Lectura del Quijote

Sin encuesta de por medio confieso que leí El Quijote (completo) en la secundaria y no lo entendí. Lo volví a leer en la universidad (también completo) sin ánimos, solo para impresionar a una amiga a la que cortejaba y a quien le explicaba, noche tras noche, las andanzas del viejo manchego con la esperanza de que aprobara un curso ella y yo venciera su recia moral cristiana. Fue un fracaso absoluto de lectura y cortejo. Lo leí por tercera vez en una edición muy bonita que le regalé a mi hijo en su octavo cumpleaños (en realidad, creo que el regalo me lo hice yo mismo) y que traía los famosos grabados de Doré. Creo que fue la primera vez que lo aprecie y lo quise, pero me quedó la certeza de que le faltaban muchos capítulos a esa edición y que el lenguaje había sido 'adecuado' para los niños. Quedó claro que tenía que volver a leerlo y en serio, pero no sabía cuándo. Una noche en que hacía turno en el diario donde trabajaba aproveche los minutos para la cena para ir a comprar la edición conmemorativa de “La ciudad y los perros” que la RAE había publicado y que yo, buenón como siempre, regalé a un amigo del diario en su cumpleaños. No la conseguí, pero en cambio el vendedor me ofreció la edición conmemorativa que la Academia hizo de El Quijote con ocasión del IV Centenario de publicación de su primera parte, en 2005. La llevé y me puse a leerla y revisarla con tanto interés que hasta en dos ocasiones la mesa de edición me tuvo que avisar que revisara los cables que se me estaban pasando. Fue un deslumbramiento total, una revelación del auténtico Quijote como nunca antes lo había leído. Esta es la edición que siempre recomiendo, a todo el que me lo pregunta, que debe leer si de verdad quiere hacer una lectura seria, enriquecedora y total del Quijote. Y definitiva, por supuesto. Porque si algo tiene de meritoria esta edición es que es la versión definitiva de un libro que circula en miles de versiones, algunas verdaderamente infames.


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