Vistas bien las cosas, los Premios Nobel en conjunto cada año generan más y más polémica. Después del de Literatura, los de Economía y de la Paz han resultados los más controvertidos. El de Economía, por ejemplo, carga con el sanbenito de haber sido otorgado casi en exclusiva a los defensores más representativos de la economía libre de mercado. Pero es el de la Paz el que se lleva la presea de la contradicción y el desconcierto. Un repaso a su historia no sólo confirma lo dicho, sino que pone en tela de juicio una vez más los mecanismos de funcionamiento del premio que honra a la paz pero que genera más polémica. Al igual que Borges en el de Literatura, el gran olvidado en el de la Paz fue, increíblemente, el padre de la No Violencia, el Mahatma Gandhi, el hombre que incluso bien podría haber dado su nombre al premio mismo. Por qué nunca se le otorgó un premio que merecía él más que ningún otro en la historia del premio, nunca lo sabremos. Sólo tenemos la pueril explicación del Comité encargado de concederlos de que cuando se lo iban a otorgar, fue asesinado y el premio, como se sabe, no se otorga a título póstumo. Algo que sucedió también con el arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980, el mismo año que optaba al galardón.
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En 1973 cuando le fue concedido al ex secretario de Estado Henry Kissinger y al líder de Vietnam del Norte Le Duc Tho (quien declinó recibirlo), por la firma del tratado de paz en Vietnam, el escándalo fue mayúsculo. Ese mismo año las denuncias internacionales por la intervención norteamericana en el brutal golpe militar contra Allende en Chile, señalaban a Kissinger como el principal responsable. Y apenas un año antes había ocurrido el feroz “Bombardeo de Navidad”, cuando los estadounidenses dejaron caer sobre Hanoi una cantidad formidable de bombas que sólo mereció la condena mundial. Una decisión que se asemeja mucho a la que tomó en 1994, cuando se los confirió a los israelíes Isaac Rabin (asesinado en 1995) y Simón Peres junto con el líder palestino Yasser Arafat, por sus esfuerzos por lograr la paz en Medio Oriente. Una paz que nunca llegó.
En 1992, año del V Centenario del Descubrimiento de América, el premio recayó en Rigoberta Menchú, una india maya quiché guatemalteca, activista de los derechos indígenas, como un reconocimiento a la lucha de los pueblos nativos americanos. Mucho años después, la sombra de la decepción recaería sobre Menchú cuando se descubrió que muchos de lo que afirmaba en su autobiografía era falso. Un hermano, que murió de hambre, estaba vivo, y la lucha de campesinos por la tierra fue en realidad una lucha entre clanes familiares por su posesión. "Nunca fui a la escuela", afirmó también Menchú, pero estudió en una escuela de religiosas belgas que la recordaban como "una alumna ejemplar". Menchú nunca quiso “negar ni contradecir” las acusaciones, respaldada por el Comité Nobel que rechazo retirarle el premio.
Por otro lado, el de la Paz es el premio de los Nobel que en mayor número de oportunidades se declaró nulo; o sea, no fue concedido a nadie. Diecinueve en total. En las dos ocasiones en que el mundo se desangró en una carnicería atroz (entre 1914 y 1916 y entre 1939 y 1943), el premio no fue concedido ya que de haberlo hecho habría resultado un sinsentido mayor, el mayor de todos. Pero fueron también las dos ocasiones en que lo ganó la Cruz Roja Internacional por su papel en los grandes conflictos mundiales. Y es también el Premio cuya lista de candidatos arroja cifras récord. En el 2004 postularon 194 candidaturas y al año siguiente 199. Al último postularon 191. Y este año son 181 aspirantes.
Una disposición en los estatutos de la Institución Nobel de Noruega, que es quien los concede, establece que sólo cincuenta años después de transcurridos se pueden conocer los archivos de las candidaturas. Es así que sólo podemos conocer los nombres y vaivenes de la votación de aquellos postulados entre los años 1901 y 1957, un periodo ya de por sí polémico. ¿Explicarán estos archivos por qué el ninguneo por largos años a Gandhi? ¿O por qué declarar desierto el premio en 1956 cuando bien pudo otorgársele a Imre Nagy por su papel en la insurrección húngara de ese año, lo cual tal vez hubiera salvado su vida?
Lo ocurrido con el jefe de gobierno húngaro dejó una lección tan dolorosa que el Comité no repitió el error nuevamente al otorgárselo en 1975 al disidente soviético Sajárov y en 1983 al polaco Lech Walesa, evitándole al primero una represión furiosa y al segundo resguardando su vida. Pero más singular resulta la larga e increíble lista de aquellos que fueron postulados al Premio y que, alabado sea Dios, no ganaron.
Candidatos a este honor fueron dos de los más grandes genocidas del siglo XX, Hitler y Stalin. El primero de ellos fue propuesto en 1939, el año de la invasión a Polonia e inicio de la Segunda Guerra Mundial; y el segundo hasta en dos oportunidades, la primera en 1945 y luego en 1948, año del bloqueo de Berlín por parte de los soviéticos que obligó a aprovisionar a la ciudad a través de un puente aéreo que salvó de morir de hambre y frío a los berlineses. Y más recientemente el dictador cubano Fidel Castro, por su “empeño constante en aras de la paz mundial”.
Candidatos han sido también el cantante Bono y los presidentes boliviano Evo Morales y el venezolano Hugo Chávez; éste último con una campaña publicitaria tan grande, incluida página web, que no se entiende cómo alguien que ha gastado cantidades millonarias en armamento y ha prometido modernizar las fuerzas armadas de otros países de la región podía ser candidato al premio. Pero por qué extrañarnos si el propio George Bush y Tony Blair, los responsables de la Guerra en Irak, fueron candidatos en 2004.
Los nominados de este año
Las apuestas en torno al premio este año traen un nombre que suena con fuerza, el del ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore por sus esfuerzos por advertir sobre las graves consecuencias del calentamiento global, aunque tratándose del Nobel las sorpresas de última hora siempre son la nota distintiva en él. Una fuerte competidora de Gore resulta la heroína polaca Irena Sendler, que ayudó a salvar a 2.500 niños judíos de las cámaras de gas durante la Segunda Guerra Mundial.
Este año se han presentado 181 candidaturas, 47 de ellas correspondientes a organizaciones (el de la Paz es el único Nobel que puede ser entregado a una organización o grupo). Otros nombres de posibles candidatos, y con pocas posibilidades, son los del ex canciller alemán Helmut Kohl, el monje budista vietnamita Thich Quang Do, el presidente del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), el indio Rajendra Pachauri, la activista canadiense Sheila Watt-Cloutier y, nuevamente, Evo Morales.
El Premio a la Paz que genera más polémica
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