El faite

Algo muy malo y feo, tal vez pútrido, debe estar sucediendo en este país para que un acusado por el asesinato de un periodista, crimen por el cual la fiscalía ha pedido 25 años de prisión para el responsable, sea recibido con bombos y platillos en las filas de un partido político. Más extraño aún si se trata del partido que gobierna. En tiempos menos bárbaros que estos la lógica habría mandado mantener prudente distancia de él, hacerse de la vista gorda si nos lo cruzábamos en la calle, olvidar que alguna vez compartimos una mesa con él. Hoy nada de esto ruboriza a nadie, menos todavía les mueve un cabello. NI al presidente de este país, ni a la presidenta del partido político, ni a los disciplinados y correctos correligionarios que reciben con brazos abiertos a quien deberían, como mínimo, exigirle un perfil bajo mientras no se aclara su situación judicial (situación, que por cierto, esta cada vez más clara). Hoy recibir a un faite en las filas de un partido político asegura los numerosos votos del populacho que vota al que roba pero hace obra, la atención de la tribuna a cada pachotada que suelta solícito en las redes sociales y que medio mundo celebra mientras la otra queda asqueada; y, por encima de cualquier otra cosa, asegura la distracción de la opinión pública de asuntos más importantes preocupada como está por el nivel cada vez más ruin al que los políticos han llevado nuestra política. Y, con toda seguridad, provee, también, al bravucón de turno con la chaveta siempre lista para degollar honras y masacrar críticos. Algo muy feo está pasando, les decía, para que ante nuestras narices todos aplaudan ahora al faite y le presenten a la niña de la casa.


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