Yo SÍ soy Charlie

Esta columna está siendo ampliamente difundida en algunos medios de comunicación 'alternativos' o de izquierda (lo cual nos hace un flaco favor a muchos) y siendo compartida por muchas personas (entre ellas, algunos amigos míos que me sorprende la facilidad o llaneza conque leen algunas columnas de opinión). En principio, la nota cae en generalizaciones tan burdas y simplonas, sin mencionar las obvias y clamorosas (por no decir intencionales) lagunas de que adolece el texto, que han olvidado lo que sentenciaba Pierre Vilar: lo primero que nos enseña la historia es a leer un periódico. Charlié Hebdo era muy crítico con el Islam, sí, pero puede decirse que el mismo trato le deparaba al resto de religiones, en donde la Católica fue blanco de sus más irritantes y blasfemas sátiras. La nota habla de un supuesto racismo por parte de sus responsables del que serían víctimas los musulmanes. Pues esto, o es hablar de lo que no se conoce o distorsionar las cosas con fines espurios. La propia sociedad francesa, sus vicios y taras, además de sus políticos de ingrata recordación, han sido blanco de sus invectivas más crudas y rudas. Nadie en Francia, sea cual sea el color, religión o ideología que practique, estaba libre o a buen recaudo de sus dardos y puyas más ácidas. Así que dudo mucho que sea una cuestión de racismo (aunque lo parezca, y entre ser y parecer hay una abismal diferencia). Perorar insistiendo en esto es ignorancia pura o idiotez en estado larval.

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En ese sentido, creo que este es un periodismo de opinión de lo más condenable, falso y oportunista. Una oportunidad de lujo para recitar los mismos lugares comunes contra el imperio, la democracia y las ‘falsas’ libertades y valores occidentales, cuando no las condenas a supuestas justificaciones (por parte de la revista) de invasiones a otros países (la verdad no sé de dónde o cómo lía una cosa con otra el articulista), como si estos sí existieran en Oriente o aquel fuera un modelo de sociedad feliz envilecida por Occidente. Ni lo uno ni lo otro. Las masacres, invasiones, genocidios y guerras santas las han cometido y desatado tanto Occidente como Oriente desde siempre y lo más probable es que los sigan cometiendo por tiempo indefinido. Es un error en el que incurre también esta otra nota, que además defiende o aboga por un multiculturalismo que el propio articulista no practica o no entiende (el recurrir al manido ‘falta de respeto al islam’ que esgrime como argumento para entender o explicar el ataque del miércoles es tan válido como justificar la prohibición, en su momento, de La última tentación de Cristo). El racismo, la xenofobia, la intolerancia no son patrimonio exclusivo de Occidente como cree el autor.

Pero lo que más me sorprende de ambos textos es la desvergonzada manera que tienen ambos de empezar sus elucubraciones: condenando el asesinato con fusiles de asalto de doce personas desarmadas, para luego, prácticamente afirmar que estas se lo buscaron por lo que hacían o por el país en el que nacieronn. Aun sí así hubiese sido, si blasfemar hubiera sido su falta o delito, ¿desde cuándo ejecutar a alguien por blasfemo se volvió parte de nuestro sistema penal o una categoría social o política? Las miles de víctimas inocentes de Palestina, Irak, Afganistán, Libia, Siria y otros tantos lugares a lo largo de la historia no justifican, menos explican, estas doce muertes. No hay atrocidad que justifique otra atrocidad. Ninguna. Así como tampoco los 'contextos' blindan a nadie de sus crímenes, como creen algunos erróneamente.

Sartre decía que el hombre es una criatura condenada a elegir. Incluso cuando decide no hacerlo, ya lo ha hecho: ha elegido no elegir. De esto se trata. Yo elegí no solo ser ateo, sino además ser blasfemo (del mismo modo que otros eligen ser liberales, izquierdistas, abogados o periodistas). He identificado mis ‘falsos valores occidentales’ con mi libertad de ser blasfemo e irreverente y si a alguien no le gusta, qué pena. No por eso voy a esperar, indemne y desarmado, que venga alguien a masacrarme a tiros en nombre de un Dios que no existe o en el que no creo (qué vergonzoso que haya quien asesine y masacre en nombre de un Dios sediento de sangre –si es que este existe, claro). O soportar a alguien tan infame como Cipriani darme lecciones de moral o valores cristianos. A mí nadie me puede negar o arrebatar ese derecho como tampoco yo le puedo negar a nadie el de escribir estupidez y media condenado una ‘guerra de información’ (o desinformación) en la que la primera descarga no la hizo Charlie Hebdo, sino quienes firmaron estas vergonzosas notas.


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