¡Máximo Damián necesita ayuda!

En abril de 2013, un accidente en la vía pública hizo que el historiador Miguel Maticorena Estrada recalará en la sala de emergencia del Hospital Guillermo Almenara y que, ante la falta de camas para los pacientes que llegaban incesantemente, permaneciera en una camilla en unos de los pasadizos de esa unidad a la espera de ser operado. La oportuna y tenaz movilización de sus alumnos y amigos, de la que hicieron eco varios medios de comunicación (entre ellos el diario El Comercio), hizo que las autoridades del hospital lo trasladaran rápidamente a una habitación donde pudo convalecer con cierta tranquilidad de sus heridas. He recordado todo este amargo y triste episodio leyendo esta noticia igual de dramática e injusta para quien, sin la menor duda, al igual que Miguel Maticorena, representa lo mejor y más valioso de la cultura de este país. Así como San Marcos asumió su deber y se preocupó porque a Maticorena se le dieran los cuidados adecuados habida cuenta de quién se trataba, así ahora el Ministerio de Cultura debe tomar cartas en el asunto y preocuparse de que Máximo Damián, el entrañable amigo de José María Arguedas, el eximio violinista intérprete de nuestra música andina, reciba las atenciones que merece como patrimonio nacional vivo que es y que a todos nos representa. No quiero ser melodramático ni impertinente, pero solo se puede decir una cosa ante este hecho: ¡Haga algo, Señora Ministra!


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