El racismo nuestro de cada día

Hay ocasiones en que me convenzo que el verdadero problema de nuestro periodismo no es el pobre nivel educacional o cultural de las personas que trabajan en él, sino que este parece creer y actuar de acuerdo a vaya usted a saber qué intereses. De otro modo no se explica cómo una periodista seria, con una trayectoria intachable y, hasta donde creía yo, inteligente como Maritza Espinoza pueda escribir una columna de opinión (¿realmente esa es su opinión sobre un tema tan delicado como el racismo?) tan absurda y vergonzosa como la que ayer publicó en el suplemento del diario La República. Por donde se le mire, es una nota que derrocha una supina ignorancia sobre el asunto que escribe. Peor aún, es una demostración palmaria de su imposibilidad para entender (mucho menos ver) el problema de fondo del que ella misma es parte: el racismo que perpetramos y perpetuamos con gestos, actos y textos que lo invisibilizan. Los ejemplos de Orson Wells y Marlon Brando que alegremente cita son una prueba no solo de su ignorancia sino de que más de sesenta años después practicas que ayer eran imposibles de aceptar por una sociedad eminentemente racista (¡quién pagaría por ver a un negro o a un amarillo como actor principal!) se crea y acepte como algo natural hoy. En todo caso, lo que demuestra la señora Espinoza es lo que yo nunca me canso de repetir, citando a Don Mario: hasta la persona más inteligente puede decir (o escribir) tonterías. La tragedia es que un periódico se avenga a publicarlas. Pero bueno, es el periodismo peruano de ahora. Qué le vamos a hacer.

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(Quien mejor explica este asunto es Maribel Arrelucea Barrantes, historiadora de San Marcos y una de las que mejor conoce la historia de los afrodescendientes en el Perú, afirmación que sustento en una larga lista de publicaciones sobre el tema que la han llevado a dar, incluso, conferencias en universidades del país y el extranjero. Lo que en buena cuenta significa que no se trata de una cuestión de 'corrección política', como cree la señora Espinoza, sino de un hecho concreto e irrefutable: su columna de ayer fue una apología del más execrable racismo).


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