los franceses como el símbolo de la Gran Guerra, por el ensañamiento con el que se combatió y el sufrimiento de los combatientes. El 25 de febrero de 1916, Alemania lanza un gran ofensiva al norte de Verdún (este de París). A partir de junio, los franceses contienen el avance y reconquistan los emblemáticos fuertes de Douaumont (octubre) y Vaux (diciembre). También logran reconquistar la mayor parte del terreno perdido. Se registran más de 300.000 muertos, franceses y alemanes, sobre un total de 770.000 bajas. El osario de Douaumont contiene los restos no identificados de 130.000 soldados franceses y alemanes. No obstante, la propaganda francesa subraya la resistencia y la valentía de sus soldados.

- Batalla del Somme (norte de Francia), la más mortífera (1,2 millones de víctimas y más de 400.000 muertos) del conflicto. Tiene lugar entre julio y noviembre de 1918 y opone a Aliados y alemanes. Las conquistas de los Aliados son ínfimas, pero se trata de una batalla emblemática para los británicos, que registran 20.000 muertos en sus filas el primer día de la batalla, y los alemanes, que resisten, pese al intenso fuego al que son sometidos, tal como hicieran los franceses en Verdún.

- Chemin des Dames (Camino de las Damas), así llamado porque por él pasaban las “Damas de Francia” (las hijas de Luis XV). Una ofensiva francesa, lanzada el 16 de abril de 1917, con el fin de romper el frente alemán, se convierte en un sangriento fracaso (unas 100.000 víctimas francesas en un mes). Se amotinan soldados franceses.

- Segunda batalla del Marne (este de París). Contraofensiva victoriosa de los Aliados con apoyo de tropas estadounidenses, que recurre por primera vez al uso masivo de tanques. Se produce tras cuatro grandes ofensivas alemanas durante la primavera boreal de 1918. La batalla cambia definitivamente el rumbo de la guerra, provocando una retirada alemana en todos los frentes, y desemboca en el armisticio del 11 de noviembre.


Fuente: Terra Perú/ AFP.


Los grandes jefes militares de la Primera Guerra Mundial

Este 2014 se cumple un centenario desde el inicio de la Primera Guerra Mundial, que fue ante todo un enmarañado conflicto europeo cuyo desenlace se jugó en el frente occidental -Francia y Bélgica -, donde tuvieron lugar las principales y más mortíferas batallas.

El conflicto dejó millones de muertos en los otros frentes europeos, como Rusia, los Balcanes o Italia. Y debido al reparto del mundo entre imperios, se extendió a otros continentes: las colonias inglesas se movilizaron, las tropas inglesas y francesas desalojaron a los alemanes de sus implantaciones en África y, en Asia, Japón se apoderó de posesiones alemanas apenas iniciadas las hostilidades, en agosto de 2014.

No obstante, esto también dejó a la historia grandes jefes militares. Del general francés Foch al alemán Hindenburg, pasando por Winston Churchill, he aquí algunos de los líderes del conflicto bélico bélicos que marcaron la Primera Guerra Mundial:

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- Joseph Joffre (1852-1931): A menudo considerado competente pero sin genio, dirigió las tropas francesas del frente occidental en agosto de 1914; su dogma de “ofensiva a ultranza” contribuyó al catastrófico inicio de las operaciones militares de Francia. Imperturbable, logró empero restablecer la situación gracias a una contraofensiva victoriosa en septiembre en la batalla del Marne. Al frente del ejército francés hasta fines de 1916, fue acusado de agotar a las tropas en incesantes ofensivas tan mortíferas como infructuosas, y fue empujado a la dimisión. No obstante, tuvo funerales nacionales.

- Robert Nivelle (1856-1924): especialista francés de la artillería, brillante pero rígido, logró en 1916 en Verdún recuperar el terreno perdido frente a los alemanes. Fue entonces muy popular y el gobierno lo eligió para remplazar a Joffre en el frente occidental. En mayo de 1917, su obstinada decisión de proseguir la desastrosa ofensiva del Chemin des Dames, con un costo de miles de muertos, provocó amotinamientos en el ejército francés. Depuesto, encarnó la imagen del general “carnicero”, indiferente a la vida de sus soldados. Murió en 1924 en medio de la indiferencia general.

- Philippe Pétain (1856-1951): coronel y a punto de jubilarse en 1914, se encontró en 1915 en plena ofensiva de Champaña, y sobre todo en 1916 en el frente de Verdún, donde logró contener la ofensiva alemana. Con reputación de oficial prudente y atento a la vida de sus hombres, sucedió a Nivelle en 1917 en el frente occidental. Puso fin a las grandes ofensivas mortíferas, en espera de la llegada de refuerzos norteamericanos y de tanques. Sumamente popular entre los excombatientes, fue llamado para dirigir el gobierno tras la derrota militar francesa de junio de 1940, al empezar la Segunda Guerra Mundial, y presidió el régimen colaboracionista con la Alemania nazi instalado en Vichy. Condenado a muerto después de la Liberación de Francia, fue indultado y murió a los 95 años.

- Ferdinand Foch (1851-1929): director de la Escuela de Guerra francesa entre 1907 y 1911, participó en las batallas de Lorena y del Marne. Después de la crisis de 1917, fue nombrado comandante en jefe del ejército francés y luego de todas las fuerzas aliadas, a las que llevó a la victoria de 1918. Al igual que Joffre, no tenía fama de ser un estratega excepcional, pero su competencia le permitió ser entonces el hombre adecuado para la situación. El armisticio de Rethondes es obra suya en gran parte. Encabezó las tropas aliadas en el desfile de la victoria del 14 de julio de 1919.

