O cómo hacen la guerra los occidentales

Si de algo pueden estar seguro los historiadores de mañana, es que los sucesos de Medio Oriente están reeditando para las generaciones de hoy prácticas de guerra del pasado que creíamos ya olvidadas.


Desastres como las del incendio de la Biblioteca de Alejandría, el bombardeo de la ciudad de Dresde o, desde otra perspectiva, la incomprensible destrucción de los Budas gigantes de Afganistán, nos vienen a la memoria mientras contemplamos atónitos el asedio a la Basílica de la Natividad a cargo de fuerzas del ejército israelí. Pero si hay un suceso que mejor se asemeje a este desprecio y destrucción de los monumentos históricos y sagrados de la humanidad lo constituye el del innecesario bombardeo del monasterio de Montecassino en la Segunda Guerra Mundial.


Montecassino, un elevado promontorio sobre el que se alzaba la abadía fundacional de los benedictinos, constituyó el eje principal de la línea defensiva alemana frente al avance aliado luego de su desembarco en playas de Sicilia. Fundado en el año 529, el monasterio constituía un símbolo de la cultura occidental y el cristianismo, tanto por los tesoros que guardaba como por haber sido fundado por el propio San Benito, el santo patrón de Europa. Y así lo entendieron los jefes alemanes encargados de cerrarle el paso a las fuerzas aliadas en su camino a Roma.


>>> Seguir Leyendo... >>>

Pese a las excepcionales condiciones naturales que ofrecía Montecassino como baluarte, los alemanes la excluyeron de su sistema defensivo. Más aún, trazaron un área intangible de 300 metros alrededor del monasterio que ningún soldado alemán debía transgredir. El único que lo hizo fue el general Fridolin von Senger, una mañana de domingo para oír misa. Además gestionaron y facilitaron el traslado al Vaticano de sus obras de arte y los apreciadísimos códices medievales. Sólo permanecieron en él, encabezados por su abad, el venerable Gregorio Diamare, los monjes que rehusaron abandonar las milenarias paredes de sus claustros.


Es en este contexto que resulta inexplicable que sean los propios jefes aliados quienes piden y exigen el bombardeo y destrucción del monasterio, que a decir de ellos se ha convertido en un centro de comunicaciones enemigo. Nada más lejos de la verdad, pues apenas si se ha convertido en refugio de heridos, ancianos y mujeres. Llama también la atención que sabedores de la enormidad de su despropósito, los responsables se preocuparan de filmar la destrucción para la posteridad.


El 15 de febrero de 1944 tres oleadas de bombardeos sellan el destino final de uno de los más venerados centros espirituales del cristianismo. Una primera incursión de 142 B-17, las famosas "fortalezas volantes" americanas, arrojan 247 toneladas de explosivos sobre el recinto sagrado, a la que seguirá otra de 82 B-25 y B-26 que descargarán sobre el cenobio una tormenta de bombas de 100 kgs. cada una. Un intenso fuego de artillería se encargará de finalizar la tarea de demolición. Serán tres días de destrucción que arrasaran con el edificio como si se tratase de una cataclismo de proporciones bíblicas reduciéndola a simples escombros.


Documentos oficiales del propio sector aliado, exhumados posteriormente, demostraron que jamás hubo un centro de comunicaciones alemán en las instalaciones del recinto religioso. Existe, acusatorio, el testimonio de un general americano, destinado precisamente al sector de Montecassino, que afirma que jamás un solo tiro salió de la abadía en contra de sus soldados. Algo que también habla en contra de la necesidad militar del bombardeo lo constituye el hecho de que éste fuera anunciado públicamente indicando la hora y día del mismo.


Sólo después de su destrucción el monasterio sirvió de verdadera fortaleza contra sus perpetradores. Sus ruinas humeantes fueron tomadas por el ejército alemán, desde las cuales pudieron controlar, sin ser vistos, los movimientos del enemigo y controlar todos los accesos a Roma prolongando una resistencia que duraría meses. Quienes pidieron la destrucción de Montecassino no obtuvieron ningún beneficio, sólo el riguroso juicio de la historia.


* Artículo publicado en el Diario El Comercio, de Lima, el 28 de abril de 2002, cuando la Iglesia de la Natividad, en Belén, sufría el asedio del ejército israelí al ser ocupada ésta por fuerzas palestinas. Lo publico aquí al cumplirse un aniversario más del bombardeo, un crimen cultural sin precedentes.

Comments

No Responses to “El bombardeo de Montecassino”


Letras Libres
LETRASLIBRES.COM
© LetrasLibres.com

¿Tiene usted una foto histórica de la Guerra Civil?




Letralia, Tierra de Letras, la revista de los escritores hispanoamericanos en Internet