¡Otra vez el dichoso Colegio de Historiadores!

Uno de los mayores despropósitos jurídicos y culturales de los últimos años ha vuelto a asomar su cabeza en el mundo académico esta semana. Otra vez, y esta vez con el apoyo de un congresista de la izquierda parlamentaria (ayer lo fue con el de uno de la derecha más recalcitrante, lo que en buena medida revela que a los responsables de este despropósito les tiene sin el menor cuidado con quien aliarse con tal de lograr sus objetivos), los promotores de un Colegio de Historiadores han logrado presentar otro proyecto (el tercero) que crea este cuerpo colegiado que única y exclusivamente busca asegurarles un puesto laboral a quienes lo impulsan. Si leen punto por punto el tenor del Proyecto se darán inmediatamente cuenta lo absurdo de la existencia de este Colegio de Historiadores. Más aún, la terquedad de quienes insisten en él, rayana en la estupidez, es simplemente incomprensible tratándose de historiadores. Hay disposiciones en él (como la primera complementaria) que son un atentado a la libertad de expresión y que solo por eso debería ir al tacho de la basura. Otros son de una ignorancia verdaderamente supina, como el artículo 2 del mismo que, supongo yo, fue escrito o sugerido por alguien que no tiene la mínima idea de que es ser historiador, aquí o en cualquier otra parte del mundo. Yo confío en que, como en las dos ocasiones anteriores, este Proyecto merezca el destino que merece; es decir, el del tacho de la basura y que no tengamos que sentir, por culpa de gente obtusa y preocupada exclusivamente en su beneficio personal y no en el desarrollo de la historia en el país, la vergüenza ajena que algunos colegas nos provocan.

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