- Winston Churchill (1874-1965): diputado desde 1900, ocupó varios puestos ministeriales en el gobierno británico. Fue nombrado primer lord del Almirantazgo (ministro de la Marina) en 1911. Desde fines de 1914, dudaba de que fuera posible avanzar en el frente occidental y buscó otros teatros de operación: fue la desastrosa expedición de los Dardanelos (febrero de 1915 – enero de 1916) que fracasó y dejó un saldo de 180.000 muertos en las filas aliadas. Churchill debió dimitir y pidió ser trasladado al frente oeste de Francia. Allí dirigió un batallón, antes de volver a Londres, como secretario de Guerra (1917-1922). Fue primer ministro de 1940 a 1945, y llevó a Gran Bretaña a la victoria en el siguiente gran conflicto, la Segunda Guerra Mundial.

- Horatio H. Kitchener (1850-1916): ministro británico de la Guerra en 1914, célebre por su talento de organizador, logró en poco tiempo organizar un ejército, aumentando las fuerzas británicas de 170.000 soldados en 1914 a 1,3 millones en 1915. Murió en 1916 cuando una mina hizo estallar su barco frente a las costas escocesas.

- Douglas Haig (1861-1928): comandante en jefe de las tropas británicas en el frente francés de 1915 a 1918. Principal responsable del fracaso en 1916 de la batalla del Somme, la más cruenta de la guerra, fue apodado “el carnicero” por los soldados.

- Thomas Edward Lawrence (llamado Lawrence de Arabia) (1888-1935): oficial de enlace británico, arqueólogo, arabista y de carácter aventurero, desempeñó un papel importante (aunque controvertido) en el desencadenamiento en 1916 de la “revuelta árabe” contra el Imperio Otomano. Su acción de guerrilla junto a las tropas beduinas fue inmortalizada en la película “Lawrence de Arabia” dirigida por David Lean en 1962.

- Paul von Hindenburg (1847-1934): uno de los generales alemanes más célebres de la Primera Guerra Mundial, junto con su adjunto Ludendorff. En agosto de 1914 comandaba las fuerzas alemanas en Prusia oriental, donde, después de reveses iniciales, ganó en septiembre la decisiva batalla de Tannenberg contra los rusos. Fue nombrado jefe del estado mayor del ejército dos años después, y lo siguió siendo hasta el fin del conflicto, imponiendo un poder absoluto de las fuerzas armadas en el país. Aunque era monárquico, aconsejó a Guillermo II que abdicara y se exiliara en noviembre de 1918, en vísperas del armisticio. Jefe de Estado después de la guerra, fue quien designó canciller a Hitler en enero de 1933.

- Erich Ludendorff (1865-1937): fue inicialmente jefe del estado mayor de Hindenburg y colaboró con él hasta el fin de la guerra; Lundendorff tenía 17 años menos que su superior, pero se lo considera como la cabeza pensante del dúo, que ejercía una fuerte presión sobre el poder civil del canciller Bethmann-Hollweg, obligado a dimitir en julio de 1917. Partidario de la guerra a ultranza, no previó empero la entrada de Estados Unidos en el conflicto. Tras el hundimiento militar del verano de 1918, abogó por el armisticio y dimitió para dejar a los civiles la responsabilidad de la capitulación.

- Erich von Falkenhayn (1861-1922): general alemán, ministro de la Guerra en 1913, sucedió en 1914, después de la derrota alemana en la batalla del Marne, a Helmuth von Moltke en el puesto de jefe de estado mayor conjunto. Su fracaso en Verdun en 1916 llevó a su dimisión y su remplazo por Hindenburg. Comandó luego tropas en Rumania (1916) y en Palestina (1917-1918).

- John Pershing (1860-1948): jefe del cuerpo expedicionario estadounidense que desembarcó en Francia en junio de 1917. Las tropas norteamericanas, que necesitaban ser entrenadas, combatieron solamente a partir de la primavera boreal de 1918. Bajo el mando del general Pershing, el primer ejército estadounidense libró batalla en Saint-Mihiel y lanzó una ofensiva en el Mosa y en Argonne en septiembre-octubre. Cuando empezaron las negociaciones sobre el armisticio, Pershing era partidario de seguir la guerra hasta la capitulación de Alemania.

- Aleksei Alekseievich Brusilov (1853-1926): considerado uno de los mejores generales rusos, ganó fama a raíz de la gran ofensiva victoriosa rusa de 1916 contra las tropas austro-húngaras en Galitzia. Comandante en jefe de las fuerzas armadas rusas en 1917, se unió a los bolcheviques después de la Revolución de Octubre.


Fuente: Terra Perú/ AFP.


Los diez momentos clave del verano de 1914

El sesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del imperio austrohúngaro, o las batallas del Marne y de Tannenberg (en la actual Polonia), son algunos de los momentos más importantes del verano de 1914.

- 28 de junio: Asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo en Sarajevo por el estudiante nacionalista serbobosnio Gavrilo Princip. Un mes después, Austria-Hungría declara la guerra a Serbia. La guerra se va extendiendo en una reacción en cadena motivada por las alianzas entre potencias.

- 5 de julio: Alemania aporta su apoyo a Austria.

- 28 de julio: Austria declara la guerra a Serbia y bombardea Belgrado, tras haberle dado un ultimátum el 23 de julio.

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- 30 de julio: Rusia ordena una movilización general para intimidar a Austria.

- 1 de agosto: Movilizaciones generales en Alemania y Francia. Berlín declara la guerra a Rusia ese mismo día.

- 3 de agosto: Alemania declara la guerra a Francia y las tropas alemanas invaden Bélgica. Un día después, Gran Bretaña declara la guerra a Alemania por haber violado la neutralidad de Bélgica.

- 17 de agosto: Ofensiva rusa en Prusia oriental. Las fuerzas alemanas se baten en retirada, sorprendidas por la rapidez y el alcance del ataque, y envían refuerzos del frente occidental.

