Polémica sobre "The Tupac Amaru rebellion" de Charles Walker

El año empieza con polémica. Una, más que interesante, es la que ha generado el comentario de la historiadora Cecilia Méndez a la reseña que sobre el libro de Charles Walker, «The Tupac Amaru Rebellion», escribió el politólogo Alberto Vergara en el diario El Comercio comentando la inclusión del mencionado libro en la lista de los mejores del año por el Financial Times (inclusión que otros han celebrado como propia, y a la cual me adhiero yo). Sin embargo, no deja de ser curioso como la polémica entre historiadores se da en un espacio como un muro de Facebook. Si no existiera este, ¿no habría polémica? Los medios involucrados, ¿permitirían, publicarían, las réplicas de los involucrados en el debate? Lo dudo mucho. Creo que a esto último, la claudicación de nuestro periodismo a un auténtico periodismo de opinión y cultural es que se debe el auge y el éxito de medios como el de las redes sociales. Estos dos, la opinión y el comentario cultural, prácticamente han desaparecido o dejado de existir en nuestro medio. No olviden que el diario que publicó el comentario de Vergara es el mismo que meses antes publicó (como artículo de opinión) una burrada sobre el mismo personaje histórico, apenas semanas después de haber elogiado la aparición del libro.

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Esto, que a primera vista puede ser una muestra de pluralidad del medio, es en realidad una demostración de los tumbos sin rumbo que da nuestro periodismo en esos temas. Por eso es que una columna o artículo como el de Vergara aparece en la sección de Opinión y no en una inexistente de libros que el diario eliminó hace mucho tiempo dando prioridad a columnistas ranqueados antes que a especialistas en el tema como ocurre en los mejores diarios y revistas del mundo, en donde las secciones de libros son precisamente eso: secciones de libros y no columnas de opinión (como mencione, en el mismo sitio tenemos a la dueña del diario opinando sobre lo que no sabe o no entiende). Tal vez de ese modo algunas de las observaciones que hace Cecilia Méndez habrían sido mencionadas o detectadas por el propio articulista y el debate habría tomado otro rumbo. Por otro lado, como muchos, yo no he leído el libro de Walker así que difícilmente puedo opinar sobre él más que a partir de lo declarado por el autor en las diferentes entrevistas que ha dado: el suyo es un libro de divulgación, una síntesis narrativa que son tan útiles y provechosas como el que más (que Vergara no entienda eso y mezcle una cosa con otra, es su problema y del editor del diario -si lo hay- que sabe poco o nada del asunto del que escribe). Y además, según he leído en varios lados, muy bien escrito, lo cual es ya un mérito porque acerca o gana más lectores para la historia y sus grandes temas (aquí-salvando las obvias y grandes distancias- recuerdo el comentario de alguien celebrando los libros de Harry Potter que otros denostaban por alejar a los jóvenes de Tolstoi o Dostoievski, sin caer en la cuenta de que esos libros creaba futuros lectores de estos grandes autores). Así que si entendí bien, y me deje entender mejor, el éxito del libro de Walker no solo hay que celebrarlo sino además tomar las debidas lecciones de él, tanto los autores como los historiadores, editores y periodistas. Es decir, escribir más libros como estos, a la par de los académicos, y discutir sus bondades y flaquezas de cada cual como tal. En ese sentido, me alegra saber que el Instituto de Estudios Peruanos ya se ha embarcado en la tarea de la traducción. Así el debate podrá continuar.

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