San Marcos exonerará del pago a 1.000 postulantes

Estudiantes de bajos recursos económicos que hayan tenido como promedio 15 en sus notas serán los beneficiados.

Piden presupuesto para continuar investigaciones

Walter Alva recordó que en el 2016 no se ejecutaron trabajos de investigación arqueológica en Lambayeque.

Se realizarán tours nocturnos en Chavín de Huántar

Ministerio de Cultura autorizó visitas para promover importante monumento arqueológico.

Polémica de los Pitufos comunistas ya es mundial

La prestigiosa BBC hace eco de la polémica desatada en Uruguay por comparar a los Pitufos con una sociedad comunista.

¿Se hará realidad la ficción cinemtográfica

Según la agencia, roca espacial circuló demasiado cerca de nuestro planeta.

Presentación de "La utopía republicana", de Carmen Mc Evoy

Presentación de "La utopía republicana. Ideales y realidades en la formación de la cultura política peruana (1871-1919)", de Carmen Mc Evoy, realizada el 22 de julio de 2017 en el marco de la Feria Internacional del Libro de Lima. Los comentarios estuvieron a cargo de Ponciano del Pino, Salvador del Solar y Alicia del Águila.

Homenaje a Luis Antonio Eguiguren conmemorando los 130 años de su nacimiento

Hoy se cumplen 130 años del nacimiento de Luis Antonio Eguiguren, él único peruano elegido para presidir los tres poderes del Estado

De un modo incomprensible, Luis Antonio Eguiguren, uno de los intelectuales más prominentes del siglo XX peruano, ha sido relegado al dato enciclopédico, a la cita erudita y a la lectura de libros que solo los especialistas y bibliógrafos pueden encontrar y leer. Pero Eguiguren, el único peruano que llegó a ser elegido para presidir los tres poderes del Estado, fue historiador y un jurista de nota, sobresaliente en todo lo que escribió e hizo y que legó a la posteridad una biografía que bien merece ser conocida por todos los peruanos por el modelo de hombre público que representó durante toda su existencia.

Eguiguren nació en Piura el 21 de diciembre de 1887, un día como hoy hace 130 años, y murió el 15 de agosto de 1967, lo que en buena cuenta significa que si no es ahora puede ser mañana, cuando se recuerden los 50 años de su fallecimiento, que el Perú y la intelectualidad peruana le rindan el homenaje que este ilustre demócrata merece.

En su ciudad natal realizó sus estudios primarios en el afamado colegio San Miguel de Piura, en donde conoció a Luis Miguel Sanchez Cerro, quien llegaría a ser presidente del Perú en 1931. Trasladado a Lima, culminó sus estudios en el colegio La Inmaculada e ingreso luego a la Universidad Mayor de San Marcos, donde obtuvo el grado de Doctor en Letras, Jurisprudencia y Ciencias Políticas y Administrativas.

De su sorprendente biografía, el capítulo que más me gusta recordar es cuando fue nombrado Director del Archivo Nacional, donde realizó una labor titánica que se tradujo en una serie de libros y catálgo detalladísimos sobre los documentos históricos que existen en él. Libros y catálogos que hoy constituyen rarezas bibliográficas muy buscadas por los entendidos. También fue regidor de Lima desde enero de 1914 a enero de 1920, Secretario ad honorem de la Embajada del Perú ante la Santa Sede y alcalde de Lima de 1930 a 1931, año en que fue electo representante por Lima para la Asamblea Constituyente, de la que llegó a ser elegido presidente como el el congresista más votado. Reslta una injusticia que pocos sepan que durante su ejercicio como constituyente Eguiguren donó todo su salario para la compra de materiales escolares y que tal hecho lo hizo constar a auditores de la época para que el dinero así designado fuera como tal usado.

En 1932, tras la ilegal intromisión de Sánchez Cerro en las labores de la Asamblea Constituyente, Eguiguren se vio forzado a dejar su escaño y partir al exilio a Chile. A su retorno, en 1936 postuló a la presidencia de la República por el Partido Social Demócrata, fundado por él. Fue el virtual ganador de estas elecciones, pero el gobierno de Benavides desconoció los resultados y anuló las elecciones aduciendo el apoyo del proscrito partido aprista. Abocado a sus labores de jurista, fue Vocal entre 1946 a 1955 y luego, en 1953, asumió la presidencia de la Corte Suprema.

De su prolífica obra, cabe destacar su "Diccionario Histórico Cronológico de la Real y Pontificia Universidad de San Marcos y sus Colegios", en tres tomos, que le merecieron el título de "El historiador de San Marcos". Una obra que todavía hoy espero conseguir para engalanar como se debe mi biblioteca.