- 18/22 de agosto: "Batalla de las Fronteras" y derrota del ejército francés, que pierde 27.000 hombres el 22 de agosto, el día más mortífero de toda su historia.

- 26/30 de agosto: Contraofensiva victoriosa de los alemanes en Prusia oriental. Aplastan al ejército ruso en Tannenberg, con lo que ganarán tiempo para reforzarse en el frente oriental para luego neutralizar a las tropas rusas. Pero todo eso será en detrimento del frente occidental.

- 4/10 septiembre: Cuando los alemanes ya se están acercando a París, las tropas del general Joseph Joffre los detienen en el Marne y los obligan a replegarse hacia el norte. Esta primera gran victoria francesa, que cambia el curso de la guerra, causó un total de medio millón de víctimas en los dos bandos. Los dos ejércitos, debilitados por los combates y escasos de municiones, no podrán lanzar grandes ofensivas hasta la primavera de 1918.


Fuente: Terra Perú/ AFP.


Diez libros sobre la Primera Guerra Mundial que todos deberían leer

“Las lámparas se apagan en toda Europa.
No volveremos a verlas encendidas antes de morir”

Edward Grey, ministro británico de Exteriores (1914)

Ahora que empezó el 2014, conviene tener muy presente que este será un año pródigo en conmemoraciones. La más importante y significativa de todas será, sin el menor asomo de duda, la del centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, o la Gran Guerra como también se le conoce. Así, la lluvia de publicaciones, exposiciones, congresos y todo tipo de actividades sobre aquel “largo túnel de sangre y oscuridad”, como la denominó André Gide, estarán, casi seguro, a la orden del día y de manera abrumadora. Un poco para sumarnos a esta conmemoración les alcanzo una lista sobre “Los Diez libros sobre la Primera Guerra Mundial que todos deberían leer”. No es una lista, como podrán darse cuenta, para especialistas sino una dirigida a un gran público destinada a ayudarlo a conocer y comprender esa conflagración mundial. Tampoco es una lista exhaustiva, pero sí una bastante recomendable para conocer más y mejor la “guerra que acabaría con todas las guerras” y que, sin embargo, inauguró un siglo de conflictos tan demenciales como atroces.

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1. Los cañones de agosto (1962), de Barbara W. Tuchman. Es, de lejos, el libro que toda persona interesada en esta contienda debería leer. Y si no le interesa la guerra, debería leerlo de todos modos porque se trata de uno de los libros de historia mejor escritos de todos los tiempos. Aunque se centra, como su nombre lo indica, en los primeros días de la conflagración es el libro que mejor ayuda a entender cómo y por qué se inició la guerra. Un auténtico clásico que nadie debería dejar de leer. Y si luego de leerlo queda convencido del extraordinario talento narrativo y expositivo de Tuchman, busque el resto de sus libros. No tienen pierde.

2. La Primera Guerra Mundial (1994), de Martín Gilbert. Gilbert, un reconocido historiador militar inglés y biógrafo de Churchill, es autor de muchos libros apreciados por los especialistas, pero es por esta obra que ganó un reconocimiento público y académico mundial. Aunque su voluminoso número de páginas puede desanimar a cualquiera, quien empiece a leerla se dejará arrastrar por su lectura como la mejor de las novelas. Erudito, completo, emotivo, pormenorizado, el libro de Gilbert es una auténtica enciclopedia sobre el tema que, pese a los numerosos libros aparecidos desde el año de su publicación, no ha sido superado. Tanto es así que ni el propio Gilbert pudo superarse a sí mismo cuando intentó una historia de la Segunda Guerra Mundial en dos tomos, la cual está muy por debajo del nivel de esta magnífica obra.

3. Sin novedad en el frente (1929), de Erich Maria Remarque. No solo los libros de historia cuentan el horror y la crueldad de la guerra de manera fidedigna y diligente. Esta novela, considerada la obra antibelicista por excelencia, es un alegato contra la guerra como pocas veces se ha escrito. Desde su publicación en 1929, muchas generaciones, a lo largo y ancho del mundo han bebido de sus ideales que no son otros que el rechazo a todas las mentiras y embustes que se tejen alrededor del patriotismo, la guerra y la vida militar. Su popularidad le ha merecido ser llevada al cine en dos ocasiones y a la televisión en una (hasta donde yo recuerdo) con distintos resultados. Pero nada empaña el mensaje que entrañan sus páginas: la guerra es nauseabunda, inmoral y embrutecedora. Sobre todo, esto último. El mejor homenaje y reconocimiento que este pequeño libro recibió provino de los nazis, que lo prohibieron y quemaron miles de sus ejemplares en 1933 acusándolo de pervertir el espíritu de los jóvenes germanos.

4. La marcha Radetzky (1932), de Joseph Roth. Aunque la novela se centra en la historia de una aristocrática familia austro-húngara desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX, en realidad sus páginas encierran el canto del cisne de un mundo y sus valores sociales y culturales que sucumbieron tras finalizar la guerra. Las tres grandes dinastías que desaparecieron - los Hohenzollern, los Habsburgo y los Romanov- y los cuatro imperios que se derrumbaron - el de los zares, el otomano, el alemán y el austro-húngaro – encuentran en la historia de la familia Trotta el capítulo final de un desmoronamiento tan inevitable como dramático. Es una de las grandes novelas históricas y políticas del siglo XX y una de las mejor escritas el siglo pasado. Solo Thomas Mann eclipsa la obra de Roth con su monumental “Los Buddenbrook”. Nada menos.

