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Estoy preparando los materiales para una lectura del curso de Historia Económica y por falta de tiempo me resisto a la tentación de escribir (otros lo han hecho mejor que yo) sobre estas imágenes que sublevan el espíritu de cualquiera, insulta a mis buenos amigos españoles y crean serias dudas sobre la humanidad de algunos seres humanos. Pero cedo a la necesidad de expresar mi cólera y desconcierto luego de leer las últimas noticias sobre este terrible asunto.
Las noticias resultan realmente desconcertantes: Leo en 20Minutos que “El agresor de la ecuatoriana irá a la cárcel si la menor confirma que la vejó verbalmente”. ¿Es que se necesita todavía confirmar algo en este desgraciado asunto? ¿Es que acaso las imágenes no son explícitas en sí mismas? Aún si el pobre diablo protagonista de estas imágenes no hubiese pronunciado palabra alguna, la agresión física gratuita de la que fue víctima la jovencita ecuatoriana bastaría por sí sola para encerrar a este energúmeno. Pero mi desconcierto va más allá todavía.
Mientras todo el mundo, gracias a Internet y las redes sociales, puede apreciar las enervantes escenas de agresión, vejación y humillación, la Fiscalía de la ciudad de Barcelona justifica su ausencia alegando que “desconocía los detalles de la agresión, ya que el juzgado no le había informado de que se trataba de un caso grave o dramático”. Deben ser los únicos que no han visto esas imágenes que nos retrotraen a los tiempos de camisas grises y cruces gamadas. ¡Y en la tierra de Gaudí, Dalí y Serrat! Mejor que busquen una mejor excusa, porque ésta es de las más tontas y lamentables que se han escuchado en los últimos tiempos. Los catalanes, como Chile hace un par de semanas, tienen la oportunidad de demostrar al mundo que los valores de la verdad, la justicia y la igualdad son más que simples palabras bonitas de solidaridad y condena. Este individuo debe pagar, y muy caro, por lo que ha hecho, que es mucho más que la vergonzosa y cobarde agresión a una niña. Ha embarrado el buen nombre de una ciudad y sus ciudadanos de la que él es totalmente ajeno. Un paria absoluto. Un Don Nade.








































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