No, mejor la Majluf al Ministerio de Cultura

A estas alturas es muy probable que el próximo ministro de Cultura ya haya sido elegido por el presidente electo y su nombre revelado en las próximas horas, pero no quisiera dejar de hacer un comentario al respecto que el texto de Robero Ochoa sugiere. Y es el hecho de que, precisamente, las cualidades que supone que el futuro titular de esa cartera debería tener son las que mejor describen a Natalia Majluf, la directora del Museo de Arte de Lima (MALI), la persona que mejor perfil exhibe para ese puesto desde mi punto de vista y experiencia. Como he mencionado antes, trabajé casi cuatro años en el MALI, tiempo en cual estuve a las órdenes de dos directoras y un director. Precisamente el último año fue cuando Natalia acababa de asumir la dirección. En ese breve tiempo nos encargó a un grupo de personas la reorganización de la Biblioteca y la formación del Archivo de Arte Peruano, un moderno centro de documentación que debería erigirse siguiendo el modelo del que tiene el Museo Reina Sofía de Madrid, según especificó Natalia, quien supervisó cada labor y tarea que se hizo para lograr ese objetivo y, lo que fue más fundamental todavía, se encargó de que nunca faltara dinero para cada necesidad que semejante tarea implicaba (tratándose de las arcas de un museo, era bastante meritorio contar siempre con él para lo que uno necesitaba). Pero no fue lo único a lo que se dedicó a reorganizar o hacer funcionar mejor Natalia.

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La suya era una visión integral que contemplaba convertir al MALI en el mejor museo del país y que hoy ha superado largamente convirtiéndolo en uno de los mejores de la región. Y esto lo ha logrado sabiendo combinar su enorme capacidad como gestora cultural y una habilidad para establecer alianzas con la empresa privada de un modo que ha rendido frutos que todos reconocemos: no solo les ha entregado a los limeños un museo como los mejores de Europa, sino que además lo ha enriquecido exponencialmente añadiendo más piezas a su colección gracias también a esas alianzas que le han permitido comprar y restaurar obras sumamente valiosas. Pero si esto no basta para desear verla con el fajín ministerial, a mí se me ocurre una sola gran razón para ponerla en ese puesto: su fuerza de carácter para decirle NO a la estupidez, a lo insensato, a lo perjudicial. Cuando los amigos del bochinche gastronómico querían hacer una versión de Mistura en el Parque de la Exposición, o sea en la mismísima parte trasera del Museo, Natalia movió cielo y tierra, denunció en todas las tribunas posibles semejante tontería y no se cansó en denunciar en el tono más alto la estúpida decisión de la Municipalidad de Lima que ya le había dado el visto bueno a ese atropello a la cultura. Fue tan tenaz en su pelea Natalia que logró que la Municipalidad revocara su decisión y Mistura se trasladara a la playa, salvando de ese modo al Museo. Se la imaginan haciendo lo mismo por nuestro patrimonio, nuestras huacas, nuestras casonas, nuestros museos, nuestros sitios arqueológicos, por la Biblioteca Nacional, en fin, por todo aquello que necesita una defensora como ella, que no le aguanta pulgas a nadie. Ojalá, si no es ahora, en otra oportunidad la directora del Museo de Arte de Lima considere ese puesto, porque conociéndola como la conozco (o creo conocer) Natalia ya debe haberle dicho no a quien le fue a proponer el ministerio. Porque si algo sabe hacer la directora del MALI es trabajar duro y parejo y no perder el tiempo en cócteles y vinitos de honor; y si algo saben hacer únicamente nuestros políticos es entorpecer el trabajo de personas como Natalia. Pero créanme si les digo que este país hace rato que merece una ministra de Cultura como Natalia Majluf. Si tienen dudas, volteen a mirar el Museo de Arte de Lima y vean cómo lo ha transformado en todos estos años bajo su gestión. Entonces comprenderán de lo que les hablo.


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