En mayo del año pasado una tonta, por no decir estúpida, disputa enfrentó a dos distritos de la capital por una valla de metal que uno de ellos mandó construir en los límites con el otro con el único fin, condenable, de que ciertos vecinos 'indeseables' no invadieran sus fueros. Absurdo hasta lo indecible. Sin embargo, fue una prueba más, en versión peruana y diminuta, del empeño en el que el hombre se ha obstinado desde tiempos inmemoriales: separar antes que integrar. Como el que ahora pretende construir EE.UU. en su frontera con México. ¿Hasta cuándo tanta estupidez humana? Basta con dar una mirada a la historia para encontrarnos con otros muros que no sólo separaron a algunos sino que avergonzaron a muchos.
El más conocido de todos es la famosa Muralla China. Fue mandada a construir en el siglo siete antes de nuestra era por los pueblos del norte para detener el avance mongol en esa zona, el mismo que era una amenaza constante. Han pasado más de dos mil años y permanece todavía, aunque ahora sólo como un recurso turístico del gigante asiático. Se extiende por más de 6,000 kilómetros, desde las montañas de Corea hasta el Desierto de Gobi y su construcción, además de tomar varios siglos, costó la vida de cientos de miles de campesinos.
>>> Seguir Leyendo... >>>
Otro fue el Muro de Adriano, que debe su nombre al emperador romano del mismo nombre que, tras sufrir varias derrotas en la entonces provincia romana de Britania, decidió la construcción de un muro de 117 kilómetros de largo que “separara el mundo romano de los bárbaros del norte”. O sea, la política de ellos y nosotros. En la realidad funcionó como frontera final del Imperio Romano, retrocediendo en los años siguientes a los límites que estableció Augusto en su época.
Luego de la espantosa matanza que significó la Primera Guerra Mundial, y habiendo pérdido la oportunidad de imponer en el Tratado de Versalles la creación de un estado 'bisagra' entre ella y Alemania, Francia renunció a la posibilidad de repetir en sus filas semejante atrocidad. Para ello ideó un sistema defensivo que evitara una nueva invasión alemana y que tradujo en la construcción, durante diez años, de la línea Maginot. Hasta hoy pueden visitarse, como atractivo turístico, algunos tramos de su intrincada red de túneles que no impidieron el avance de las huestes nazis en 1940 que, rodeándola, ingresaron en territorio francés a través de las Ardenas, Bélgica.
En julio de 1974, Turquía invadió Chipre quedando más de un tercio del país en manos turcas. Por el sumidero de la historia se fueron 400 años de coexistencia entre dos culturas que siempre se respetaron mutuamente tanto en el aspecto político como religioso. La isla quedó dividida en dos y una línea de demarcación que la atraviesa transversalmente a todo lo largo, la línea verde y que en realidad es de piedra, separa desde 1981 un sector con gobierno pro griego de otro con gobierno pro turco. Esta línea verde se mete en Nicosia, su capital, convirtiéndola en la única capital de Europa que permanece dividida por la fuerza como lo estuvo Berlín en su momento, aunque no haya un muro en sentido estricto.
Hijo legítimo de la Guerra Fría, el Muro de Berlín separó durante 28 años la capital alemana dividida en dos luego de la derrota nazi. Desde su construcción en 1961 hasta su demolición, cobró la vida de 240 personas que intentaron cruzarlo. Otras 75,000 fueron encarcelas por la misma razón. El día que cayó, el 9 de noviembre de 1989, un prestigioso historiador inglés, Timothy Garton Ash, declaró que había concluido el siglo XX.
El último hito en esta lamentable relación de despropósitos ocurrió en octubre del 2003. El gobierno israelí de Ariel Sharon decidió e inició la construcción de un muro de 700 kilómetros de extensión a lo largo de su frontera con el territorio palestino de Cisjordania. En parte de su trazado es sólo vallas y alambradas con control militar, pero en otras zonas, las de mayor conflictividad, es de concreto armado con muros de diez metros de alto, con una zona "estéril" de unos 50 metros de ancho. "Barrera de Seguridad" para los israelíes o "Muro de la Vergüenza" para palestinos, lo cierto es que este último muro encierra un problema aún mayor: en algunas zonas, lo que está a ambos lados del muro son los territorios ocupados de Cisjordania.






























0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada