Kurt WaldheimMarx, en ‘El 18 Brumario de Luis Bonaparte’, afirmaba que “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. Lo cierto es que hoy en día, casi siempre es otra vez como tragedia.


Como recordaran, el diplomático austriaco Kurt Waldheim, ex Secretario General de la ONU, se presentó y ganó en 1986 las elecciones de su país. Meses antes, la revista Profil publicó un informe revelando su pasado nazi que logró ocultando información y mintiendo descaradamente sobre su servicio como oficial de la Wermacht en los Balcanes, entre 1942 y 1943, una zona sobre la que existían pruebas documentadas de crímenes de guerra. Aunque Waldheim lo negó (achacó el informe a la agitación de la contienda electoral) y el país entero, incluida toda su clase política, cerró filas en torno a él, el descrédito en el que cayó fue enorme. ¿Cómo pudo ocurrir esto? Algunos argumentaron que la pronta aparición de la política de bloques que conocimos como Guerra Fría impidió que tareas urgentes y necesarias, como la desnazificación y la depuración de colaboracionistas del nazismo, se llevaran a cabo plenamente. Incluso alguien ha sugerido, socarronamente, que el modelo que utilizó George Lucas para su Canciller Palpatine (el malo que se escurre en el centro del poder y que se hace de él ante la mirada y la impotencia mundial), no es otro que Waldheim.

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Ollanta Humala... ¿O el 'Capitán Carlos'?Cuando un informe periodístico reveló su aparente participación como un ‘Capitán Carlos’ en secuestros, desapariciones y ejecuciones en el Alto Huallaga (una zona sobre la que también existen pruebas sobre violación de derechos humanos recopiladas por la Comisión de la Verdad), el comandante Ollanta Humala negó rotundamente los hechos y atribuyó la denuncia a una guerra sucia en su contra. Luego, ante la evidencia de las pruebas y testimonios que iban apareciendo, reconoció que él sí había utilizado el seudónimo ‘Carlos’ en la zona, pero “pero no he sido ese capitán del que están hablando”, afirmó. Por increíble que parezca, pero el mismo argumento que utilizaron los apologistas de Waldheim, reabrir viejas heridas, es el que ahora esgrime el candidato presidencial como defensa. Interrogado sobre si tenía conocimiento de la comisión de estos delitos por otros militares, responde con las evasivas de siempre. Es evidente que Humala, al igual que Waldheim, sabe más de lo que calla.


Por supuesto, alguien dirá en su descargo que la comparación es tendenciosa puesto que él no tiene un pasado nazi que ocultar, pero incluso esto resulta dudoso por decir lo menos. En pleno Andahuaylazo, su padre y mentor ideológico, Isaac Humala, declaró a una agencia extranjera que ellos “no tienen prejuicios contra Hitler … Porque como Hitler perdió la guerra lo han convertido en el malo”. Ante la replica sorprendida del periodista de si no creía que Hitler mató a seis millones de judíos, contestó: “Pero los judíos están matando más. Lo han superado. Hitler es un niño de teta frente a Ariel Sharon”. Bueno, en realidad nada de esto debería extrañarnos. David Solar, historiador español, ha señalado lo inexplicable que resulta que Hitler (atención otra vez con las semejanzas), un hombre de escasa formación cultural, con poco dinero y sin pertenecer a una clase social influyente, lograra alcanzar el poder de forma democrática. Familiar, ¿no? Y además, está toda esa parafernalia neofascista que exhiben sus seguidores y que nos hacen recordar los desfiles de los camisas pardas en Berlín allá por los años 30.


Las consecuencias de su eventual elección como presidente podrían resultar nefastos para el país. Cuando Waldheim cayó en desgracia, ningún país lo quería como invitado y fueron muchos los que lo declararon persona non grata, aislando internacionalmente su presidencia (incluso hoy está impedido de ingresar a los Estados Unidos por estar todavía en la lista de observación nazi). De comprobarse su culpabilidad, ¿Qué nos espera? ¿Un presidente señalado por la comunidad internacional como violador de derechos humanos? Cuánta razón tiene Aldous Huxley cuando dice que “la más grande lección de la historia es que nadie aprende las lecciones de la historia”.



EL NEGACIONISMO

David IrvingEl ‘Caso Waldheim’, en el que muy bien calzaría el del ‘Capitán Carlos’, es un perfecto ejemplo de lo que se conoce actualmente con el nombre de Negacionismo histórico, aunque en esferas académicas prefieran denominarlo eufemísticamente Revisionismo Histórico.


El negacionismo es una corriente ¿historiográfica? que tiene por objeto presentar como hechos falseados o inventados, cuando no minimizados, acontecimientos históricos vergonzosos en toda su extensión. El tema negacionista por excelencia es el del Holocausto judío por el régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler. Pero no es el único.


Pío MoaCasos recientes de negacionismo histórico, y que puso en el centro del debate conceptos como el de la libertad de expresión, lo constituyen el del historiador inglés David Irving, condenado a tres años de prisión por negar en sus libros que Hitler conociera o, incluso, ordenara el Holocausto y el del historiador español pío Moa con sus polémicos estudios sobre la Guerra Civil española, que le han granjeado no sólo agresiones físicas, sino hasta la negativa de un rector a que diese una conferencia en el claustro de una universidad privada española.

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