miércoles 15 de marzo de 2006

La Tercera Guerra del Golfo

Irak, la antigua Mesopotamia situada entre los ríos Tigris y Eufrates, es escenario de una postguerra tan incivilizada como injustificada de consecuencias tan grandes que algún día sus responsables y defensores responderán ante la historia, ya que no lo han hecho ni lo harán ante la justicia


A punto de cumplirse casi tres años del inicio de la guerra, y casi inmediatamente después lo que ha sido más terrible aún, la postguerra, lo que ha quedado fuera de duda es que esta trágica conflagración, la tercera de grandes proporciones que ha soportado la zona, sólo ha acarreado más miseria a un país ya de por sí empobrecido. Es la lección de sus dos conflictos anteriores que los responsables de esta última no quisieron ni siquiera tomar en cuenta.


La Primera Guerra del Golfo


El 22 de setiembre de 1980 Irak invadió Irán. La acción de Saddam Hussein, que desconoció los acuerdos de Argel de 1975 que trazaban la frontera entre los dos países, contó con la anuencia de Estados Unidos, la desaparecida URSS, Francia, Gran Bretaña, Arabia Saudita y Kuwait, que veían en ella una forma de frenar el fundamentalismo chiíta del Ayatola Jomeini. Para algunos fue un nuevo capítulo de la vieja rivalidad entre persas y árabes. Para todos, el acceso a Shaat al Arab y sus importantes vías fluviales, además de a importantes territorios con vitales recursos energéticos.


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Al principio, Irak tomó la iniciativa apoderándose de grandes extensiones de territorio, lo que casi provoca la caída de Jomeini. Éste respondió reorganizando de tal manera sus ejércitos que para abril de 1981 ya empezaban a frenar al ejército invasor. Para mayo del año siguiente, las fuerzas iraquíes se batían en retirada reclamando una tregua que no les fue concedida. Desde ese momento la guerra cambia de escenario, con Basora -la segunda ciudad iraquí en importancia y la primera en producción de petróleo- como objetivo. Una estratégica autopista que nunca lograron capturar, los alejó de su meta.


Desde la Segunda Guerra Mundial no se veían batallas con las dimensiones de esta guerra, lo que originó graves problemas ecológicos en la región. Irak - que al igual que Irán atacaron objetivos civiles - bombardeó campos petrolíferos, refinerías e incluso a los cargueros que atravesaban el Golfo Pérsico dejando vertidos de petróleo como nunca antes se habían visto. Fue en este conflicto, además, que Irak mostró su rostro más brutal y que hoy constituye el alegato para un nuevo ataque en su contra: la utilización de armas químicas.


La invasión de Kuwait por parte de Irak en agosto de 1990 obligó a Saddam Hussein a poner fin definitivo al conflicto con su vecino, con el cual ya había establecido un cese de hostilidades en 1988 que puso muy cerca al entonces Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, del premio Nobel de la Paz. Acababa así un conflicto que costó la friolera de 250 mil millones de dólares en armamento y cerca de 450 mil víctimas entre ambos bandos.


La Segunda Guerra del Golfo


Los estragos de la larga guerra contra Irán desgastaron la economía iraquí de tal modo que Saddam Hussein debió mirar hacia otro lado para resarcirla: al emirato de Kuwait, cuya fabulosa riqueza nunca ha pasado desapercibido a los ojos de nadie y menos de los occidentales. El pretexto fue la condonación de una deuda de 12 mil millones de dólares además de exigir la cesión de dos islas estratégicas en el Golfo Pérsico. Todas las conversaciones al respecto fracasaron. Irak invadió Kuwait el 2 de agosto de 1990 y el emir Yaber al Sabah se vio obligado a refugiarse en Arabia Saudita.


Tanto la Liga Arabe como la ONU -que impuso sanciones y un embargo contra Irak mediante resoluciones de su Consejo de Seguridad- condenaron la ocupación. Una oportunista jugada diplomática de Hussein condicionó su salida de Kuwait a la propia de Israel de territorios palestinos ocupados buscando congraciarse con la comunidad árabe. Pero Irak se encontraba solo en su necia aventura belicista. Quedaba solamente el camino de la conflagración directa.


En total participaron 29 países en la llamada Coalición Internacional que movilizó más de 600 mil soldados -425 mil de ellos estadounidenses-, que el 16 de enero de 1991, amparados en una Resolución del Consejo de Seguridad, iniciaron la “Operación Tormenta del Desierto” que supuso un bombardeo del territorio iraquí tan intenso que todas las estructuras (militar, civil, industrial) quedaron seriamente dañadas. El 24 de febrero las fuerzas de la coalición entraban en Kuwait.


Las consecuencias más graves de este conflicto las sufrió, como siempre, la población civil. Solo entre la etapa final del conflicto hasta el año 1997 murieron un millón de iraquíes -50 mil de ellos, niños menores de 5 años- por desnutrición y falta de medicamentos, y las tasas de mortalidad entre los distintos grupos de edad se dispararon de tal manera que la prosperidad que papá Bush deseaba para los pueblos de la región en su discurso de la victoria en marzo de 1991, se han alejado una vez más y para siempre de Irak.