Carta al Presidente de la República

Señor Pedro Pablo Kuczynski
Presidente de la República

Usted ha faltado ayer al principio esencial que separa la Iglesia del Estado, lo cual es un indicativo muy grave de lo laxo que puede ser con otras omisiones que los principios democráticos indican y prescriben.

No, señor Presidente, usted no consagra nada en nombre de nadie y menos de ningún peruano porque para eso no lo elegimos los que votamos por usted.

Usted olvida, señor presidente, que una proporción muy significativa de peruanos no profesan la religión católica y otra, tal vez no numerosa pero igualmente con los mismos derechos y deberes, ninguna fe. De tal modo que usted ha vulnerado también el principio de igualdad ante la ley.


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Usted, señor presidente, ha dado muestra de un pobre conocimiento de nuestra historia al desconocer un episodio muy semejante al que usted protagonizó ayer ocurrido el 23 de mayo 1923 y que se saldó con la muerte de dos personas que se opusieron firmemente a lo que usted ayer se avino a cometer.

No puedo dejar de pensar, señor presidente, que la Consagración de ayer ocurrió a puerta cerrada y sin ningún testigo como una forma de evitar que a esta, como en 1923 y de manera masiva, la ciudadanía se opusiera. Lo cual, como podrá reconocer, habla muy mal de su proceder y de quienes le aconsejaron hacerlo.

A diferencia de usted, señor presidente, yo sí respetó el derecho a sus creencias religiosas y la manera como usted y su familia deseen practicarlas, pero eso no significa que usted transfiera ese derecho a su investidura, al cargo que ostenta, y se arrogue una decisión que no es ni suya ni de una Iglesia en particular, sea cual sea esta.

Me consuela pensar, señor presidente, que el mismo derecho y prerrogativas que ayer le consagró a la Iglesia Católica y a sus representantes le otorgue a otras confesiones, como la musulmana o la budista o cualquier otra que le toque la puerta, y se avenga a consagrar al Perú a Mahoma o a Buda o a la deidad de turno para pensar que lo suyo fue un gesto democrático y no oportunista.

Pero aún así seguirá usted vulnerando el principio de separación Iglesia y Estado, por lo cual creo que de usted y su manera de entender la Constitución podemos esperar muy poco.

Y aunque esta carta debería firmarla con mi nombre y apellidos, prefiero hacerlo (sin que ello signifique hacerlo anónimamente) de la manera como nos sentimos muchos peruanos con su subrepticio, anticonstitucional e inconsulto proceder de ayer,

Un ciudadano indignado


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