NOVEDAD EDITORIAL: Colección Bicentenario...


Como recuerdan, en 1921, con ocasión del Centenario de la Independencia, las colonias extranjeras hicieron una serie de obsequios a la ciudad de Lima por tan egregia ocasión. La Torre del reloj del Parque Universitario, la Fuente China del Parque de la Exposición, el Arco morisco en la primera cuadra de la avenida Arequipa, hoy desaparecido, fueron algunos de los monumentos que intentaron perennizar la grandiosidad de la fecha. He pensado en ello mientras contemplo este nuevo monumento (que es precisamente eso, monumental): el estuche con nueve libros de la Colección Bicentenario. No exagero si digo que este es el primer gran obsequio que el país, y no solo la capital de él, recibe por su Bicentenario a escasos cuatro años de celebrarlo. Ocho novelas históricas y un testimonio de época que nos ofrecen, ¡por fin!, una mirada distinta sobre una conmemoración sobre la cual se escribe mucho pero de la que aún parece no sabemos muy bien de qué hablamos cuando hablamos de ella. En ese sentido, creo que el promotor de esta idea, el infatigable Juan Manuel Chávez y los autores que reunió para hacer realidad su proyecto, lo tienen más claro. Tanto como Alberto Flores Galindo cuando escribió, en un famoso ensayo sobre nuestra historiografía que "podemos recordar que, años atrás, Mariátegui pensó en la ficción como un instrumento más apto para entender la realidad peruana. La imaginación como alternativa ante la ineficacia de los razonamientos”. Así de simple. Ahí está toda la justificación que necesitamos (si acaso) para leer esta maravillosa colección de novelas. Yo por ahora solo he podido leer la que firma Fabrizio Tealdo, "El marqués en el exilio" (sobre la tozuda resistencia de Rodil en el Real Felipe) y que, como me lo suponía, resultó mejor de lo que esperaba, una comprobación de que en el terreno de la novela histórica, del relato histórico, Fabrizio es ahora amo y señor y el resto de nosotros polvo bajo sus pies. Las cotas de lirismo que su libro alcanza me han hecho recordar a los grandes maestros de la prosa castellana que leía maravillado cuando descubría los entresijos de la literatura, de la buena literatura. Si ama a alguien, en especial a sus hijos, obséquieles esta novela (y si puede, el resto de la colección). No sabe cómo contribuirá a hacer de este país y su gente algo mejor. Para empezar, a formar buenos lectores. Lectores con buen gusto.

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