"La violencia en los Andes", de Eduardo Torres Arancivia

Poco a poco, y como se debe, voy a ir imprimiendo "La violencia en los Andes. Historia de un concepto, siglos XVI-XVII", de Eduardo Torres Arancivia, para poder leerlo mientras viajo en el bus o el taxi, lo que es una buena manera de evitar una conversación con el vecino o el chófer sobre la selección de fútbol, de la que no sé ni quiero saber nada; para seguir su lectura mientras hago mi cola en el banco que indefectiblemente, vayan ustedes a saber porqué, cuando voy es kilométrica (por eso eso siempre voy premunido de un buen libro); para seguir hincándole el diente mientras espero que mi esposa se duerma y me devuelva el poder absoluto sobre la televisión que hay en el dormitorio, de la que no quiero saber absolutamente nada mientras estén en la pantalla Gisela, Milagros o Sol (que al fin y al cabo, vienen a ser la mismo); pero, por encima de cualquier consideración, voy a imprimirlo poco a poco porque me he propuesto, desde que tengo uso de la razón, que los buenos libros, los mejores que hay, deben estar en mi biblioteca para legarles algo verdaderamente valioso a mis nietos. Y este lo es. Lo prueba el hecho, además del libro mismo, del breve debate que acaba de tener su autor con otro historiador en el que la inteligencia de Eduardo Torres pone las cosas en su sitio para quiénes creen que la historia es un concurso sobre quién descubrió primero la pólvora o el ejercicio banal del 'que hubiera pasado si'. O peor aún, la puesta en marcha de una memoria sospechosamente selectiva. Voy a imprimir, capítulo a capítulo les decía, este libro porque amo el papel, atesoro los buenos libros y por el profundo respeto que me inspira la inteligencia de otros.


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