Ni fascista ni comunista, mucho menos nazi, Evo parece revivir el viejo fanstasma del culto a la personalidad que creíamos superado
Fue Marx en "El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte" quien dijo, corrigiendo a Hegel, que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se presentan dos veces: una vez como tragedia y otra como farsa. Los políticos, no importa de qué latitud y que nunca dejan de depararnos sorpresas, parecieran querer confirmar constantemente esta aserción ofreciendo siempre la versión más farsesca de la historia. Todo indica que la última versión de una nueva farsa quisiera escribirla el presidente boliviano Evo Morales, cuyas recientes medidas han revivido viejos recuerdos de lo que se conoció en el siglo XX como 'el culto a la personalidad'.
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Aunque fue Kruschov el primero en utilizar el término en el famoso Congreso del PCUS de 1956, el mismo en el que denunció los crímenes de Stalin y declaró la desestalinización de la Unión Soviética, lo cierto es que la historia política de la primera mitad del siglo XX, marcada por el surgimiento del Fascismo, el Nazismo y el Comunismo, fue pródiga en ejemplos de los más vergonzosos. Incluso la rebasó hasta extenderse hasta finales de siglo en las figuras de Franco, Jomeini, Arafat y Castro, entre muchos otros ejemplos más igual de ignominiosos.
Si nos atenemos al concepto más extendido de lo que fue el ‘culto a la personalidad’ (“tendencia a prodigar en exceso las dotes y virtudes de un gobernante, al que se atribuyen toda clase de supuestas cualidades, y de quien se oculta cualquier cuestión que pueda dañar o empañar su imagen”, según el Diccionario de Historia del Mundo Actual de Pilar Toboso Sánchez), los primeros nombres que nos vienen a la mente son los tres personajes del titular de esta nota: Hitler, Stalin y Mao.
El primero de ellos, creador e ideólogo del nazismo, centralizó el aparato del partido primero, y del país entero después, en su persona. La figura de Hitler fue el centro de la política y la vida social alemana, y su ruina finalmente. Las Juventudes Hitlerianas, la División Adolf Hitler de la Wermacht, los batallones de fanáticos SS, etc., fueron el corolario trágico de tan obsesivo culto al Führer. Stalin lo llevó a extremos grotescos. Se atrevió sin ningún resquicio de pudor a borrar de las fotografías a personajes de la historia rusa que no le eran agradables o que le hacían demasiada ‘sombra’ a su figura de líder máximo y único. Durante la Segunda Guerra Mundial se atribuyó éxitos militares ajenos ahí en donde sólo él había errado de extremo a extremo. Pero si alguien puede llevarse el título por excelencia de gran representante del ‘culto a la personalidad’, ese fue Mao. Su Revolución Cultural, que le permitió recuperar el poder luego del fracaso del Gran Salto Adelante que le costó la vida a cerca de 30 millones de chinos, fue el epítome de estos excesos laudatorios y propagandísticos. Todavía está fresco el recuerdo de ese joven tenista chino, medalla de oro olímpica, que a la pregunta de un periodista occidental de cómo había logrado tal proeza, respondió sin el menor asomo de vergüenza que lo había hecho gracias al Libro Rojo de Mao.
Y cuando creíamos olvidados estos esperpentos ideológicos, resulta que al presidente boliviano Evo Morales la vanidad le juega una mala pasada. Por los cables nos enteramos que ha declarado ‘monumento histórico’ la casa donde nació, sin darle tiempo a los historiadores a evaluar y juzgar su obra de gobierno (aún no ha llegado todavía a su primer año de gobierno). La norma que lo establece resulta por demás ilustrativa de todo lo dicho hasta ahora: lo “imprescindible [que es] relievar este sitio como parte esencial de la historia de la patria”, ordenando además la creación de un museo. Pero si esto le resulta insólito, no lo es menos su siguiente medida: ha anunciado la emisión de tres sellos postales con, obviamente, su retrato. ¿Es que a alguien le queda la duda que a Evo el poder lo ha empezado a marear?








































Si no fuera por las consecucias que, después, pueden venir para el pueblo llano, sería para empezar a reír y no parar nunca...
Estupendo artículo. Gracias por la información.
UN saludo.
Pablo.
Excelente artículo, te coloque un enlace en nuestro blog a este artículo donde analizamos desde varios puntos de vista El Culto a la Personalidad.Saludos
RZ
http://no-che.blogspot.com/
Cuando salga la estampilla... ¿La colgarias?
Es un buen articulo publicado, y lo que referiste a Mao Tse Tung me parecio algo interesante, en cuanto al culto a la personalidad es una falacia en la que caen los dirigentes de una determinada revolucion politica conomica y/o social, es algo en lo que podria agregar a tu comentario, claro excluyendo el pesimo ejemplo del nazismo.
Interesante artículo.
No hay que olvidarse que la llegada al poder de Evo Morales esta rodeada de una serie de circunstancias sociales e historicas, existentes tambien en los demas lideres mencionados.
Evo Morales personifica una serie de frustraciones de muchos bolivianos. Es la eterna lucha del indigenismo, que por mucho que a veces se olvida es un componente vital de Sudamerica.
Pero tambien es otro recordatorio de como a veces la razon y el sentido comun pierden ante la intransigencia de las ideas.
Bolivia es un pais, con un componente indigena importante, pero a la vez es un pais que esta inserto en un contexto mundial.
Creo que el futuro de Bolivia no pasa por distanciarse del mundo, sino que volver a ser parte de el.