jueves 13 de mayo de 2004

¿Ha muerto realmente Don Sofo?

Con Luis Felipe Angell se va no sólo una de las figuras más señeras de nuestra literatura, sino también un verdadero clásico del periodismo nacional. Hizo famoso el seudónimo de Sofocleto, que estampó en innumerables publicaciones que tuvieron la suerte de contarlo como colaborador, cuando no estaba fundando diarios y revistas. Sus recordadas "Sofocleto en dos columnas", "Consultorio del Dr. Sofocleto", "Sinlogismos", "Décimas Pésimas", entre muchas otras originales creaciones suyas, lo convirtieron en uno de los humoristas más conocidos y reconocidos en nuestro medio y fuera de él.

Nació en 1926 en Paita, Piura, lugar del que dijo era el único sitio del Perú en donde "el sol no se devalúa". Hubiera cumplido 78 años el 12 de abril próximo. Y lo más probable es que los hubiera cumplido escribiendo un libro. Escritor infatigable, afirmaba ser el autor peruano con más libros publicados (escribió cerca de 40), algo que lo entusiasmaba hasta acariciar la idea de registrar este récord en el libro Guinnes.
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Estudió derecho, como todos los hombres de su generación, pero su verdadera vocación fue la de periodista, que inició en las páginas de El Comercio hace casi cinco décadas. Miembro del cuerpo diplomático, trabajó al lado de Raúl Porras como Primer Secretario en la Cancillería. De esta época resulta oportuno recordar, como claro ejemplo de su espíritu independiente, sus ácidas críticas al gobierno de Prado. Este, incómodo con la actitud de uno de sus funcionarios, le mandó decir que bajara el tono ya que trabajaba para el gobierno al que criticaba tanto. Él respondió que trabajaba para el estado peruano, no para un gobierno. Y las críticas se hicieron más punzantes, hilarantes hasta verse obligado a renunciar por desavenencias todavía mayores.

Enemigo jurado de la necedad, criticó duramente, en su peculiar estilo, a la Junta Militar que encabezó el general Velasco, quien finalmente lo deportó, algo que jamás perdonó. Pero no por el desarraigo de varios años al que lo arrojó, sino por motivos muy distintos que él siempre lamentó. Los agentes que fueron a detenerlo a su casa arrasaron con su biblioteca de más de 10 mil volúmenes. A su retorno, apenas si recuperó un centenar de ellos que reunió luego de recorrer ferias de libro viejo durante semanas. Fiel a sí mismo, vio el lado cáustico de su experiencia de exiliado político y nos obsequió un libro, el "Manual del perfecto deportado", verdadera joya de la satírica política en la línea de las "Crónicas de Apapucio Corrales" de Clemente Palma, otro clásico de nuestra literatura del cual Basadre decía que algún día se le haría la justicia debida olvidado como estaba, como está todavía.

Con la vuelta de la democracia en los 80, volvió el periodista genial que fue capaz de sacar adelante, él solo y durante ocho años, un periódico político humorístico, Don Sofo, que con apenas dos hojas le arrebató a los diarios más importantes de la capital el puesto de diario con mayor tiraje a nivel nacional durante mucho tiempo. Algo de lo que también se vanagloriaba con la misma complicidad con la que afirmaba que resolvía el Geniograma Difícil en diez minutos y "mirando al tendido". Franco, directo, jovial, se le extrañará de todas las formas, pero sin duda su ausencia física no será comparable a la de sus escritos que es de lo que verdaderamente nos ha privado su muerte.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Felicito la semblanza, ya que muestra a la gente un poco más el lado humano de este gran autor peruano, que aún es leído tan sólo superficialmente. RV