5. La Gran Guerra, 1914-1918 (1968), de Marc Ferro. De todos los manuales u obras de síntesis que existen sobre la Primera Guerra Mundial, destaca esta obra que ha conocido tantas ediciones y reimpresiones como traducciones. Un honor bastante merecido porque Ferro va más allá del facilista método de presentar de manera apretada y cronológica una lista de batallas y personajes que finalmente no dicen nada. Ferro compone, en poco más de 300 páginas, una obra que analiza tanto los aspectos militares como las cuestiones económicas, geopolíticas y hasta sicológicas y morales de un conflicto que cambió el mundo para siempre, pero que no se libra de las simpatías y prejuicios que el autor no se molesta en ocultar. Con todo, sigue siendo una obra imprescindible aunque algunos títulos nuevos aparecidos recientemente la hayan superado (y con creces).

6. Adiós a las armas (1929), de Ernest Hemingway. Otra novela fundamental ambientada en la Gran Guerra. Aunque fue la obra que lo consagró, no es uno de mis títulos relevantes de Hemingway, pero su enorme popularidad obliga a incluirla en esta lista (yo hubiera preferido hablar, por ejemplo, de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, de 1916, de Vicente Blasco Ibáñez, pero en ocasiones hay que hacer concesiones). Es una novela casi autobiográfica, en donde Hemingway narra la historia de amor del voluntario estadounidense Fredrerick Henry con la enfermera inglesa Catherine Barkley, enmarcada en la conflagración mundial lo que le permite al autor explayarse en todos los tópicos que caracterizan su obra: el idealismo de la guerra, el heroísmo y la virilidad de sus personajes y el destino trágico de sus héroes. Como ocurrió con la novela de E. M. Remarque, ha conocido varias adaptaciones cinematográficas con desiguales resultados.

7. Los siete pilares de la sabiduría (1926), de T. E. Lawrence. Otro voluminoso título (un auténtico bodoque de casi mil páginas sobre la campaña inglesa en la península arábiga durante la guerra) cuya lectura puede resultar pesada para cualquiera, pero que no defrauda a quien asuma el reto. A camino entre el libro de historia, las memorias y la novela de aventuras, Los siete pilares cautivaron a toda una generación y gozó de una fama y un reconocimiento en su momento que hicieron mundialmente famoso a su autor. El gran David Lean hizo una magnífica versión cinematográfica del libro, “Lawrence de Arabia”, que contribuyó todavía más a engrandecer la fama de Lawrence. Un dato curioso respecto del libro y su versión cinematográfica es que en esta última el pudor de Lean disimula muy bien, apenas insinúa, ‘lo que le hicieron los turcos’ a Lawrence cuando este fue capturado, pero que el aventurero inglés describe con vívidos detalles en las páginas del libro. Pero si a pesar de lo dicho solo se conforma con ver la película, por lo menos lea la versión abreviada que el propio Lawrence hizo de su libro, “Rebelión en el desierto”, pero que es difícil de hallar.

8. Todo lo que debe saber sobre la I Guerra Mundial (2007), de Jesús Hernández Martínez. Otro libro manual que no tiene pierde, aunque desde mi punto de vista bastante inferior al de Ferro. Pero lo firma un autor, historiador y periodista, que se ha especializado en esta clase de libros-resumen o “Breve historia de…” y en los que se ha vuelto un auténtico experto. La prueba de ello es este, que es el mejor de todos los que ha publicado (casi todos los que ha escrito son sobre la Segunda Guerra Mundial), y que, como ya es habitual en él, está repleto de múltiples anécdotas y datos poco conocidos sobre la contienda que hacen amena su lectura. Por cierto, se consigue fácilmente en Lima.

9. Los siete pecados capitales del imperio alemán en la Primera Guerra Mundial (2006), de Sebastián Haffner. De todos los libros importantes aparecidos en los últimos años sobre la Primera Guerra Mundial, he escogido este que ya tiene un buen tiempo (y relativo éxito) en los escaparates de nuestras librerías (hasta donde sé, el publicitado libro de Margaret MacMillán, “1914. De la paz a la guerra”, todavía no ha llegado a Lima y el de Max Hastings, “1914. El año de la catástrofe”, tiene un precio casi obsceno -algo realmente lamentable porque Hastings es uno de los historiadores militares más interesantes de los últimos tiempos). Como su nombre lo indica, Haffner compone siete ensayos sobre siete errores que causaron la ruina de Alemania y en los que la característica común es que acaba con varios mitos sobre la derrota alemana y la famosa “puñalada por la espalda” que divulgaron los nazis para ganar popularidad e iniciar su carrera de odio contra los judíos. Sin exagerar, un clásico moderno (al menos para mí).

10. La caída de los gigantes (2010), de Ken Follet. Primera parte de una trilogía con la que el famoso autor inglés de best sellers pretende recrear, literariamente, los grandes acontecimientos bélicos del siglo XX. No es lo mejor que ha escrito (siempre preferiré su “Los pilares de la tierra” a cualquier título que haya publicado o publique) y tampoco un libro imprescindible para entender la conflagración mundial, pero es un libro que resulta interesante a ratos y que incluyo en esta lista porque es la novela más importante sobre la Gran Guerra que se ha publicado últimamente. Tiene ese aliento e intención épicos (o al menos lo intenta) que se deja extrañar en las novelas actuales.

Ojalá disfruten la lectura de uno o más libros de esta lista, como yo los disfruté en su momento. Tienen todo el año para hacerlo.

