Un enfermo terminal

No hay que ser un genio del análisis político para darse cuenta de que lo sucedido anoche en Venezuela es un golpe de Estado en toda regla, y que con ello ha acelerado su propio fin. Un final que si bien parecía lejano por la tozudez de un grupo que se creía con derechos y prerrogativas por encima de la inmensa mayoría de venezolanos, ahora está más cerca que nunca de largarse. Si todavía le quedaba un resquicio de gobierno legal y legítimo, uno salido de las urnas que tanto le gustaba vociferar ante sus críticos, lo ha perdido. El chavismo es ahora, de manera inobjetable, una vulgar dictadura en todo el sentido de la palabra y la extensión del término. Al actuar del modo como actuó anoche, el chavismo ha dado muestras desesperadas del estado terminal en que se haya. Si espera con esa maniobra sobrevivir una década más como lo hizo el fujimorismo, se equivoca y mucho. Son tiempos y circunstancas muy distintas. Lo suyo son manotazos de ahogado, los exabruptos de un herido de muerte que se niega a morir. En ese sentido, alegrémonos: el chavismo ya está de salida. Ahora sí. ¡Esta DICTADURA ya fue!

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