Sin la menor duda, un auténtico clásico contemporáneo


Hace sólo un par de años fue motivo de recordación en el mundo una de las batallas decisivas de la Segunda Guerra Mundial y, con toda seguridad, la más cruenta de todas. Por eso, hay que celebrar con verdadero entusiasmo que haya llegado, con un retraso de tres años a nuestras librerías, Stalingrado, de Anthony Beevor, uno de los libros más fascinantes que haya leído los últimos tiempos. Esta obra, que se debate entre el reportaje periodístico y la investigación histórica, reconstruye con una prolijidad admirable la historia de la contienda que cambió el curso de la guerra.

El 22 de junio de 1941 casi 4 millones de soldados invaden Rusia a lo largo de toda su frontera. A la formidable máquina de guerra alemana le tomará cinco meses ocupar la mitad de la Rusia europea. Una serie de factores (una capacidad asombrosa de reorganización de los soviéticos, el avituallamiento cada vez más difícil por aire de este inmenso ejército), decidirá el curso de los acontecimientos a favor de los soviéticos. Además está el “general invierno”, el mismo que derrotó a Napoleón más de un siglo antes, detendrá a los alemanes en Leningrado y Moscú. En ese panorama se inscribe la batalla de Stalingrado.
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La antigua ciudad de Volvogrado será el escenario de la batalla más larga de la Segunda Guerra Mundial (de agosto de 1942 a febrero de 1943) y también una de las más intensas. No hay ninguna otra que se le compare. Tras haber cercado inicialmente los alemanes la ciudad, los soviéticos realizaran una contraofensiva que terminó envolviendo al ejército alemán en los escombros de la ciudad. Hitler exigió “morir luchando” y prohibió cualquier repliegue o rendición del ejército atrapado en Stalingrado. Entonces, imposibilitados de retirarse, diezmados por el hambre, arrasados por el frío, el VI Ejército alemán verá morir a sus hombres por agotamiento y congelados.

Un general alemán cercado en el infierno del Volga, refiriéndose a la dramática situación, refería que como medida de longitud el metro había reemplazado al kilómetro para medir el terreno ganado. Ahora se peleaba por “una casa, un taller, un depósito de agua, un muro, una mesa…”, escribió. Un oficial del cuerpo médico señalaba que el número de muertos por congelamiento superaba al de heridos. Las condiciones higiénicas eran tan deplorables que las enfermedades arrasaban compañías enteras.

Ante la debacle, el último recurso de Hitler fue nombrar mariscal de campo a Von Paulus en la esperanza de que éste, sabedor de que nunca antes se había rendido un mariscal alemán, no sería el primero. Se equivocó. El 31 de enero capitula Von Paulus. El 2 de febrero se rinden los últimos grupos que aún resisten. Han muerto de la manera más absurda y más cruel cerca de medio millón de hombres. De los 300 mil soldados que iniciaron el asalto de la ciudad, 90,000 serán prisioneros. Apenas 5,000 regresarán a sus hogares luego de un cautiverio más atroz que la guerra misma. Después de esto, la invencible Wehrmacht sólo conocerá el camino de la retirada.


Todo esto ocurre en un año decisivo. 1943 es el año de la pérdida del norte de Africa y del fin de la batalla submarina del Atlántico que había hecho peligrar el abastecimiento de la Europa combatiente. También es el año de la rendición de Italia. Con Stalingrado hacen un balance tan negativo que sólo puede significar una cosa: el derrumbe del Eje en todos los frentes.

Más de 60 años después, todas las atrocidades y el encarnizamiento de la lucha son contados por Beevor en una narración sostenida magníficamente a lo largo de sus páginas, utilizando una diversidad de materiales y ofreciendo, y en esto radica el verdadero valor del libro, el testimonio de los protagonistas de ambos bandos. Nunca antes se ha contado esta historia como la ha contado en este libro Anthony Beevor. Una pesadilla que los alemanes volverían a sufrir, dos años más tarde, durante la Batalla de Berlín y cuyo relato este ex oficial inglés también ha contado en otra obra que en estos días leo con la misma fruición con que devoré la primera. Y esperemos que no tardé en llegar otra igual de importante y que en estos días cusa polémica su publicación: su historia de La Guerra Civil Española.

Soldados soviéticos celebran la liberación de Stalingrado, el 31 de enero de 1943

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