Un día muy triste para el país

Este es un día muy triste para el país.

El día que un candidato presidencial, amparado en el inmenso poder de su dinero y políticos con doble moral, rebajaron al Perú al nivel de una porqueriza porque es así como se llama el lugar donde van a dar las inmundicias.

Acuña no solo ha rechazado, increíble y tozudamente, las acusaciones de plagio, sino que, de manera contumaz, ha incurrido en más mentiras afirmando lo que ya se ha demostrado fehacientemente: que plagió al citar a autores que no figuran en la bibliografía y que utiliza textos ajenos sin usar las comillas respectivas (lo han confirmado los propios autores perjudicados).

Es lamentable que Acuña haya decidido que la palabra final sobre este enojoso asunto, la honorabilidad de un candidato presidencial que es, a su vez, un exrector universitario y promotor educativo, quede en manos de una universidad extranjera. Este es el tipo de patriotismo con el que se llenan la boca nuestros políticos y que disimula muy mal la baja estofa de la que están hechos y se mezclan quienes pretenden gobernar al país.

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Si levantamos la voz de protesta contra el fujimorismo, que se levantó al país en vilo, algo debemos hacer para expresar nuestro rechazo al candidato que más envilece estas elecciones.

Acuña ha dicho que las acusaciones en su contra son utilizadas políticamente y no puede faltar más a la verdad. Una persona que comete fraude de manera tan descarada y exhibe un título académico que no debiera, no puede, no debe, representarnos a todos los peruanos en escenarios peruanos o internacionales. Rechazo por completo esta idea y creo que son las universidades y docentes universitarios los primeros que debieran hacerlo.

Acuña al terminar su pésima lectura del descargo a las acusaciones, ha salido raudamente de la sala de prensa sin responder a las preguntas de los periodistas presentes. Obvia decir porque actuó así. Obvia decir todavía más que esa es una idea aproximada de cómo pretende manejar los asuntos públicos y el erario nacional y los cuestionamientos que se le hagan a estos.

Si a este país todavía le queda un poco de dignidad, debería mandar al tacho de la historia a Acuña y a la sarta de sinvergüenzas (Towsend, Iberico, Donayre, Espinoza, Lay) que lo avalan.

Pero lamentablemente, hace mucho que nuestros políticos y candidatos presidenciales perdieron todo sentido de la vergüenza y noción de la decencia.

Realmente el día de hoy hemos caído muy, pero muy hondo.


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