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Diez películas sobre la Primera Guerra Mundial que no puedes no haber visto

"El cine sirve como puente para entender mejor la Historia"
Ridley Scott (2005)

No voy a discutir la aserción del maestro Ridley Scott, con la cual disiento ligeramente, pero sí me gustaría señalar que muchos de sus colegas deben estar convencidos de lo que afirma. Si uno consulta cuántos son los títulos de género histórico que registra el sitio Internet Movie Data Base (IMDB), se encontrará con la asombrosa cifra de más de 3,963 películas. De estas, poco más de 350 tienen como argumento central a la Primera Guerra Mundial o están ambientadas en el contexto histórico de ese conflicto. Ante tan abrumadora cifra, uno no puede dejar de preguntarse si en verdad una película puede recrear o reconstruir un suceso histórico de manera fidedigna y ayudar a entenderlo o si solo el drama de su desarrollo es un excelente filón para encontrar una historia que contar durante un par de horas en la pantalla grande. Aunque la polémica se ha alimentado a lo largo de los años (y seguirá así por tiempo indefinido), es un hecho indiscutible que el cine seguirá recurriendo a la historia para encontrar en ella las grandes épicas de las que hoy ya nadie es testigo. Que se ajuste o no a ‘la verdad de los hechos’ es otro asunto (Alejandro Dumas solía decir, casi jactanciosamente, que “la verdad histórica es una chica guapa a la que podemos violar a condición de darle hijos hermosos”), pero que en el caso de la Gran Guerra ha servido para brindarnos obras maestras imperecederas dignas de tener en cuenta este año en que se celebra el centenario de su inicio. Solo un comentario final: el título de esta nota no resulta gratuito. No hay persona interesada en la historia o en el cine o en ambos que no haya visto alguna vez estas películas en el cable, un cineclub o en la comodidad de su casa cuando, en una época muy remota, los canales de señal abierta solían pasar películas de calidad (algo que hoy resulta inimaginable). Así que, para salvar mi honor, solo agregaré que esta no es una lista canónica sino estrictamente personal, orientada a aquellos que saben de ese conflicto lo poco (y mal) que aprendieron en la escuela.

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1. Armas al hombro (1918), de Charles Chaplin. Reseñar una película de Chaplin siempre será una tarea ardua, pero reseñar en particular esta lo es todavía más porque se trata de una comedia sobre un asunto muy serio como es la guerra. Pero solo Chaplin es capaz de arrancar risas de un drama sin banalizarlo, sin simplificarlo al punto de reducirlo a una caricatura como lo hizo, por ejemplo, Benigni con la Segunda Guerra Mundial en “La vida es bella”. La solución que encontró para hacerlo es igual de sencilla como su personaje Charlot. No es una de sus películas más vistas, pero sí una en la que podemos apreciar todo su arte y genialidad como en sus obras icónicas. Está disponible completa en Youtube.




2. El gran desfile (1925), de King Vidor. Esta película, filmada cuando el cine recién empezaba su vertiginosa existencia, es de una belleza conmovedora. No exagero si digo que es casi un poema. Es una película de la que muchos hablan y pocos han visto porque es difícil hallarla. En Youtube existen fragmentos dispersos de ella que difícilmente ayudan a apreciarla como merece. Pero quien la ve no olvidará nunca la historia del niñito bien, miembro de una acomodada familia sureña que, para impresionar a la novia, parte a la guerra en donde se hará hombre, se convertirá en un mutilado de guerra y descubrirá el auténtico amor en los brazos de una campesina. Un descubrimiento que alcanza el de la hipocresía de una clase social de la que ya no se siente parte. Los mejores ciento cuarenta minutos del cine mudo que haya disfrutado y que se pasan como un suspiro.




3. Sin novedad en el frente (1930), de Lewis Milestone. Basada en la famosa novela homónima de Erich Maria Remarque, es la primera y mejor de las dos adaptaciones que se han hecho de este famoso libro y, por eso mismo, el mejor homenaje que ha recibido (hay también una versión para televisión que no merece mayor recordación). La historia de un grupo de amigos que se enlistan para ir a la guerra seducidos por los discursos de un profesor, y que en el frente de guerra sufrirán una progresiva transformación y degradación, tanto de sus ánimos y espíritus como de su propia humanidad, es la mejor guía para descubrir que detrás del patriotismo (“el último refugio de los canallas”) y el heroísmo de la guerra hay, además de sangre y muerte, dolor, hambre, frío, lodo, piojos, ratas y más muerte. La película está plagada de escenas antológicas (como la maravillosa escena final o la de la trinchera con el soldado muerto) que a uno se le quedan en la retina por mucho tiempo. Los nazis odiaban tanto al libro y a la película que consiguieron evitar la emisión de esta en Alemania y, cuando llegaron al poder, en 1933, quemaron miles de ejemplares de la novela. Si la va a comprar en el pasaje 18 de P.A., asegúrese de que sea la versión restaurada de 1998.




4. La gran ilusión (1937), de Jean Renoir. La obra maestra del gran director francés, por encima incluso de su majestuosa “La regla del juego” (1939). Esta magnífica realización francesa es al cine lo que “La marcha Radetzky” (1932), de Joseph Roth, es a la literatura: La historia de la decadencia y desintegración de una clase social y un mundo, representada por la historia de dos aristocráticos capitanes franceses que caen prisioneros en manos de otro no menos aristocrático comandante alemán y que están convencidos, tanto los prisioneros como su captor, que su condición social los coloca, en la guerra y en las consecuencias de esta, por encima del resto de los hombres. La profunda reflexión a la que esta película invita va más allá del tema de la guerra, lo que explica porque siempre aparece en las listas de las mejores películas de la historia. Dato no menos importante es el de que el comandante alemán es protagonizado por Erich von Stroheim, el director y actor de origen austriaco que hace de ex director de cine caído en desgracia que trabaja como chófer y mayordomo de una antigua estrella del cine mudo (Gloria Swanson), en la famosa película “El crepúsculo de los dioses” (1950), de Billy Wilder.




5. El Sargento York (1941), de Howard Hawks. Cuando la vi por primera vez me pareció de una candidez enorme. Cada vez que la vuelvo a ver sigo pensando que es una película muy edulcorada, la típica gringada sobre el héroe y los valores americanos en la guerra a lo que nos tiene acostumbrado Hollywood, pero eso no evita que uno vuelva a ella, inevitablemente, cada cierto tiempo. ¿Cuál es el secreto de esta película que hasta Tarantino no puede evitar referirse a ella en “Bastardos sin gloria”? Pues, que en el fondo todos quisiéramos ser ese héroe sencillo y rudo que fue Alvin York y realizar las hazañas que logró casi sin despeinarse.




