¿Qué puede decirse de Grau y de su gesta en Angamos que no se haya dicho ya? Su historia, bastante conocida, es parte del más remoto recuerdo de infancia o de escuela de cualquier peruano. La imagen del humilde marino y la de su pequeño buque cumpliendo su deber superando el deber mismo nos acompañan desde hace 128 años y lo harán por mucho tiempo más porque, como afirmaba Basadre en medio de una crisis social tremenda como la que hoy nos agobia, "muchas cosas en este país cambiarán, deben cambiar, pero la gloria de Grau nunca". No resulta ocioso recordar que el Perú contaba, en ese momento, con apenas dos barcos de guerra efectivos, el Huáscar y la Unión, que bajo el mando de Grau persiguió y capturo buques de transporte, bombardeó posiciones fortificadas de la costa chilena y, en definitiva, detuvo por algunos meses la campaña terrestre del enemigo que exigía su destrucción inmediata.
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Cuando la armada sureña lo encuentra en Angamos, para lo cual se tuvo que dividir en dos divisiones de tres barcos cada una, la posición de los peruanos resulta desventajosa en número y en armamento. Son seis barcos contra 1, 2 cañones contra 12 del enemigo. Cuando la Unión escapa por órdenes del comandante peruano, lo que dejaría al Perú todavía con un barco de guerra para los meses siguientes, la lucha sigue siendo desigual: 4 contra 1. El destino de Grau y sus hombres es ineluctable. Y en esto radica el verdadero significado de Angamos.
El combate duró menos de una hora. El almirante muere por la explosión de una granada apenas diez minutos después de iniciada la lucha, pero sus hombres seguirán combatiendo con el mismo arrojo, denuedo y dedicación pese a saber que su comandante ya no los dirige. El líder ha sucumbido, pero la causa por la que pelean no. El almirante de una de las naves chilenas, en el parte de guerra a su estado mayor, escribió: "La tripulación del blindado peruano resistió tenaz y heroicamente".
Para sus contemporáneos, incluso aquellos más allá de nuestras fronteras, el lugar de Grau en la historia estaba bastante claro. En vida del marino, sus hazañas y proezas en el mar eran la admiración de todos. No hubo corazón comprometido con la justicia y la nobleza que no tomara como suya la causa de Grau y el Huáscar. Luego de conocido el desenlace del combate, se escucharon lamentaciones desde Londres a Nueva York, de Buenos Aires a Panamá.
El "Herald" de Nueva York escribió: "No se necesita haber estado del lado del Perú para lamentar que el gallardo Huáscar haya sido capturado". En la capital inglesa, el "Times" sentenciaba que el barco peruano, "un formidable adversario", era ya "un buque histórico", luego de haber sido "por varios meses el terror de la costa chilena". Como estos, existen decenas de testimonios de admiración y tristeza. ¿Cuál es la razón de ello? Tal vez porque Angamos fue, definitivamente, el mejor ejemplo de la lucha de David contra Goliat. Aunque aquella vez, para desgracia de nuestra patria, la fe y el arrojo de David no bastó para detener al Goliat que amenazaba nuestros hogares.
TESTIMONIO
"Un combate reñido, inevitable"
"El cable transmite una noticia cuya gravedad y trascendencia no nos ocultamos, pero que debemos tener suficiente valor para recibir resignados, con tanta tranquilidad como sea posible, sin anonadarnos. Un telegrama oficial recibido de Arica al mediodía de hoy, anuncia la probabilidad de que haya sucumbido el Huáscar en un combate con los blindados chilenos. El despacho al que nos referimos comunica que el 8 combatió con el Blanco Encalada y el Lord Cochrane en Mejillones, y aunque solo agrega que es probable la pérdida del Huáscar, debemos estar preparados para lo peor y dar esa pérdida como realizada … El laconismo con que se transmite esta noticia es horroroso… Pero mientras salimos de tan terrible ansiedad, el patriotismo aconseja resignación, firmeza y fe en los destinos de la República.
Un combate reñido, inevitable, entre un pequeño buque armado de solo dos cañones y protegido apenas por un blindaje de dos y media a cuatro pulgadas y dos poderosos navíos de seis cañones cada uno y con un blindaje de más de nueve pulgadas, debía fatalmente tener un fin siniestro para el primero. Tal es la verdad; no nos forjemos ilusiones. Demos por perdido al Huáscar; y venzamos nuestra natural congoja, para sacar fuerza de nuestra misma flaqueza".
El Comercio, jueves 9 de octubre de 1879































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