A partir de la fecha incluyo en este blog una sección de Rescates, cuyo nombre es en sí mismo una definición. A través de ella espero compartir con ustedes textos e imágenes que provoquen, sino un debate por lo menos algún comentario enriquecedor para todos los que pasamos por este sitio. En esta primera ocasión les alcanzo un fragmento del capítulo 18 de la Historia Universal de la Literatura que en forma de fascículos coleccionables circuló por nuestro país bajo el nombre de Capítulo Universal, allá por los años 70, y que hoy todavía es posible encontrar, algunos de ellos por lo menos, en las librerías de viejo o en los puestos del Jr. Amazonas. Buen provecho.>>> Seguir Leyendo... >>>
"El Capítulo XIII de la primera Educación Sentimental incluye la visita de los padres de Henry al Sr. Renaud, cuya mujer ha huído con aquel joven. Tras sostener un diálogo rídiculo, los escandalizados progenitores recorren las habitaciones en que se ha consumado el crimen, la perversión de su niño:
'En el dulce olor fresco de este cuarto cerrado, sin duda un poeta hubiese descubierto huellas de mujer y de ternuraamorosa, perfume compuesto que se desprendìa de todos los vestidos extendidos sobre los muebles, de esos jábones todavía húmedos, de esos decorados silenciosos que conservaban como una emanación de adulterio. Los muros, ¿no tienen un magnetismosecreto que refracta sobre quienes lo habitan ahora algo de quienes estuvieron antes? ¡Ahí reside el encanto inmenso que se desprende de las ruinas, cae sobre nuestra alma y la fuerza a pensar en una melancolía tan grande y tan profunda!
¡Pero todo lo profanaron los infames! Se dedicaron a visitar, a mirar y a escudriñar todos los rincones; uno se sentó en un sillón, aquel mismo en que Henry, tal vez, la hacía habitualmente colocarse sobre sus rodillas para hablarle de las más bellas cosas de la vida; otro, con sus dos manos, tocó la pequeña mesa redonda de la flor amarilla en que ella se acodaba todos los días, cuando trabajaba junto a la ventana; era sobre esa flor amarilla, lo sabéis, que se detenían sus ojos durante sus mejores ensueños.
Nada pudieron hallar aunque abrieron todos los cajones y dieron vuelta todos los muebles. ¿Para qué repetir todas las groserías y despropósitos que dijeron? El señor Renaud, desolado, repetía sin cesar: "¡Emilia! ¡Mi pobre Emilia! A la señora Gosselin la indignaba el desorden de ese cuarto, tan poco afín con sus ideas de ama de casa y provinciana, y su marido encontraba que reinaba allí, en general, un aire de molicie y de vicio que no eran de la clase que conocía, y que lo escandalizaba mucho.
- ¡Ah, mirad, mirad, dijo él, un frasco de pomadas, de perfumes, de agua para las encías, drogas y recetas! ¡Estaba seguro! Esto explica el resto, no hace falta saber nada más.'
En esa investigación feroz, prejuiciosa, condensa Flaubert, magistralmente, la mentalidad de los honorables burgueses provincianos".








0 comentarios :: Los Gosselin en el albergue Renaud
Publicar un comentario