6. Senderos de gloria (1957), de Stanley Kubrick. De todas las películas que se han filmado sobre la Primera Guerra Mundial, o sobre cualquier otra guerra de la historia, esta es, indiscutiblemente, la mejor de todos los tiempos. Insuperable, grandiosa, simplemente magnífica. No tendrá el asombroso realismo de las superproducciones modernas ni la espectacularidad de las grandes obras épicas de la época de oro del cine, pero la historia de los tres soldados que comparecen ante un consejo de guerra acusados de cobardía, con la consecuente muerte de estos para satisfacer el capricho de un estúpido general, es la que mejor refleja el absurdo, la brutalidad y el horror de la guerra, cualquiera que sea esta. Si Kubrick hubiera filmado tan solo esta película, le hubiera bastado para ganar la gloria y la inmortalidad imperecedera. La obra estuvo prohibida en Francia hasta 1975, y en España no se estrenó hasta 1986, lo que da una medida exacta de la reacción que generó el alegato anti-militarista que lleva implícito.




7. Lawrence de Arabia (1962), de David Lean. La periodista Leila Guerriero ha escrito que fue esta película, luego de verla siete veces cuando era niña, la que le enseñó a contar historias. Yo la he visto muchas más veces y todavía sigo aprendiendo cosas de ella. La primera, como dice Guerriero, a contar una historia y la Historia de un modo como pocas veces lo ha hecho el cine. Adaptación de ese monumento literario de T.E. Lawrence, “Los siete pilares de la sabiduría”, esta maravilla cinematográfica y artística relata la campaña inglesa en la península arábiga durante la Gran Guerra y el papel que en ella le cupo a Lawrence. Una lástima que hoy no existan los cineclubes o las temporadas de reposición porque esta es una película que ha sido hecha para ser vista, apreciada y amada en la pantalla grande. El consuelo que nos queda es que la versión que venden en DVD es la que restauraron Spielbeg y Scorsese, dos directores que, como Guerriero, yo y miles de otros más, seguimos aprendiendo mucho de esta asombrosa e inagotable obra maestra. Una auténtica joya.




8. Doctor Zhivago (1965), de David Lean. Si alguna obra se acerca o pretende recrear o reconstruir la historia sin hacer concesiones al arte o a la Historia misma, es esta obra que su realizador filmó apenas tres años después de “Lawrence de Arabia”. Es una obra total, épica, oceánica, completa. Solo Lean podía atreverse a intentar a superar a Lean con una película como esta y lo logra. El relato de los amores tormentosos del protagonista de la novela de Boris Pasternak, en que se basa la película, y su trágico final constituyen el hilo conductor mediante el cual el director nos lleva en un viaje a través de la sociedad rusa de principios del siglo XX y los graves problemas sociales y económicos que la carcomían, al estallido de la Gran Guerra que cambiará la vida de todos y, finalmente, a la Revolución de Octubre que instaurará un nuevo orden. Una película épica como no se ha vuelto a filmar jamás. Una obra maestra de la cinematografía del siglo XX y de todos los tiempos.




9. Gallipoli (1981), de Peter Weir. Tengo varios amigos y conocidos que son admiradores irreductibles de Winston Churchill, y la verdad es que hay motivos de sobra para serlo. Pero cada vez que pienso en el buen Winston, el baúl de la memoria me devuelve un nombre: Gallipoli. La fracasada campaña inglesa en la península turca de ese nombre que costó la vida de 250,000 soldados a cada bando, 35.000 de ellos australianos y neozelandeses que fueron simple carne de cañón como puede apreciarse en link de abajo. Este desastre llevó a Churchill a renunciar al cargo de Primer Lord del Almirantazgo (el más alto cargo de la Marina Real Británica) y, a la postre, a la caída del frente ruso y, finalmente, la revolución rusa. Esta película, que narra la historia de dos amigos que se alistan en el ejército inglés para luchar en la guerra, es una correcta y lograda crónica de ese desastre militar. Una película que le debe mucho a la de Lewis Milestone y que paga muy bien su deuda con el resultado final.




10. War Horse (2011), de Steven Spielberg. La típica obra de Spielberg por donde se le mire. Grandiosa en la realización, minuciosa en la reconstrucción histórica, detallista hasta el hartazgo, y con el empalagoso como inevitable final feliz de siempre de sus películas. No hay, desde mi punto de vista, cinta sobre la Primera Guerra Mundial que se haya filmado con el verismo desbordante de esta. Lo cual no evita que, finalmente, sea un resultado fallido. Porque historia del joven que busca su caballo a través de los campos de batalla de una Europa devastada parece más la de un amante que busca a su amada raptada por el enemigo. Para pasar el rato, nada más.




Hay, por supuesto, otras películas sobre la Primera Guerra Mundial de gran calidad y factura que pude haber mencionado, pero me conformo con esta primera lista para la cual me impuse la ardua y gustosa tarea de volverlas a ver para escribir esta nota. Si el tiempo se da, me sentaré a ver el resto de cintas que se quedaron entre mis apuntes y tal vez, solo tal vez, escriba una segunda entrega con películas como Alas (1927), de William A. Wellman; La Reina de África (1951), de John Huston; Adiós a las armas (1957), de Charles Vidor; La Gran Guerra (1959), de Mario Monicelli; Johnny cogió su fusil (1971), de Dalton Trumbo (una de las víctimas de la Caza de brujas macartista en Hollywood); Capitán Conan (1996), de Bertrand Tavernier; Y la nave va (1983), de Federico Fellini; y las películas para televisión Feliz Navidad (2005), de Christian Carion; La trinchera (1999), de William Boyd (en la que aparece un deslucido Daniel Craig); El batallón perdido (2001), de Russell Mulcahy; y Teniente Jack (2007), de Brian Kirk.


