Ninguna historia más apasionante que la del espionaje. Ninguna más interesante que la de sus protagonistas. Pero nada se compara con el capítulo de los escritores espías.
Que el renombrado periodista polaco Ryszard Kapuscinski fuera espía no debiera sorprender a tantos, porque no sería el primero y tampoco el último en una larga lista de escritores que se han dedicado al obscuro oficio del espionaje, empujados unos por los beneficios económicos que reporta y otros por una causa en la que creían sinceramente. Sin embargo, ninguno de estos dos fue el caso de 'El mejor reportero de la historia', como era conocido Kapuscinski. Pero sí el de otros. El gran escritor del Siglo de Oro español don Francisco de Quevedo, empujado por un espíritu aventurero y gracias a la gran facilidad que tenía para los idiomas, fue enviado por el Duque de Osuna a espiar en la corte veneciana, la gran rival de España. Alertado por amigos, su perfecto 'acento milanés' lo ayudó a escapar de la ciudad vestido de mendigo cuando en la noche del 19 de mayo de 1618 las autoridades de la ciudad ordenaron liquidar a "todos los sospechosos". Otro fue el dramaturgo isabelino Christopher Marlowe, contemporáneo de Shakespeare. Cuando las autoridades universitarias se negaron a otorgarle un título académico, por rumores que aseguraban que se había convertido al catolicismo, recurrió al Privy Council, quien envió una carta elogiando los "servicios prestados a la reina". Recibió los títulos y la leyenda para siempre de haber espiado para la corona británica. O Voltaire, el gran filósofo de la Ilustración, que actuó durante la Guerra de los Siete Años. A ello se suman los nombres de Rabelais, Defoe y hasta el mismísimo Miguel de Cervantes. La lista es larga.
>>> Seguir Leyendo... >>>
En la Guerra Civil española, por ejemplo, la cantidad de escritores y periodistas que se dedicaron a espiar para los dos bandos en conflicto fue verdaderamente enorme. Y es porque España fue, en realidad, el campo de pruebas de toda la técnica y tecnología militar que las grandes potencias utilizarían en la próxima guerra, inminente y mundial. El bombardeo de Guernica con bombas incendiarias por parte de la aviación alemana es un doloroso ejemplo de ello; y la famosa máquina Enigma, que prestó grandes servicios en el cifrado de mensajes al ejército nazi, se utilizó en España en versiones menos desarrolladas que se vendían de manera comercial a agentes ingleses, españoles, rusos y franceses que recibían información de escritores y periodistas que ya gozaban de renombre.
Como el escritor inglés de origen húngaro Arthur Koestler, que espió para los soviéticos cuando era un convencido del comunismo y del que luego se distanció, llegando a escribir uno de los libros más importantes del siglo XX y en el que dejaría plasmado su desilusión del sistema perfecto: "El cero y el infinito". También estaba el escritor catalán Joseph Pla, conocido por sus artículos periodísticos y que llegó a espiar para el bando franquista, aunque después sus empleadores lo obligarán a escribir en castellano cuando ganaron la guerra. Y el más famoso de todos, el periodista inglés Kim Philby, que logró penetrar el círculo más íntimo del propio Franco y hasta recibir una condecoración por su contribución a la causa nacionalista en la prensa internacional. Solo el famoso espía de Stalin, Richard Sorge, le hace sombra. Premunido de un carnet de corresponsal de guerra, espió impune y exitosamente para los rusos en España, Alemania (fue él quien advirtió de la invasión alemana a la Unión Soviética meses antes de producirse y a la que nadie hizo caso) y Japón, donde finalmente fue descubierto y ahorcado.
Otro que también acarició la idea de pasar de la teoría a la acción fue el autor de "El viejo y el mar". En 1942 un embajador estadounidense reveló: "Hemingway colaboró para nosotros desde su finca de La Habana dos veces por semana. Reunió a un grupo de cuatro hombres que trabajaban todo el día". Con el dinero y el combustible para su yate Pilar que le entregó la embajada realizó su 'misión': pasear sin problemas en una época en que el combustible era un lujo, pescar sus preciados peces agujas y buscar durante sus recorridos por las aguas de la isla submarinos alemanes acechando las costas estadounidenses. Nunca descubrió un solo submarino ni facilitó el nombre de algún facineroso. El FBI calificaría luego la aventura de 'Papá Hem' como "una torpe e infantil empresa".
Mención aparte merecen los casos de Graham Greene y John Le Carré, así como el de Ian Fleming, el creador del espía más famoso de todos: Bond, James Bond. Todos ellos construyeron una exitosa carrera literaria pergeñando las novelas de espías más leídas de todos los tiempos y que se basaron en sus experiencias previas en el Ministerio de Asuntos Exteriores, el primero de ellos, y en el propio MI6, el servicio secreto británico, el segundo. Fleming, antes de dedicarse de manera exitosa a la literatura de espionaje, había prestado valiosos servicios en la Inteligencia Naval inglesa durante la Segunda Guerra Mundial.
En cuanto a Kapuscinski, quienes han hecho la gran revelación han olvidado cómo era la vida antes de la caída del Muro de Berlín. Se ha borrado de sus memorias que para salir al extranjero, los polacos, y todo ciudadano de un país bajo la órbita de la desaparecida Unión Soviética, tenían que firmar un documento de cooperación con las oficinas de información del régimen, una suerte de 'peaje' para pasar al otro lado de la Cortina de Hierro, además de afiliarse al partido y registrarse en sus respectivas embajadas. Quien no lo hacía, simplemente quedaba confinado al ostracismo más duro.
Si todavía quedan dudas al respecto, basta leer uno de los informes sobre el trabajo realizado: "Durante su cooperación demostró mucha voluntad, pero no ha provisto ningún documento significativo", lo que revela que Kapuscinski cumplió sin mucha convicción, casi burocráticamente, con la misión encomendada. Y con ello no solo le sacó la vuelta a la policía secreta polaca, sino que además pudo recorrer el mundo y escribir obras como "El Emperador", "El Sha", "Ébano" o "La Guerra del Fútbol". Afortunadamente.
* Publicado en el Diario El Comercio, de Lima, el 25 de mayo de 2007








































Soy un fan de las novelas de James Bond. Me las leído todas y varias veces. Me encanta el estilo de Ian Fleming.En muchos casos, son mejores que las películas sobre el agente secreto británico.
Excelente blog. Enhorabuena