Plagios, ¡hasta el fondo!

Lo ocurrido con el Dr. TV (Tomás Borda), que plagió textos de páginas web y los publicó como propios en su columna semanal de la revista Somos, me deja en claro un par de cosas que quisiera compartir con ustedes en mi calidad de profesor universitario y padre de familia:

1. Lo primero, que en el Perú si plagia un hijo de vecino (usted, yo o cualquiera de nuestros vástagos en el colegio o la universidad) nos aplican todo el rigor de la ley y caemos en el descrédito más absoluto, pero si el que lo comete es alguien con cierto poder político o mediático (como un cardenal o un presentador de televisión), la laxitud con su falta es de dimensiones tan absurdas como gigantescas. Verdaderamente grotescas.

2. Que ansiosos como estamos de ser los primeros, los ganadores o el que ‘la hizo’ en un sinfín de cosas sin importancia, hemos llegado a coronar la cima de la mediocridad y el enanismo mental al echarle la culpa de nuestras faltas a terceros, a nuestros subordinados (la secretaria para algunos, los asistentes para otros) o al clima si es necesario, pero nunca a nosotros mismos. En este país, nosotros nunca somos responsables de nuestros actos si estos son reprobables o ilegales. Lo son otros.

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3. A tenor de lo anterior, estoy convencido que en las actuales circunstancias, en las que los niveles de valores cívicos y conducta ética están en cero, un simple mea culpa (‘lo siento, cometí una grave falta y pido perdón por ello a todos’) sería tan valioso, aleccionador y ejemplificador como improbable. En otras palabras, los casos de Cipriani, Borda y, anteriormente, Bryce, le han demostrado a miles de jóvenes que no hay nada de censurable en apropiarse de lo ajeno siempre y cuando no te pesquen en ello. Y que si esto ocurre, como dije, siempre podemos echarle la culpa a otro. Pero jamás hacer lo correcto como dar el ejemplo en el sentido que la sociedad espera. Hay que tapar la mentira y el fraude con una más grande.

4. Que definitivamente existe una doble moral (prohijada por intereses políticos o económicos) en las decisiones que toman los involucrados en estos casos. En el caso del doctor Borda, por ejemplo, la revista Somos lo ha separado como colaborador de la misma, pero el holding al cual pertenece esta publicación es el mismo que es propietario del canal en donde este galeno amante del copy paste tiene un programa y sigue mostrando su cara de palo ante miles de televidentes como si nada hubiera pasado. O nada hubiera hecho. Lo correcto hubiera sido prescindir de los servicios de alguien con prácticas tan poco honestas. Pero supongo yo que los niveles de sintonía (y publicidad, obviamente) deben primar sobre el sentido común. Como dije, un doble rasero moral.

5. Finalmente, algo que me deja estupefacto (y lo digo sin exagerar, ya que me gano la vida escribiendo), es la facilidad (por no decir desparpajo) con la que ahora cualquier famosillo del último cuarto de hora sale a decir públicamente que lo que aparece impreso con su nombre no lo escribió él sino otro, pero que igual es ‘su libro’ o ‘su columna’. O sea, que aquí el ‘emprendeurismo’ literario sentó sus reales de un modo perverso y desvergonzado. Además de ramplón, claro.

No sé si a ustedes les ocurra lo mismo, pero yo soy muy pesimista con el futuro del Perú. Con escritores renombrados, cardenales intocables y profesionales bien pagados, además de deportistas muy populares, que prefieren echarle la culpa a otros de sus trapacerías y ser desagraviados por ellas por políticos o medios de comunicación, es poco lo que podemos hacer, los que nos dedicamos a la enseñanza universitaria, por inculcarles valores o un mínimo de ética a los jóvenes que serán los futuros profesionales o políticos de este país, quien sabe si el próximo presidente.

Y de esto a la revelación del próximo caso de gran corrupción media solo un paso. Tal vez menos.


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