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Cronología de la Primera Guerra Mundial (1914-1918)

Primer gran conflicto armado del siglo XX, la Primera Guerra Mundial o "Gran Guerra" movilizó a más de 70 millones de soldados de los cinco continentes y dejó cerca de diez millones de muertos y 20 millones de soldados heridos.

También dejó millones de muertos civiles y provocó la caída de los imperios ruso, austro-húngaro, alemán y otomano.

1914

- 28 de junio: El estudiante nacionalista serbio Gavrilo Princip asesina en Sarajevo (Bosnia Herzegovina) al archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero del trono del Imperio Austrohúngaro.

>>> Seguir Leyendo... >>> - 28 de julio: Austria-Hungría declara la guerra a Serbia.
- 30 de julio: Movilización general en Rusia, aliada de Serbia.
- 31 de julio: Asesinato del líder socialista y pacifista francés Jean Jaures.
- 1 de agosto: Alemania declara la guerra a Rusia. Francia y Alemania decretan la movilización general.
- 3 de agosto: Alemania declara la guerra a Francia.
- 4 de agosto: Las tropas alemanas cruzan Bélgica (país neutral) y entran en Francia. El Reino Unido declara la guerra a Alemania.
- 19 al 24 de agosto: "Batalla de fronteras" en el norte (frontera franco-belga) y el este (frontera franco-alemana). Las tropas francesas retroceden 200 kilómetros.
- 23 de agosto: Japón declara la guerra a Alemania.
- 26 al 30 de agosto: Batalla de Tannenberg. El general alemán Hindenburg frena el avance de las fuerzas rusas en el frente de Prusia Oriental.
- 6 al 9 de septiembre: Primera batalla del Marne (este de París). Una contraofensiva franco-británica frena el avance de los alemanes, a menos de 40 kilómetros de París, y los hace retroceder hacia el norte. Cerca de un millón de soldados franceses y británicos se enfrentan con 800.000 alemanes.
- Septiembre-noviembre: En el frente occidental, franceses y británicos por un lado, y alemanes por otro, intentan maniobras para rodear a sus enemigos. Los combates se acercan al Mar del Norte, adonde llegan el 17 de noviembre. El frente, que se extiende hasta la frontera suiza, no cambiará mucho hasta la primavera boreal de 1918. La guerra se entierra en las trincheras, contrariamente a lo que ocurre en el frente oriental, donde la guerra de movimiento prosigue durante todo el conflicto.
- 1 de noviembre: El Imperio Otomano, que había cerrado el acceso a los estrechos, aislando a Rusia, entra en guerra del lado de los imperios centrales (alemán y austrohúngaro).

1915

- 18 de marzo-diciembre: Derrota aliada en la batalla de los Dardanelos, al intentar abrir los estrechos, atacando el centro del Imperio Otomano. El 25 de abril, tropas inglesas, neozelandesas, australianas y francesas intentan desembarcar en la península de Galípoli, pero las bloquean las tropas turcas, dejando 180.000 muertos aliados y 66.000 turcos. Las últimas tropas aliadas son evacuadas el 9 de enero de 1916. El frente sur quedará bloqueado hasta el otoño boreal de 1917.
- Enero-agosto: 250.000 miembros (de los 400.000) de la comunidad asirio-caldea establecida en el oeste del río Éufrates y en el sur de Turquía son masacrados.
- 22 de abril: Los alemanes lanzan el primer ataque con gases tóxicos contra los soldados franceses y canadienses en el frente oeste, entre Langemarck e Ypres (Bélgica).
- 24 de abril: Empiezan las masacres de armenios en Turquía. Turquía rechaza el término de "genocidio", aunque reconoce que hubo masacres y que entre 250.000 y 500.000 armenios murieron en Anatolia entre 1915 y 1917 durante el Imperio Otomano. Los armenios dicen que hubo 1,5 millones de muertos.
- 7 de mayo: El paquebote británico "Lusitania" naufraga en la costa de Islandia torpedeado por un submarino alemán, dejando 1.198 desaparecidos.
- 23 de mayo: Italia entra en guerra junto a los Aliados.
- Agosto: Derrotas rusas frente a Alemania (batallas de Tarnov, Gorizia).
- 5 de octubre: Desembarco de un cuerpo expedicionario aliado en Tesalónica (Grecia). Entra en guerra Bulgaria del lado alemán.

1916

- 21 de febrero: Comienzo de la batalla de Verdún (hasta el 18 de diciembre): 500.000 muertos, franceses y alemanes.
- 9 de marzo: Acuerdos Sykes-Picot: ingleses y franceses se reparten Medio Oriente.
- 16 de marzo: Alemania declara la guerra a Portugal.
- 7 de junio: Inicio de la revuelta árabe contra el Imperio Otomano, fomentada por los británicos.
- 1 de julio: Se inicia la batalla del Somme (norte de Francia), la más mortífera (1,2 millones de muertos) del conflicto, la cual dura hasta el 18 de noviembre.
- 21 de noviembre: Muere el último emperador austrohúngaro, Francisco José I.

1917

- 1 de febrero: Alemania lanza la guerra submarina a ultranza, la cual precipita la ruptura de relaciones diplomáticas con este país por parte de Estados Unidos.
- 8 al 15 de marzo: Revolución de Febrero en Rusia (según el calendario juliano). Cae la dinastía de los Romanov y abdica el zar Nicolás II.
- 6 de abril: Estados Unidos declara la guerra a Alemania.
- 16 de abril-9 de mayo: Fracaso de la ofensiva francesa en el Camino de las Damas, en el frente de Champaña (noreste de París), que deja decenas de miles de muertos. Se amotinan soldados franceses. También se registran manifestaciones de descontento en ejércitos de otros países a lo largo del año.
- 14 de agosto: China declara la guerra a Alemania.
- 2 de noviembre: El secretario británico del Foreign Office, Arthur Balfour, promete a los dirigentes sionistas un "Hogar nacional judío" en Palestina.
- 5-6 de noviembre: Revolución de Octubre en Rusia, que lleva al poder a los comunistas bolcheviques liderados por Lenin.
- 9 de diciembre: Los británicos entran en Jerusalén.
- 15 de diciembre: Armisticio de Brest-Litovsk entre Rusia y los imperios centrales. El 3 de marzo de 1918 se firma un tratado de paz.

