Las preguntas que hay que hacerse

La tristeza, seguida de indignación, que nos causa la muerte de tres valerosos bomberos en el incendio de ayer, no debe llevarnos a hacer conjeturas apresuradas, conjeturas que pueden tener una base de verdad pero que poco contribuyen a lo que todos deseamos: que se esclarezca fehacientemente las causas de un incendio (si fue provocado o no ) que costó la vida de estas tres personas. Insistir en lo que afirma Sigrid Bazán (tal vez con toda la buena intención y preocupación de una ciudadana indignada con esta tragedia, como el que menos) es un error. Politiza el tema (de por sí ya político al tratarse del segundo incendio del archivo del mismo ministerio en medio de una denuncia por corrupción en él) de un modo que podría servir para que las investigaciones nunca prosperen como todos esperamos que suceda. ¿En qué se equivoca Bazán? En el hecho de que estos almacenes no guardan documentación reciente, sino antigua, anterior a las gestiones en curso. Cualquiera que tenga mínimos conocimientos de archivística y conozca nuestro Sistema Nacional de Archivos (SNA) sabe que hay archivos de gestión, archivos intermedios (que es, si no me equivoco, el que se incendió anoche) y archivos históricos. Los primeros guardan y almacenan la documentación de las administraciones en curso y hasta con cinco años de antigüedad. Los segundos, como el del Minsa que, como dijimos, en dos ocasiones ha sido pasto de las llamas de manera bastante sospechosa, reciben documentación con más de cinco o siete años de antigüedad. Cuando esta documentación cumple más de 30 años en estos depósitos, pasa a los últimos, a los archivos históricos debido a su carácter ya de histórica. Puedo estar equivocándome en los lapsos de uno u otro (dudo que nuestro SNA haya cambiado radicalmente en ese sentido), pero en todo caso los amigos que trabajan en archivos pueden enmendarme la plana con mayor precisión al respecto. En esencia, esa es la forma de actuar del SNA y sus responsables. Si documentación reciente, como la que sugiere Bazán y tantos que han salido ha señalar como la razón de fondo de este incendio, habría estado en ese depósito, hay que averiguar qué funcionario ordenó el traslado de una documentación que no debía estar donde estaba, y los archiveros (los encargados de los archivos de gestión e intermedios) tienen mecanismos e instrumentos para determinar con facilidad esto, de manera que nos ahorraremos muchas conjeturas y elucubraciones. De ser así, hay una manifiesta intención de trasladar una documentación sensible a un lugar donde ser, con relativa facilidad, pasto del olvido, la inclemencia del tiempo, los robos y las llamas. Si por el contrario, esta documentación nunca fue transferida, hay que apuntar las sospechas a los papeles que sí debían estar ahí y a quienes beneficiaba su desaparición. Y con esto me refiero a gestiones anteriores y no a las actuales, a la de los últimos cinco años hacia atrás. ¿Alguien se ha preguntado, por ejemplo, en dónde está toda la documentación referida a las esterilizaciones durante el gobierno de Fujimori? ¿Dónde la de las compras de los últimos dos o tres gobiernos, ahora que todo el mundo ha puesto la atención sobre ellas debido al caso Moreno? Esas son, me parece, las preguntas que hay que hacerse. Y hoy, como nunca antes, los archiveros pueden demostrar la importancia de su trabajo y lo esencial de sus funciones. Hoy pueden convertirse en protagonistas de la historia. Son ellos los que nos pueden ofrecer muchas respuestas.


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