El fin de una era que no lo fue

Este martes son las elecciones en Estados Unidos en que se elegirá al sucesor del presidente Barack Obama, en las cuales participan dos candidatos que a muchos les ha recordado aquello de elegir el "mal menor" en que se desenvuelven algunos procesos electorales claves. El del martes es uno muy distinto al escenario en el que triunfó Obama hace poco más de ocho años y cuya elección despertó una ola de entusiasmo mundial sin precedentes (tan grande que ni siquiera tenía un año en el cargo y le concedieron el Premio Nobel de la Paz, con lo que -como editorializó el New York Times- ya no era necesario lograr la paz sino tan solo desearla para ganar el premio). Ahora que llega a su fin la era Obama recuerdo muy bien la entrevista que Eric J. Hobsbawm concedió a la New Left Review en 2010, un año después del triunfo electotal de Obama, en la que el historiador inglés declaró lo siguiente sobre el entonces flamante presidente:

>>> Seguir Leyendo... >>>

"La gente estaba tan encantada de que hubiera resultado elegido un hombre de su perfil, y encima en una situación de crisis, que muchos pensaron que estaba destinado a ser un gran reformador, a hacer lo que hizo Roosevelt. Pero no lo estaba. Empezó de mala manera. Si comparas los primeros cien días de Roosevelt con los primeros cien días de Obama, lo que destaca es la predisposición de Roosevelt a apoyarse en consejeros no oficiales, para intentar algo nuevo, comparado con la insistencia de Obama de permanecer en el mismo centro. Pienso que ha desperdiciado la ocasión. Su verdadera oportunidad estuvo en los tres primeros meses, cuando el otro bansdo estaba totalmente desmoralizado, antes de que fuera capaz de reagruparse en el Congreso, y no la aprovechó. Uno puede desearle buena suerte, pero creo que las perspectivas no parecen demasiado alentadoras".

Ocho años después, podemos decir que no lo fueron. Es cierto que tuvo la firme oposición de los círculos conservadores más recalcitrantes de Estados Unidos (más feroces, incluso, que el que se abalanzó contra Clinton) y que fue el presidente que restableció las relaciones diplomáticas con Cuba, pero es también el presidente que, al día siguiente de ganar el Nobel, destinó más recursos y hombres a la guerra en Irak con una excusa que merecía otro premio: "A veces, para conseguir la paz, hay que ir a la guerra"; y el mismo que prometió cerrar Guantánamo, esa afrenta permanente al sistema de justicia estadounidense y al orden legal internacional, y no lo logró en dos periodos. La era Obama llega a su fin esta semana y, hecha las sumas y las restas, de esta podremos decir que pasó sin pena ni gloria. Tal vez "no fue el mejor Presidente, pero en imagen pública difícilmente alguien lo superará" escribió hace poco un comentarista a modo de balance, pero esto es algo que solo le puede beneficiar a él ahora que busque trabajo. Difícilmente a aquellos que abrigaron una esperanza con su llagada a la Casa Blanca. (Lo bueno de saber algo de historia es que ayuda a poner las cosas en su real perspectiva).


0 comentarios:

Publicar un comentario