"Rajes del oficio", de Pedro Salinas

. martes 13 de noviembre de 2007
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El mejor elogio que le puedo hacer a 'Rajes del oficio', el reciente libro de Pedro Salinas, es decir que su lectura le ha merecido a su autor la enemistad eterna de Rodrigo, mi hijo de once años. Porque aunque compré el libro el viernes último por la noche, cometí el error de recién empezar a leerlo el sábado por la mañana, de un tirón, sin pausas ni reposos. Y luego de acabarlo, volví a releerlo nuevamente, esta vez con papel y lápiz en la mano (como se deben leer los buenos libros), subrayando, tomando apuntes y haciendo fichas. Para cuando acabé la segunda lectura, ya había pasado la hora de las matinés en los cines. De ahí el comprensible enojo de mi hijo con su autor.
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Quien crea que este libro es un divertimento, un libro hecho para pasar el rato, se equivoca y se equivoca largamente. Porque es mucho más que un buen libro de lectura ágil. Su lectura y su escritura constituyen en sí mismos una lección de buen periodismo. El libro que todo aspirante a escriba debiera obligadamente a leer. Y en eso radica la trampa de su lectura. Nos acercamos a él con la firme convicción de encontrar anécdotas sabrosas, pequeños chismes de nuestra legión de periodistas, o, por fin, qué dijo quién sobre quién, y nos encontramos con testimonios que explican por qué tenemos el periodismo que tenemos; por qué escriben y cómo escriben nuestros periodistas más representativos, más inteligentes, más viscerales. Es por ello que afirmo que el libro tiene, por donde se le mire, muchas virtudes.

Para empezar, muchos de sus capítulos se inician con la regla de oro que todo buen redactor conoce o debiera conocer desde siempre: si no convence al lector desde la primera línea, pierde la pelota y al final el partido. Hay que atrapar al lector en la primera frase y en esto Salinas ha dado cátedra (así, sin exageraciones), de forma tal que nos arrastra hasta el final de cada entrevista: “Me recibe un perro enorme, robusto, bien alimentado. ‘Si es caviar, muérdelo’, grita desde atrás su amo” (Aldo Mariátegui); “Es el cuco de la derecha. El ogro que eriza a los liberales. El Shrek del conservadurismo más rancio y reaccionario” (Mirko Lauer). En fin, una colección de preguntas (¿Dónde reside el auténtico poder? ¿Qué es ser periodista?) y respuestas ("Mi memoria defeca con prontitud", César Hildebrandt) que no sólo retratan muy bien a cada uno de los entrevistados, sino que además nos permite conocer muy bien los excesos y carencias, los odios y afectos de cada uno de ellos.

Pero si tuviera que escoger una sola de las diez entrevistas que contiene el libro, elegiría sin ninguna duda la de Mirko Lauer, el más acertado, inteligente y lúcido en sus respuestas de todos los que figuran en el libro.