Un periodismo sin periodistas

El Diario El Comercio, entre la semana pasada y ayer, está jubilando a periodistas de larga trayectoria en el diario y a otros mandándolos a su casa, que en buena cuenta significa que está despidiendo a medio mundo en la redacción. Esto no está mal si, desde un punto de vista estrictamente profesional, dijéramos que está 'renovando' sus cuadros periodísticos o inyectando sangre nueva en la redacción para entregarnos un diario menos soso de lo que ya es. Menos aún si alguien afirmara que lo hace porque se ha jalado al local de La Rifa a las mejores plumas de la competencia o a los analistas que marcan la pauta en la opinión pública nacional. Pero nada de esto está sucediendo en el viejo local de El Comercio.

Lo que está ocurriendo ahí es un simple acomodo, reacomodo y puesta en marcha de la maquinaria, el frente político y mediático más importante con el cual la derecha más recalcitrante de este país espera coronar un triunfo el 2016, y para lo cual las personas que hoy despide no tanto le son incómodas, sino que necesita espacio, mucho espacio, para ubicar a los nuevos leales, a los nuevos escuderos de la doctrina de la libre empresa y la inversión privada (libre empresa e inversión privada a pesar de todo, contra todo y por encima de todo). Personas que a pesar de sus ideas y posiciones políticas o personales con las cuales yo difería, no dejaban de ser periodistas por encima de cualquier razón o circunstancia, y que en virtud de ello tenían, como los historiadores, una buena memoria.

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Una memoria que no les permitía olvidar la década ignominiosa del fujimmontesinismo, las raterías pantagruélicas de ministros, congresistas y militares de alta graduación con la anuencia de Palacio, la humillante y vergonzosa renuncia por fax, los crímenes de lesa humanidad en nombre de la pacificación en las que la lógica del terrorismo de Estado era un recurso delictivo pero necesario. Una década, en suma, en la que todo fue permitido y ahora quieren que olvidado en aras del desarrollo nacional, de la estabilidad económica, de la libre empresa (todavía hoy me sigue sorprendiendo cómo doctos hombres de leyes, historiadores de renombre, respetadísimos maestros universitarios formaron parte de esta maquinaria mafiosa y la defendieron o defienden hasta hoy).

Hace poco más de un año, cuando el difunto Fritz Du Bois mandó a mejor vida a la más importante Unidad de Investigación de la prensa peruana, ya podíamos hacernos una idea de que podíamos esperar de la nueva generación de dueños (directorio, accionistas y director periodístico incluido) que son, por encima de cualquier razonamiento ("es mi diario y hago lo que quiero"), hombres de negocios, yuppies de nuevo cuño vinculados a directorios de empresa, profesionales con títulos ilustrísimos en negocios internacionales, administración y finanzas antes que en periodismo.

El Comercio hará ahora honor a su nombre con la nueva plana periodística sin periodistas que estrena. Y podrá, sin ningún escrúpulo, poner todo el holding periodístico de su propiedad a disposición del candidato que mejor le asegure la libre empresa, la inversión privada, los negocios suculentos, la ejecución de Conga, la privatización de las empresas y servicios que aun falta privatizar y, por sobre cualquier cosa, la seguridad de que nadie husmeará en los grandes negocios que todo esto significará. Por qué, si no, creen que al frente de las principales unidades periodísticas de El Comercio no hay ahora un solo periodista.

Saquen sus conclusiones.


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