¿Es Spotlight un film anticatólico?

Cuando en 1997 se le concedió el Premio Nobel de Literatura a Darío Fo, el dramaturgo italiano acérrimo crítico del capitalismo, la mafia y el Vaticano, L'Osservatore Romano (el diario oficial del Vaticano) editorializó que lamentaba profundamente la decisión de la Academia sueca y que no se explicaba cómo, habiendo tantos autores a quien premiar, se le hubiera dado el premio a Fo. Por supuesto, las críticas y respuestas a ese penoso editorial vinieron de todo el mundo. Hoy, tras el triunfo de Spotlight en los Oscar de anoche, ha sido más cauto y se ha apresurado a 'poner el parche', como decimos acá, y a aclarar que la película "no es un filme anticatólico". Y yo, como ustedes seguramente, me pregunto quién dijo o afirmó tal cosa. El film no denuncia al catolicismo, sino a sus autoridades, a una alta jerarquía que no solo permitió el abuso sexual de menores al cambiar a los responsables de estos una y otra vez de parroquias, sino también que los encubrió de un modo tan diligente que ha evitado que estos respondan a la justicia por años. Esto es lo que denuncia el reportaje del Boston Globe y que cuenta la película. En ningún momento ni uno ni otro ataca al catolicismo como tal, sino a sus representantes, una acusación que llega hasta al ahora santo Juan Pablo II. Más aún, en el texto que firma Lucetta Scaraffia (inteligentemente, L'Osservatore Romano ha evitado esta vez editorializar y ha dejado el asunto de aclarar las cosas a sus periodistas vía columnas de opinión), se menciona el esfuerzo "largo y tenaz" de Joseph Ratzinger, cuando era prefecto de la Congregación por la doctrina de la fe y como Papa, contra la pedofilia en la Iglesia Católica y las "dificultades" para frenarla o castigarla. Lo que en buena cuenta significa un reconocimiento explícito que el enemigo a combatir no es la doctrina católica sino sus representantes ("demasiado a menudo la institución eclesiástica no ha sabido reaccionar con la necesaria determinación frente a estos crímenes", confiesa). Bastante cínico suena, sin embargo, que aclare que la pedofilia es una lacra que no es exclusiva de ellos, sino que esta también existe en las familias, en los círculos deportivos y en las escuelas laicas ("Los ogros no llevan exclusivamente el vestido talar"), para insistir en algo que ya parece un dogma como el de la infalibilidad del Papa: "La pedofilia no deriva necesariamente del voto de castidad". No, no deriva necesariamente, pero vaya que la fomenta. El texto concluye que todavía hay confianza en la institución católica y en la 'limpieza' que esta realiza para que hechos abominables como los que retrata la película no se repitan. Si realmente quieren que les creamos, que saquen de su dorado 'retiro espiritual' a Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio de vida cristiana, acusado de haber cometido decenas de abusos contra miembros de esta comunidad cuando aún eran menores de edad, y entréguenlo a la justicia peruana. Sería el mejor editorial que el Vaticano podría firmar.


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