¿Qué puede mover a un prestigioso historiador (en realidad a cualquier historiador), a escribir la biografía del responsable de seis millones de muertes? Quienes creíamos cerrado el capítulo biográfico del creador del nazismo con libros verdaderamente clásicos como los de Allan Bullock (Hitler) o Hugh Trevor-Roper (Los últimos días de Hitler), no podemos evitar preguntarnos, luego de leer sus dos abultados volúmenes, si se justifican las casi 2000 páginas de esta magnífica obra*.
Su autor, Ian Kershaw, un reputado profesor de la Universidad de Sheffield y reconocido especialista en el tema, ha utilizado no sólo un considerable número de páginas, sino también una abrumadora bibliografía y material documental, mucho del cual hasta ahora se hallaba inédito, que sólo cabe calificar de monumental el resultado final. Sin embargo, otra es la razón por la que nos ocupamos de ella, una inquietante cuestión que va más allá de su magnífica arquitectura y de su sencilla pero efectiva prosa: ¿son posibles todavía nuevas interpretaciones, nuevos aportes al tema? Lo primero que recuerda su lectura es a otra muy similar: el trabajo que Gerard Walter dedicó a Lenin, el fundador de la extinta Unión Soviética. En aquella obra como en esta, la biografía del protagonista es la del partido, que es su sustento y razón de ser. Uno no es comprensible sin el otro. Son indisolubles. Y en este punto, precisamente, está el mayor aporte del libro de Kershaw. El régimen nazi y sus atrocidades no fueron la realización material del sueño de un loco, ni el resultado infeliz en un país deslumbrado por los éxitos de sus políticos de turno, los mismos que impidieron ver lo que ocurría a su alrededor. Fue la consecuencia natural de un clima exacerbado de nacionalismo, autoritarismo y desdén por el otro como nunca antes se había visto en la historia humana. Un desprecio que convirtió al pueblo más culto del Occidente cristiano en carcelero y verdugo de sus propios ciudadanos, primero, y de la humanidad toda, después. No resulta entonces gratuito lo que para algunos sería un defecto de construcción y para otros, su mayor acierto. Difuminar la figura de Hitler a expensas de perfilar los engranajes del contexto político, económico y social que permitió y aclaran su encumbramiento. Sin este procedimiento, imposible entender los campos de concentración, la industrialización de la muerte y esa abominable simplificación de la barbarie que significaron las justificaciones posteriores, las lamentaciones tardías, la negación de lo obvio. Sesenta años nos separan de todo eso, y sin embargo que familiar nos resultan muchas de sus páginas. Pese a que, como ya es habitual, los ecos de la polémica que generó su publicación y posterior traducción llegan con un año de retraso a nuestro medio, nadie debería eximirse de su lectura para encontrar el verdadero sentido de esta nueva biografía de Hitler que es el de ser, en realidad, la crónica de la crueldad y del menosprecio por la vida humana a un nivel que estuvimos muy cerca de conocer en nuestra historia reciente.
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*Hitler, 1889-1936. Hybris y Hitler, 1936-1945. Nemesis. Península, 2002.






























