Diez errores comunes que los políticos deben evitar cometer en Facebook o en Twitter

Los políticos nunca terminarán de sorprendernos. Las menciones a las autoras de sus días que se hacen en pleno hemiciclo, por ejemplo, o las guerras intestinas que libran por Twitter, son, asaz de desagradables, demostraciones de una ordinariez impropias de hombres (o mujeres) públicos. En ese sentido, el uso poco encomiable que le dan a las redes sociales no solo proporcionaría material para una tesis sobre el nuevo lenguaje de la política y la calle (o el lenguaje de la calle en la política), sino que además pone de manifiesto la arista más vergonzosa de la miseria moral en la que hemos caído como sociedad al ventilar en la red nuestras nimiedades, debilidades, miserias, envidias, celos, recelos y vulgaridades a los que somos tan proclives como el más común de los mortales (avivados, por cierto, por un periodismo que cosecha réditos con todo esto). Por eso, y porque hay que empezar por algún lado o con alguien, señalo aquí diez cosas que los políticos deben evitar hacer en Facebook, Twitter o cualquier red social.

1. En un país donde llenar la olla es la preocupación primordial y diaria para una inmensa mayoría de hogares, publicar las fotos de los opíparos banquetes que disfrutan o en dónde lo hacen puede resultar un disparo a los pies del que muy difícilmente saldrán indemnes. Un poco de prudencia al respecto no vendría mal. Austeridad y frugalidad son dos excelentes mensajes que pueden enviar a sus futuros electores dejando de postear fotos de esa exquisita carapulcra en Las Brujas de Cachiche.

2. Discrepar es saludable, pero hacerlo con altura lo es más. Disentir es la esencia misma de la democracia y hacerlo con el mismo trato, decoro y altura con el que nos gustaría que no dispensaran cada vez que emitimos una opinión o una idea (por absurda o rocambolesca que esta sea) lo es más. No menosprecie a nadie ni en la atención ni en el trato y mucho menos en la discordancia. Después de todo, no sabe mañana a quién hoy este basureando.

3. Hoy en día hay quienes todavía creen que las computadoras se inventaron para reemplazar a las máquinas de escribir. Del mismo modo hay políticos que no tienen la menor idea de para qué sirven las redes sociales o que estas son lo mismo que la radio y la televisión. Atender personalmente su cuenta puede demandarle tiempo, pero debe entender que para la gente es importante que él los lee y escucha. Puede tener contratar a un community manager que le evite problemas y esfuerzo (además de resultarle redituable en votos futuros y promover el empleo entre gente como este autor), pero siempre debe hacer sentir que es usted el que está detrás de sus cuentas.

4. Una regla de oro que debe tener siempre en cuenta es que los insultos no se contestan. Si los responde habrá cometido el craso error de concederle la pequeña victoria (pequeña pero al fin y al cabo una victoria) al ofensor de darle tribuna y algo todavía mucho más valioso: su atención. Recuerde que dejarse llevar por las emociones y responder a los ataques con más ataques es propio de gente ordinaria.

5. Cualquier mortal puede darse el lujo de comentar todo lo que aparezca en el horizonte u opinar sobre aquello que no merecería ni cinco segundos de atención de alguien medianamente ocupado, pero un político no. Estos deben recordar que los eligieron para legislar o trabajar para sus electores. Así que exponer en las redes sociales, además de sus comentarios sobre el último clásico del fútbol, imágenes y textos sobre su trabajo como congresista, ministro o alcalde debe ser su prioridad constante (pero no exclusiva). Deje las fotos de las últimas vacaciones para el álbum familiar.

6. A propósito de lo anterior, tampoco se vaya al otro extremo. No opine por opinar o solo para estar en vitrina. Participe de las conversaciones relevantes, los debates trascendentes y contribuya a hacer tendencia en los temas que le interesan a la ciudadanía. No abrume a sus seguidores compartiendo o retuiteando todo aquello con apariencia de ‘interesante’ que asoma en la red. Si de algo estamos hartos todos es de la enorme cantidad de basura que se propaga por las redes sociales. No contribuya con eso.

7. Mucho cuidado con lo que publica. No pensar antes de hacer click les ha costado el puesto de trabajo a muchos políticos, periodistas y profesionales de todo tipo. Las consecuencias de nuestras acciones (el dichoso click) son tan graves que parece hasta innecesario decirlo, pero hay que hacerlo: no publique enlaces o imágenes de mal gusto, incomprensibles o estrictamente personales, amén de las innecesarias (¿cree realmente necesario que necesitamos saber que está en la farmacia porque siente cólicos?). Ah, y no olvide que se dedica a la política, no a la farándula: ¡cambie su foto de perfil!

8. Proponga soluciones. Los políticos no deben olvidar que se les eligió para representarnos y buscar soluciones a los problemas de sus electores (al menos, teóricamente), así que además de las críticas de siempre a todo y a todos, en especial a la oposición, aporte ideas y soluciones para resolver las dificultades, contrariedades y apuros del resto, incluso los de sus oponentes. Va a dar a una excelente imagen de proactivo y eficiencia que le redituará futuros electores.

9. Procure no pasarse de listo, ni usted ni sus colaboradores. Crear perfiles falsos, bloquear compulsivamente todo lo que le molesta o incomoda (en especial las críticas o comentarios negativos) y mentir descaradamente es el peor de todos los errores que puede cometer. Hoy, cualquiera con un teléfono y acceso a internet puede desbaratar fácilmente la mentira más tonta, poner en evidencia el comentario más ruin o ventilar su desesperada y patética búsqueda de seguidores, likes o retuiteos. No les brinde a sus adversarios la oportunidad de oro de mostrar la más lamentable imagen de sí mismo que puede ofrecer.

10. Y por último, no se olvide ¡nunca! de sus electores y seguidores. No responder a sus comentarios o saludos, no seguirlos como ellos lo siguen a usted (en la medida de lo posible, por supuesto) o ignorarlos supinamente puede granjearle arrepentimientos tardíos. La ingratitud es el peor de todos los vicios de las redes sociales. El único que no perdonan.

Huelga decir que cualquier político está en su pleno derecho de hacer caso omiso o no de estas recomendaciones. Pero luego no diga que no se lo advirtieron.

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