Hay gente estúpida que no sabe de lo que habla...

Hay gente estúpida que no sabe de lo que habla. Yo estudié en San Marcos con muchachos que venían desde El Agustino con un sol a la universidad: era su pasaje de regreso porque a la venida lo hacían a pie. Yo tuve por compañeros de salón a hijos de zapateros remendones, albañiles y jardineros de municipalidades, y sé sobradamente las penurias que pasaban para poder comprarse un libro. Yo he hecho cola en el comedor de la Ciudad Universitaria (por pura patería) con compañeros que esperaban horas para poder comer la única comida del día. La primera y única vez que fui delegado de mi base lo hice cuando también lo era de la suya Carlos Ramírez, el estudiante de Historia, hijo de un albañil, que murió de anemia luego de desmayarse en el patio de Letras de San Marcos y al que se refiere Flores Galindo en un conocido ensayo. Yo he visto a mis profesores pasarse cinco, seis o más horas en el Archivo General de la Nación expurgando documentos antiquísimos con solo un paquete de galletas, que sacaban de sus bolsillos, por todo refrigerio en esas largas horas de trabajo. Un sol, medio o diez céntimos son una fortuna para muchos que estudian en San Marcos, y para quienes esta universidad representa la única posibilidad de ascenso social y mejora personal para ellos y sus familias, la única puerta de salida de la pobreza estructural en los cuales ellos son solo una cifra para el resto. Leer o escuchar los comentarios estúpidos que hacen estas personas debe recordarnos porque el Perú está como está y ocurren las cosas que ocurren: la indiferencia del resto a las necesidades de otros con menos posibilidades u oportunidades. La sorna, el desprecio con el que estos periodistas se refieren al reclamo de los estudiantes solo demuestra que esta gente cree que el mundo solo existe en función de ellos y de sus necesidades. No tienen ni idea de lo que pasa más allá de sus narices. Y tampoco les importa. ¡Pobres diablos!

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