La tradición de Fujimori de inveterado traidor viene de lejos, no es nueva. Durante la segunda vuelta de la campaña electoral de 1990, cuando ya era un candidato de posibilidades más que firmes, expectoró de su lado a quienes habían hecho posible samejante hazaña para 'el chinito simpático' que todos miraban con asombro, algunos con curiosidad y muchos con desdén.
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Aupado a esa gloria que parecería efímera, a punto de desaparecer en cualquier momento, por el apoyo incondicional de grupos evangélicos que veían en él muchas posibilidades futuras, se deshizo de ellos cuando todo parecía indicarle que ganaría y ganó. En eso contribuyó mucho cuando Montesinos llegó hasta él en ese instante que cambió la historia contemporánea del Perú. Y fue con la llegada de Montesinos que también se deshaizo de la persona que había posibilitado que su campaña electoral tuviera los ribetes de verosimilitud que necesitaba entre tanto candidato independiente. Francisco Loyza, su asesor principal, fue historia a partir de ese instante aunque en descargo de Fujimori podamos decir que fue más obra de Montesinos que de él esta doble ingratitud, ya que fue Loayza el que lo llevó hasta el círculo más íntimo del candidato.

Traidor también con la persona a la que juró lealtad ante un altar, compartió su vida y le dio hijos. Una denuncia de corrupción en la que incurrió sus familiares y las intrigas urdidas por la mente retorcida de su asesor, le dieron la justificación que necesitaba para alejar a Susana Higuchi de su lado, prestándose, como informó el diario Liberación en su momento, a la bajeza de decirle a sus hijos que ella tenía un amante.

Y traidor también con Yoshima, con su hermano Santiago, con Hermoza Ríos. Al primero de ellos, para su suerte, condenó al olvido cuando éste empezaba a ganar simpatía en el pueblo. Olvido que parece olvidó el segundo, su hermano y consejero entonces, conocido en aquel tiempo como 'El Hermanísimo', cuando ya empezaba a soplarle al oído, según ha declarado últimamente, la nefasta presencia e influencia del 'Doc'. Al tercero simplemente le dio ua patada en el trasero cuando su inoportuna presencia de militarote estropeaba demasiado el maquillaje democrático a su régimen violador de derechos humanos. Una mosca en la sopa que supo muy bien sacar: lo invitó un día a almorzar y le dijo, al concluir, que ya no era Comandante General del Ejército, que se podía ir a su casa, gracias.

Pero de todas sus traiciones anteriores, ninguna más cínica ni más vergonza que la del autogolpe del 5 de abril, donde traicionó al país, a la Constitución que juró defender y a todos aquellos que vieron, que vimos en él una posibilidad real de cambio, que se desvaneció apenas empezó su gobierno cuando cometió, cuando no, otra traición más: aplicó el 'fujischok' que juró y recontrajuró que no aplicaría. ¿Por qué sorprendernos ahora con la última de sus traiciones?

En Fujimori limpiarse enlodando a los demás, echándole la culpa a otros, es táctica conocida, ruindad común.

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