NOVEDAD EDITORIAL: "Manual de corrección de textos"

Una de las grandes amistades que hice cuando trabajé en el diario El Comercio (y que cultivé todavía más cuando salí de él) fue la de Sofía Rodríguez, lingüista, redactora, profesora universitaria y una de las más minuciosas y concienzudas correctoras de estilo que haya conocido. No me nubla la amistad y el cariño que le profeso cuando digo que una simple conversación de diez minutos con ella pueden ser tan útiles y provechosas como la clase del más circunspecto catedrático, la lectura del más enjundioso manual o, incluso, que muchos talleres de redacción a los que asistí y en los que me enseñaron a cómo descubrir la pólvora. Sofía tiene la virtud de convertir toda la sabiduría que posee sobre el funcionamiento de nuestro idioma a breves minutos de diálogo o exposición tan fáciles de comprender como de aprender. Y lo hace con el mismo estilo con el que reclama a los redactores: precisión, sencillez, corrección. Como he dicho, ella es mi amiga, pero lo que en verdad ha sido siempre es mi maestra de estilo y corrección. Una guía que, si fuera creyente, agradecería que me la hayan puesto en mi camino. Por eso me alegra tanto y celebro que la Escuela de Edición de Lima haya decidido inaugurar su Fondo editorial con su "Manual de corrección de textos. Técnicas, consejos y apuntes de clase" que sus años de experiencia y docencia avalan. El libro se presenta el 24 de julio en la Sala Blanca Varela de la Feria Internacional del Libro de Lima a las 7:00 p.m. Me parece que resulta bastante ocioso el tener que recomendar su compra. Es más, casi apostaría que se ubicará entre los más vendidos de la #FIL2017.

¿De quién tiene que defendernos un Colegio de Historiadores?

Las últimas semanas he seguido con atención e interés, como casi todos, la polémica en torno a la conveniencia o no de la creación de un Colegio de Historiadores, en la que los argumentos de los que se oponen a él (entre los que, por enésima vez lo digo, me cuento) han abrumado a los promotores de esa iniciativa. Y no exagero al afirmar esto porque, además de casi no ofrecer hasta ahora un solo argumento sólido, a falta de estos se deshacen en soflamas y arengas para la tribuna que solo contribuyen a empobrecer el debate. Una de esas arengas, repetida hasta el hartazgo, es la de que el Colegio velará por la 'indefensión' de lo historiadores y su precariedad laboral, algo que no tiene ni pies ni cabeza por una sencilla razón: a nadie, que yo sepa, que haya estudiado historia se le obligó a ello (en ese sentido, no me imagino una escena en la que, ante la decisión de un hijo de estudiar Derecho o Ingeniería, por ejemplo, un padre severo y autoritario imponga un "¡No! ¡Estudiarás Historia!"). Esa es una muletilla que repiten y con la cual creen convencer a los más jóvenes en esta profesión, pero no hay nada más alejado de la verdad. Y no la hay por una razón que el novelista Javier Marías explica (en una columna de 1994) bastante mejor que yo: ser escritor (o historiador, para el caso que nos ocupa) es una decisión personal que implica una serie de riesgos en la cual, de fallar, no podemos exigir que otros asuman (y reparen) nuestro error. De lo que se colige que de quién tiene que protegernos el Colegio es de nosotros mismos. Así de simple. (Aquí les transcribo la parte medular de la columna en cuestión -en donde si reemplazamos la palabra 'escritor' por 'historiador' entenderán lo obtuso de la argumentación de los Pro Colegio-, y en este link pueden leer la columna completa).

«Hay mucha gente que no ha podido ser en la vida más que lo que ha sido, que en modo alguno ha podido elegir: es muy probable que un albañil o un basurero no tuvieran más opción que ser lo que fueron. Un escritor, en cambio, lo es siempre por elección. Nadie le obliga a ello, decide voluntariamente, opta por un tipo de vida arriesgada en la que puede fracasar o triunfar, en la que nada le está garantizado, ni siquiera la publicación de sus textos, menos que nada su talento, o la perduración de éste. A cambio no tiene patrón ni horarios, o sólo los que se impone, y nadie le dice lo que debe escribir (o él no debería escucharlo). No es un trabajador por cuenta ajena y por tanto no debe aspirar a nada semejante a un empleo seguro, ni a pensiones (porque nadie lo jubila de su actividad), ni a seguridades sociales [...] Parece como si nadie estuviera dispuesto a correr riesgos, o aún peor, como si quien los corre y pierde se creyera con derecho a que alguien (el Estado) le saque luego las castañas del fuego».
Javier Marías, "Tahúres" (1994)