Sobre lo ocurrido en la Facultad de Ciencias Sociales de San Marcos

Un comunicado conjunto firmado por tres académicos de prestigio (Cecilia Méndez, Gabriela Ramos y Paulo Drinot) invitados a participar en un seminario sobre historiografía peruana, y en el que declinan su participación en el mismo, pone de manifiesto una vez más la crisis por la que atraviesa la Universidad de San Marcos y, de manera particular, la Facultad de Ciencias Sociales. En una apretada síntesis de lo sucedido, se sabe que el grupo de estudios que organizaba este actividad contaba con la colaboración y anuencia de otras instituciones de la Universidad y de la propia Escuela de Historia, y es aquí, hasta donde se sabe, está el meollo del asunto. Desde hace casi cinco años la facultad no cuenta con un decano elegido legalmente, todos los decanos desde ese tiempo hasta hoy han sido en la condición de encargados, y estos a su vez, designan a los directores de Escuela. Y en esta correlación de fuerzas, cada director de Escuela apoya, a su vez, a los grupos de estudiantes que le son afines o pocos críticos con la irregular situación de la facultad, obstaculizando o desoyendo a los otros, en especial al Centro de Estudiantes de Historia que debería ser el grupo principal en recibir el apoyo y atención de la dirección de Escuela. En ese sentido, esta actividad, 'organizada' por estudiantes, solo hubiera servido para lavarle muy bien la cara, habida cuenta de los participantes de lujo que invitó, a una gestión que ha hecho de la Facultad de Ciencias Sociales la chacra del rector Pedro Cotillo. Es muy probable tal vez que la intención de los estudiantes que organizaban esta actividad haya tenido la mejor de las intenciones; pero también es cierto que no se puede pretender soslayar lo evidente por más buenas razones que se tengan y mucho menos ser cómplices en ello. No se trata de tergiversaciones de ningún tipo, sino de cinco años de hechos concretos y procedimientos ilegales.


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