1918

- 8 enero: Declaración de catorce puntos del presidente estadounidense Wilson sobre el derecho de los pueblos a disponer de su destino, la cual servirá de trama a los tratados firmados tras la guerra. La intervención militar estadounidense, que se concreta a partir de la primavera boreal, será decisiva.
- 21 de marzo: Alemania lanza la primera de una serie de cuatro grandes ofensivas en el frente oeste, pero los Aliados resisten.
- 15 de julio: Contraofensiva victoriosa de los Aliados en Villers-Cotterets (85 kilómetros de París) con apoyo masivo de tropas estadounidenses, la cual marca el inicio del retroceso general de las fuerzas alemanas. Los aliados también avanzan en los Balcanes y en el frente oriental.
- Septiembre-noviembre: La gripe española se difunde en el mundo provocando 20 millones de muertes en ocho meses.
- 30 de octubre: El Imperio Otomano firma un armisticio.
- 3 de noviembre: El Imperio Austrohúngaro firma un armisticio.
- 9 de noviembre: Abdica el emperador de Alemania, Guillermo II. Importantes manifestaciones en Berlín.
- 11 de noviembre: Victoria de los Aliados y armisticio de la Primera Guerra Mundial.


Fuente: AFP.

Conociendo a Gavrilo Princip

¿Luchador por la libertad o terrorista? ¿Joven idealista o ultranacionalista? La figura de Gavrilo Princip sigue generando debate cien años después de que, al asesinar al heredero al trono austro-húngaro, causara el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Según la época y el país, la imagen del autor del magnicidio del archiduque Francisco Fernando el 28 de junio de 1914 en Sarajevo ha sido presentada, e incluso utilizada, de diferentes maneras.

"La interpretación de Princip era distinta entre un sistema político y otro. De héroe nacional en los tiempos de Yugoslavia a anarquista e izquierdista durante socialismo, hasta la actual imagen de un serbio valiente", analiza para Efe Dubravka Stojanovic, profesora en la Facultad de Historia en Belgrado.

Una perspectiva que cambia también según el país ya que, como recuerda esta renombrada experta, "para la opinión pública austríaca Princip es un terrorista y asesino".

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Pero Stojanovic analiza a este joven con otros ojos y lo ve también como una víctima.

Tenía apenas 19 años cuando cometió el atentado, siendo "usado" por grupos de oficiales conspiradores en el Ejército serbio, todo ellos opuestos al poder civil y decididos a unificar a todos los serbios en un único Estado mediante la violencia.

La historiadora se refiere a "Crna ruka", la llamada "Mano Negra", una sociedad secreta que armó y entrenó al "comando" de seis inexpertos jóvenes que debían asesinar al archiduque austríaco.

"El atentado de Sarajevo fue en su propio interés, no en interés del Estado serbio", señala Stojanovic.

Recuerda que Serbia era entonces un estado débil que no buscaba nuevos conflictos tras las guerras balcánicas de 1912/13 y tras la práctica retirada del Imperio Otomano de la región.

Cuando la Justicia austro-húngara le juzgó por magnicidio, Princip aseguró ser un nacionalista yugoslavo, no serbio, y que el objetivo del atentado era la unión de los eslavos del Sur.

"Soy un nacionalista yugoslavo y busco la unificación de todos los yugoslavos en cualquier forma de Estado y que se liberen de Austria", declaró durante el proceso.

Según la ley austro-húngara, al no haber cumplido todavía los 20 años de edad, Princip no podía ser condenado a una pena superior a dos décadas de cárcel.

No llegó a cumplir esa condena: murió de tuberculosis en 1918 en una prisión en Terezin, hoy República Checa.

Princip era miembro de la organización "Mlada Bosna" (Joven Bosnia), formada por serbios, musulmanes y croatas, las tres grandes comunidades del país, que entonces estaba bajo el dominio de Viena.

Tras la guerra civil bosnia (1992 a 1995), el "héroe" Princip pasó a ser visto por muchos croatas y musulmanes como un símbolo del expansionismo serbio y considerado por ello un terrorista.

"Todos abusan de la Historia e intercalan en ella lo que quieren mandar como mensaje (político)", asegura Stojanovic.

En 1992, cuando las tropas serbobosnias comenzaron el asedio de Sarajevo, se borraron todo rastro de homenaje al antiguo héroe.

Se eliminaron las huellas en el asfalto de la calle donde Princip disparó, se quitó su nombre a un puente y se retiró la placa en su memoria de un museo.

Para muchos serbios, sin embargo, Princip sigue siendo un héroe y Serbia planea construir un monumento en su honor en Belgrado, en conmemoración del centenario del comienzo de la Gran Guerra.

Incluso hay una tendencia en los sectores más nacionalistas a reivindicar que Princip fue un luchador por la "Gran Serbia", una interpretación que Stojanovic considera "errónea y malintencionada".

Según la historiadora reconoce que la Primera Guerra Mundial es ideal para la "mitologización".

Es que Serbia estuvo en el bando ganador, obtuvo victorias militares pero sufrió enormes pérdidas humanas, lo que junto con la figura de Princip son los ingredientes perfectos para "abusar" de una visión nacionalista de la Historia, concluye Stojanovic.


Fuente: El Siglo, de México.